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  Firmas Invitadas - Edición Nº 301
Semana del 05/12/2007
La Ley de Murphy
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José Meléndez
C UANDO en 1.949, el ingeniero de Desarrollo Edward Murphy realizaba experimentos con cohetes sobre raíles para la Fuerza Aérea de Estados Unidos para determinar la resistencia humana a las fuerzas G durante una desaceleración rápida, se le ocurrió la frase que después daría la vuelta al mundo y se conoce como “la ley de Murphy”, en variadas transcripciones, pero que vienen a decir la misma cosa: cuando algo tiene la posibilidad de salir mal, saldrá mal.

En realidad, el ingeniero Murphy trataba con ello de paliar un fracaso, porque los experimentos fallaron en toda regla. Los sensores de los medidores electrónicos de fuerza conectados al arnés del probador, el capitán Stapp, dieron cero porque las terminales de esos medidores habían sido colocadas al revés por el probador, lo que hizo a Edward Murphy afirmar: Si alguien tiene una forma de cometer un error, lo hará Hay otras versiones que afirman que lo que dijo fue “si algo tiene que ocurrir, ocurrirá”.

Pero lo que no podía imaginar Edward Murphy ni los posteriores pulidores de la frase es que esa se convirtiera en ley y que la Ley de Murphy sea la única con plena operatividad en los casi cuatro años de mandato del presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. Es cierto que la capacidad legisladora de su gobierno ha sido mas bien escasa, en comparación con la desarrollada por los gobiernos que le antecedieron, pero todas las leyes que ha visto aprobadas por el Parlamento, gracias a las costosas ayudas de sus socios, tienen un desarrollo efectivo mortecino cuando no una capacidad de gestión casi nula. Cada una de ellas ha contado con la presentación triunfal del ministro del ramo, los elogios complacientes del presidente en su inagotable afán de presentar a España como el país de las maravillas y el estruendoso bombo de los terminales afines. Así ocurrió con la ley de Inmigración, que sirvió en un principio para engordar las estadísticas de empleo y de aumento de la afiliación a la Seguridad Social y se ha vuelto contra sus valedores cuando los inmigrantes se han quedado sin sus trabajos temporales o han vuelto a la economía sumergida, mientras las cifras de la inmigración se han disparado por las facilidades que ahora encuentran para entrar en España.

La Ley de Igualdad –el chico-chica de las listas de los guateques- está dando quebraderos de cabeza tanto a las empresas como al propio gobierno, que busca desesperadamente ministras, subsecretarias y directoras generales, mientras en los niveles ejecutivos de las empresas hacen caso omiso de la ley porque en el sector privado lo que priva es el talento sin importar el sexo del que lo tenga. La Ley Antitabaco –la cruzada personal de Elena “Pulmón de León” Salgado- prácticamente no se acata en varias comunidades porque carece de los medios suficientes para ejercer un efectivo control de su cumplimiento y porque tiene un marcado tufo insolidario, al proteger solamente los derechos de los no fumadores sin reconocer ni uno de los fumadores.

