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AMEN Gurruchaga bebía los vientos por Pedro José. Si le querría, que hasta de vez en cuando se colocaba medias blancas con topos negros de Agatha Ruiz de la Prada. Pero ya no se aman. La Gurru creció a los pechos de Pedro José, e Isabel San Sebastián a los de Luis María Anson. Pedro José prohibió participar a la Gurru en más de una tertulia a la semana, y la Gurru se enfadó. A Pedro José le prohibieron la entrada en Antena 3 y la San Sebastián salió en su defensa presentando una dimisión que retiró cinco segundos después. Pero en la tele las guardan todas, y van y despidieron a la San Sebastián. La San Sebastián se fue, melena blonda al viento, a ponerse “El Mundo” por montera y a protegerse en los pechos de Pedro José. Mientras, Anson ofrecía los suyos a la Gurru.
La San Sebastián lloraba su pena y lanzaba una reflexión al mismo aire que mesía sus cabellos: “No sé quién tomará el testigo sobre el cadáver de una compañera represaliada”. Pues toma ya, la Gurru. Y va la Gurru y le dice: Oye, Isa, ¿te importa que dirija tu programa?”. Y la San Sebastián, dicen, se encogió de hombros.
Quién les iba a decir a las dos amigas, compañeras y coautoras del libro “El árbol y las nueces”, editado por la editorial de “El Mundo”, La Esfera, que iban a hacer intercambio de parejas. Ya me dirán si todo esto no es más que una guerra de familia al más puro estilo calabrés.
El preámbulo anterior esconde intereses políticos, económicos, judiciales y de poder, y estos intereses les incumben a ellos. Ni al resto del mundo periodístico (el de base, entiéndase), ni a la libertad de expresión, ni a los lectores, ni a los usuarios de Telefónica, ni a nadie... sólo a ellos. Que no se empeñen en otra cosa.
Que detrás de todo ello está Alierta, bueno ¿y qué? No es un secreto. Si yo tengo un invitado en mi casa que no se comporta como yo quiero, voy y lo echo. Y eso, más o menos, ha venido a hacer Alierta con Pedro José y la San Sebastián.
Se preguntaba “El Mundo” ¿Hasta dónde se le va a permitir llegar a Alierta? Y pensamos la gran masa: pues hasta donde quiera, que para eso puede. Igual que en su feudo mundial Pedro José llega hasta donde le da la gana sin parar en prendas. Porque “El Mundo” es suyo (parece que por poco tiempo y con permiso de italianos e ingleses).
Antena 3 es la casa del PP y de Telefónica, y en la casa de uno, uno cambia los muebles y los coloca donde quiere, y al que no le guste que no lo compre. De igual manera que en “El Mundo” se siguen unas directrices, en Antena 3 se siguen otras. Si yo estuviera en “El Mundo” y quisiera contar la realidad de determinado caso del que llevan informando sesgadamente desde hace años, Pedro José no me dejaría, porque mis tesis no coinciden con las suyas y con las del fiscal anticorrupción, el señor Jiménez Villarejo, tío carnal de Trinidad Jiménez, esa joven que está empezando a conocer Madrid a base de hacer maratones en metro y autobús y a tomarse el café con los barrenderos para ser alcaldesa. Si por Pedro José y Villarejo fuera, el hecho de aparecer en las páginas del periódico de uno y ser investigado por el organismo del otro, debería suponer de inmediato el encarcelamiento y la tortura. Y mientras la Justicia (la de verdad) investiga, ellos se dedican a acosar, derribar y condenar a unos “presuntos inocentes” que no encuentran forma humana de levantarse.
Según Pedro José, el despido de la San Sebastián “supone la última arbitrariedad cometida por César Alierta, que, al divulgarse que la Fiscalía Anticorrupción ultimaba una querella contra él, demandó a este periódico y a los periodistas que habían elaborado la información de la compraventa de acciones de Tabacalera”. Dice “El Mundo” que hay mucha gente que se pregunta por qué el PP y el Gobierno no hacen nada. Pues no, mire, hay mucha más gente que no nos lo preguntamos, porque lo sabemos, porque no somos idiotas y porque no dormimos con “El Mundo” como si fuera “La Biblia”.
