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  Firmas Invitadas - Edición Nº 222
Semana del 6/2/2006
Maqueda dice que no tenemos derecho a vivir


Joan Pla
M IS colegas y compañeros David Torres y Antonio Alemany acaban de publicar en las páginas de opinión de El Mundo, edición balear, sus comentarios acerca de la intervención del senador del PNV Xabier Maqueda en el último congreso del PSM (Partit Socialista de Mallorca), donde dijo textualmente:

«El que no se sienta nacionalista ni quiera a lo suyo no tiene derecho a vivir».
Comenta irónicamente David Torres que, teniendo en cuenta las últimas encuestas, más de la mitad de los ciudadanos de las Baleares debería desaparecer.

Antonio Alemany, por su parte, recomienda encarecidamente la lectura del artículo “Intolerancia”, publicado también en El Mundo-El Día de Baleares, firmado por Ramon Aguiló Munar, el que fuera alcalde socialista de Palma durante los primeros lustros de la transición.

Aguiló, que ya no milita en el PSOE, dice que le ha trastornado la frase de Maqueda y más aún los aplausos de mis paisanos. Según mi ex alcalde, al que tantas viñetas dediqué, hace ya 25 años, cuando nació mi pájaro “puput”, , las cosas sucedieron así: “ Proclamó un invitado del PNV, el senador Xavier Maqueda, en su salutación al congreso del PSM: «Quien no se sienta nacionalista y no quiera lo suyo no tiene derecho a vivir». Siguió el aplauso cerrado de los presentes. Son referencias coincidentes de la prensa, por lo que presumo su veracidad. Me ha trastornado la frase, que me trae al pensamiento épocas ominosas que creía definitivamente superadas por el peso de su propia malignidad. Pero más me han trastornado los aplausos de mis paisanos, oficialistas o críticos, embargados de amor al país, vibrando al unísono con la sindéresis nacionalista.”

Donde yo suelo emplear el humor, harto ya de oír imbecilidades en nombre de la nación de los nacionales y de los nacionalistas, mi querido y admirado paisano Aguiló, dice textualmente: “Me niego a emplear un solo sintagma de ironía que pueda contribuir a banalizar las soflamas criminales de machos alfa tribales. O a despacharlas apelando a la displicente posición de superioridad con la que tradicionalmente se han juzgado con condescendencia los desafueros de estos «chicos nacionalistas de la Mallorca profunda, un poco exaltados pero buena gente». Se trata de un colectivo de delegados a los que se les supone una formación política y ciudadana. De un partido que tiene vocación de gobierno, que ha participado de forma protagonista en él, que dirige ayuntamientos, impregnando de su quehacer aspectos básicos de nuestra vida cotidiana: la cultura, la educación, la economía…”

Según voy leyendo, me percato, una vez más, de que, ante tamañas aberraciones, como esta de Maqueda que aquí se comenta, no caben ni el humor, ni los chistes…ni la indiferencia, tan típica de los que justifican su ineptitud o insolidaridad, diciendo que no les interesa la política.

Aguiló redondea su discurso y añade: “Recuerdo algún congreso partidario en los albores de la transición, en que la presencia de banderas republicanas, desataba emociones. Tenían su justificación en la tragedia de la guerra civil, en el sufrimiento de tanta gente y en la larga noche de la dictadura militar, que mitificó quizá más allá de lo razonable la segunda república española. Pero otra cosa muy distinta es lo ocurrido en el congreso de referencia. Escuchar en ambiente emotivo a un orador que, en vez de dirigirse a la conciencia crítica de los oyentes, les lanza mensajes de reafirmación hasta el extremo de negar el derecho a la vida a los disidentes de la tribu, puede provocar un vergonzante subidón de autoestima y euforia a cuatro adolescentes poco vividos; pero causa perplejidad que produzca entusiasmo esta insostenible cretinez entre afiliados adultos de un partido con tanta historia como años llevamos de libertades.”

Definitivamente, Aguiló me ha convencido. Por eso, he trascrito entero su artículo, que concluye así: “Pocas veces hasta ahora había percibido tan de cerca el odio. Un odio que no es fruto de la confrontación pasional, de intereses contrapuestos, de la humillación personal, sino de algo más hondo, de un profundo naufragio vital. Comentaba Félix de Azúa recientemente que la política estaba en manos de los mayores, de los sectores más comprometidos, de la corrupción y del clientelismo, y que el compromiso nacionalista funcionaba como un placebo de trascendencia. Solamente desde un credo trascendente puede alimentarse un odio parecido por los que lo cuestionan, hasta el extremo de negar su derecho a la vida.

Lo que anonada no es solamente la aplaudida y criminal negación de la alteridad, que mancha, avergüenza y humilla al PSM, sino que nadie haya impugnado esta invocación a la muerte, como hizo Unamuno en el paraninfo de la universidad de Salamanca ante Millán Astray y sus fascistas en el año 1939, el mismo de su muerte. Nadie tuvo el coraje de levantar la voz de la razón, de la libertad, de la humanidad. Nadie ha salvado el honor perdido del PSM. ¿Dónde estaba Pere Sampol? ¿Dónde estaba Damià Pons? ¿Dónde los intelectuales? Este silencio de los ilustrados -¿los hay en este colectivo?- ante la barbarie, es lo más significativo, por su indigencia, de este congreso. ¿En qué pudridero moral se han convertido? Habría invitados del PSIB, EU, EV, ER. ¿Cómo se sintieron los que pueden formar el Bloc, los que quieren un nuevo Pacte de Progrés? ¿Con qué mimbres lo van a forjar? ¿De qué progreso van a hablar? ¿Alguien de la izquierda dirá algo?

La grandeza no está contenida en programas y gestiones de gobierno sino en el fuste de los dirigentes que, en situaciones comprometidas, saben alzar la voz contra las amenazas a la libertad y a la dignidad de sus ciudadanos. Todo el obrar de una clase política que no tiene altura moral no significa otra cosa que una sociedad sin alma. Y esto es el abismo.”
Dios te oiga, viejo amigo.
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