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N los últimos años estamos viviendo sin darnos cuenta un proceso de cambio en los medios de comunicación. Se ha pasado de las televisiones convencionales, donde la programación viene impuesta, a que el telespectador sea dueño de los contenidos gracias a las llamadas plataformas televisivas, ya sean vía cable o por satélite, que permiten elegir canales, horarios... Igualmente este medio en el que ustedes están leyendo estas líneas, Internet, ha servido para que el internauta disponga de una forma rápida para acceder a sus medios de comunicación preferidos. Da igual la hora y el lugar del mundo donde se encuentre el lector. Con una simple conexión telefónica y un ordenador, las noticias están a su alcance.
PERO de todas las revoluciones de la información, una de las que más me ha sorprendido es la de la prensa gratuita. De repente el lector se ha dado cuenta de que para tener su periódico todas las mañanas no es necesario desembolsar ningún importe. Esta idea, procedente de los países del norte de Europa, así como de Inglaterra, llegó a España de la mano de Madrid y M@s, y posteriormente de Metro Directo. En las grandes ciudades dónde se ha implantado este sistema en España (Madrid y Barcelona) estas dos cabeceras se han colocado, en tirada y difusión, por encima de los grandes periódicos convencionales. Pero como todo nuevo proyecto, esta idea ha levantado una doble polémica. Por un lado los periódicos de toda la vida, y muy especialmente el diario El Mundo, han comenzado una campaña de acoso contra estos nuevos medios de comunicación. Los gratuitos, especialmente Madrid y M@s han denunciado la existencia de presiones a los anunciantes por parte de los convencionales, para que, de esta forma, los únicos ingresos de los diarios gratuitos -la publicidad- se vean cercenados.
POR otra parte los ayuntamientos comienzan a estudiar el modo de poner unas trabas legales para su distribución. Y digo trabas, porque no se trata de imponer una tasa lógica por el uso del algo público -la calle-, sino de que las empresas editoras tengan que hacer frente a pagos de cantidades desproporcionadas. Qué valga de ejemplo lo que se está planteando el Ayuntamiento de Madrid. Quieren que estas empresas paguen por cada repartidor una cantidad muy semejante a la que hacen frente los quiosqueros, tasa que, a mi entender es desorbitada puesto que los gratuitos simplemente hacen uso de la vía pública una o dos horas, mientras que los quioscos son edificaciones permanentes. Además, el quiosquero vende muchos productos, mientras que los repartidores de prensa gratuita regalan uno.
A esta polémica a tres bandas entre diarios convencionales, ayuntamientos y gratuitos, se han unido precisamente los quiosqueros. Ellos alegan que están perdiendo ventas, y puede ser cierto. Pero, ¿qué posición adoptaron ellos cuando tuvieron la posibilidad de vender libros? ¿Acaso no hacían daño económico a las librerías de toda la vida? Eso, por no hablar de que también venden música, y otros productos que tradicionalmente tenían locales comerciales propios para su venta.
EN esto, como en todo, llegará la paz, porque hay sitio para unos y otros. Pero para ello es necesario que los medios convencionales acepten la competencia y les sirva como reto para mejorar. Si analizamos la prensa gratuita, observamos que ésta suele ser de pura información, sin ahondar en la noticia, y sobre todo, carente de opinión. En cambio, los periódicos convencionales son un referente incluso ideológico para sus lectores. Cada cual ha de jugar su papel, pero unos y otros han de ser limpios en ese juego. Actualmente conviven televisiones de pago y televisiones gratuitas (además de una pública que ha triplicado su deuda desde el 96 y que se financia por dos vías). Asimismo tenemos el otro gran medio de información que es la radio que, igualmente, es gratuita para sus oyentes.
YO, desde aquí, quiero felicitar a los promotores del concepto "prensa gratuita" y animarles a seguir trabajando, porque están creando nuevos lectores, además de ofrecer un nuevo servicio. Los lectores de estos medios, que también lo somos de los convencionales, les apoyamos cogiendo cada mañana su diario. Además puede ser que los periódicos convencionales tengan el enemigo en su propia casa y no en los que se regalan, pues yo también puedo acceder a ellos de forma gratuita por Internet.
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