Lo de Anticorrupción y “El Mundo” ya huele, y como en otro caso que llevan a medias, nunca se sabe qué fue antes, como en la adivinanza del huevo y la gallina. Desconozco si la gallina organiza la tostada y el huevo sólo recoge documentación; si las investigaciones del huevo se basan en informaciones dirigidas por la gallina, o si la gallina sigue las directrices de algún gallo segundón del corral que quiere cargarse al que más gallinas monta.
Esgrimir a estas alturas libertades de expresión y ceses injustificados cuando de sobra sabemos cómo está el patio, queda muy bien como frase lapidaria, pero, por lo demás, no afecta al grueso de la profesión, que sabemos de sobra de qué pie cojea Isabel San Sebastián, de qué pie cojea la Gurru, de qué pie cojea “El Mundo” y de qué pie cojea Antena 3. Estas dos últimas empresas, por otra parte, son privadas, privadísimas, y con derecho a poner y quitar a quienes les dé la gana. Estaría bonito que los despidos y las presiones sólo las sufrieran los cochinos redactores de base.
Se quejaba la San Sebastián de que su despido se debe a la “limpieza étnica que se está llevando a cabo en Antena 3, donde se pretende quitar de en medio a todos aquellos que no cumplan a rajatabla las directrices que marcan sus gestores”. ¿Conocen ustedes alguna empresa de comunicación privada que mantenga en puestos de responsabilidad a profesionales que no cumplan con las directrices marcadas? Yo tampoco. Lo que le extraña a la San Sebastián es haber sido ella, precisamente ella, la que hostigó a Alfonso Guerra en su primer café. De vez en cuando está bien que, además de indios, caigan los jefes de los indios.
Pretende Pedro José que nos rasguemos las vestiduras por el vulgar despido de una periodista, cuando en este país no nos los hemos rasgado por asuntos más graves, como el cierre de medios de comunicación como “Diario 16”; ojo, el auténtico “Diario 16” que agonizó en 1997. El PP, Pedro José y el Gobierno con el que él jugaba al paddel hasta que cambió la raqueta por un corpiño rojo, no se escandalizaron por el cierre de aquel periódico, entre otras cosas porque ese fue el objetivo de Pedro José desde que Juan Tomás de Salas le despidiera de la dirección de “Diario 16” un glorioso día de marzo. Juró dos cosas Pedro José tras fracasar su intento de que la redacción del periódico hiciera causa común con él: hundir al Grupo 16 y hundir a Felipe González. Y Pedro José siempre cumple. De igual forma, ni el PP ni el Gobierno ni Pedro José han hecho causa común por otros muchos atropellos que se vienen sucediendo en la profesión periodística desde hace años.
Como Pedro José es tan vulgar como el resto de humanos y tropieza dos veces con la misma piedra -su propia soberbia-, en “El Mundo” está pasando por el mismo proceso que provocó y vivió en “Diario 16”: saca los pies del tiesto, se emborracha de poder y los que mandan le echan. La ecuación es más simple de lo que nos intentan hacer creer. Espero que, cuando le toque salir de “El Mundo” para fundar “El Universal” o “El Cosmos”, no jure hundirlo, porque si se lo propone, lo hace. Es, sencillamente, muy malo.
En resumidas cuentas, que no intenten apiadarnos con tristes despidos de quien cobraba cerca de tres millones mensuales, porque la muchacha ya está recolocada los Luis Herrero y, probablemente, en la tertulia de la Campos. Y que tampoco nadie se empeñe en hacer de esto un problema de Estado. Allá se las apañen. Ya se sabe, quien dice lo que no debe, escucha lo que no quiere.
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