Dos leyes tan necesarias e importantes como son la de Violencia de Género y la de Tráfico son prácticamente inoperantes porque no cuentan con la dotación suficiente en medios y dinero para hacerlas electivas. El número de mujeres asesinadas por sus parejas crece alarmantemente y muchos de estos casos podrían haberse evitado si el maltratador hubiera estado sujeto a una completa vigilancia y la asesinada a una defensa adecuada. En cuanto al tráfico, ni el carnet por puntos ni las penas –ahora de cárcel- por exceso de velocidad o conducción temeraria han reducido los alardes suicidas y reprobables de los conductores irresponsables. Pero ¿cómo se va a someter un conductor a la observancia de la ley si el que la inspiró y la llevó al gobierno circula él mismo a 150 kilómetros por hora sin que caiga sobre él ninguna de las sanciones que ha dictado para los demás? Y, a la hora de escribir este artículo, Pere Navarro, el legislador infractor, continúa todavía en su puesto de Director General de Tráfico. No dimite. Como la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, cuya salvación en el Parlamento de la reprobación pedida por toda la oposición, le ha costado al contribuyente un ojo de la cara, porque es el que tendrá que pagar la suma que le ha costado a Zapatero comprar las voluntades necesarias para mantener a su ministra. En la época de Franco, circuló con profusión una cuarteta que decía: “En el camino del Pardo, dicen que hay una ermita, con un letrero que reza; “maricón” el que dimita”. Pues ahora ocurre igual, solo que la ermita parece estar en el camino de la Moncloa. Y también parece que continúa existiendo esa deplorable tendencia en ciertos elementos de la clase política a sentirse como los intocables de Elliot Ness, por encima de las críticas, las leyes y las formas. Solo así puede explicarse que el gobierno nacionalista vasco critique a la Justicia por haber imputado a su lendakari en un delito de desacato o veamos la lamentable estampa del alcalde de San Sebastián yendo a declarar vestido con desaliño, con las manos en los bolsillos, la calvorota al aire y ese eterno gesto que le caracteriza de parecer que está siempre oliendo mal, imputado por desobedecer la ley de banderas y no alzar la enseña española en el Ayuntamiento y otros edificios públicos. Y todo lo que se le ocurrió decir en su defensa, con aire de suficiencia es que sospecha que tras la denuncia del sindicato “Manos limpias” que lo ha llevado ante el juez está el Partido Popular.

A Zapatero le han cortado de raíz sus sueños de grandeza los profesionales del tiro en la nuca con el asesinato de los dos guardas civiles y los nacionalistas iluminados, que buscan una gloria aldeana y mientras tratan de conseguirla se llevan para su terruño todo lo que pueden con avaricia de prestamistas. Y el presidente se encuentra ahora, a tres meses de las elecciones generales, metido en un atolladero del que parece no saber salir. Su reacción ante el atentado de ETA que ha costado la vida a los dos guardias –atentado que, según dicen en su entorno, le ha cogido por sorpresa porque no se lo esperaba- ha sido un cúmulo de errores. Dispuso el funeral del primer guardia fallecido poco menos que a hurtadillas y los abucheos que se llevó en él le determinaron a no asistir a la concentración antiterrorista del pasado martes, que su propio partido había convocado, por miedo a la repetición de las repulsas. La convocatoria era engañosa, porque pretendía ofrecer un panorama de unidad de los partidos políticos y las instituciones frente al terrorismo, pero al no contar con el apoyo de las dos grandes formaciones que aglutinan a las víctimas y sus familiares –que han sido repetidamente ninguneadas y humilladas por la política de Zapatero- resultó un fracaso que la clase política debe meditar profundamente.

Si la clamorosa ausencia de Zapatero y sus ministros en la concentración obedece a otros motivos, mucho mas ruínes y mendaces que el del miedo a las protestas –como ya se vienen apuntando- el presidente tiene la obligación ineludible de hablar con claridad a la nación. No le queda mas alternativa que explicar cual es su verdadera política antiterrorista. O vuelve al Pacto Antiterrorista con la oposición, cancela el permiso parlamentario que todavía tiene para negociar con ETA e ilegaliza a Acción Nacionalista Vasca y al Partido Comunista de las Tierras Vascas o reconoce que todavía mantiene la puerta abierta para una posible negociación con los asesinos que tienen ya bien demostrado en sus casi cuarenta años de existencia que lo único que buscan es obtener una condición de políticos que tape la nauseabunda realidad de sus crímenes.

Zapatero llegó al poder por sorpresa, en medio de la tremenda conmoción que produjo la tragedia de los trenes de Atocha- Parece que ni él mismo se lo esperaba y su bisoñez política, junto a la falta de un plan de acción reflexivo y madurado y de personas capaces de llevarlo a cabo se ha ido demostrando a lo lar
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Edición 133 - El cambio
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