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Época II - Año XIV
Edición Nº 4126
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  Firmas Invitadas - Edición Nº 310
Semana del 06/02/2008
La Falange de Arrese


Antonio Castro Villacañas
J OSÉ LUIS DE ARRESE fue Ministro Secretario General del Movimiento en dos gobiernos de Franco: en el cuarto, que duró desde 1941 hasta 1945, y diez años después en una breve etapa (1956-1957) de tremendo interés político que comentaremos en su momento, al llegarle el turno en esta serie cronológica.

Por las fechas citadas puede comprenderse que su primer mandato tuvo también un considerable interés político, pues se desarrolló a lo largo de la II Guerra Mundial. En una apuntación anterior he dicho que Franco paró en Hendaya la embestida de la brava res que era el régimen nacional-socialista de Hítler y ello significó que España no participase de modo total y directo en el conflicto que por entonces ensangrentaba Europa. Arrese, a las órdenes directas de Franco, complementó ese parón al templar y torear otra res de igual divisa: la fuerte y generalizada simpatía existente en la mayoría de los afiliados a FET-JONS y de sus mandos -en buena parte compartida por los demás españoles- hacia los países del Eje y sus ejércitos.

No se puede negar que uno de los componentes de esa generalizada simpatía era de matiz político, pero el de mayor volumen y peso estaba teñido de gratitud. El pueblo español no podía olvidar que en su reciente "guerra de liberación nacional" habían participado fuerzas voluntarias italianas y alemanas. Este normal sentimiento de gratitud no era en sí mismo nada grave pero como los españoles solemos ser extremosos en los sentimientos positivos y negativos, muchos de nuestros compatriotas habían traspasado en el periodo 1936-1941 los límites de los normales afectos humanos hasta el punto de hacerlos traspasar el muro de las ideas y los sentimientos religiosos y politicos, llevándoles a mezclar doctrinas e ideologías bien diferenciadas.

Aunque Arrese no era, ni por formación ni por afición o profesión, el hombre más adecuado para llevar a cabo la tarea de guardar, perfilar y desarrollar el pensamiento político del Movimiento Nacional, fuera puro o neo falangista, sobre sus hombros recayó la más significativa y primaria parte de la dirección y la acción política en tal sentido: la de limpiar la doctrina y la práctica falangista del mimetismo en que habían caído (antes de nuestra guerra, pero sobre todo desde ella y después de ella) muchos militantes y dirigentes, tan bien intencionados como poco o mal formados, en relación con los movimientos fascista y nacional-socialista.

En su breve mandato fundacional (1933-1936, roto además por la cárcel y la guerra) José Antonio pasó desde una inicial simpatía por el fascismo italiano hasta la decisión de hacer visible la independencia doctrinal y vital de la Falange Española respecto de cualquier otro movimiento más o menos análogo, fuera español o extranjero. Buena prueba de ello es, por ejemplo, su negativa a participar en el Congreso de partidos fascistas que se celebró en Montreux. Preso José Antonio en Alicante y sin posibilidad por ello de ordenar nada su Falange, desde el 18 de julio en adelante -como señal de gratitud por su ayuda- y sobre todo a partir de 1939 -por el deslumbramiento debido a sus victorias y su notable prestigio externo-se hizo patente una excesiva influencia de Italia y Alemania en los signos externos (uniformes, actos) del Partido (como se llamó al Movimiento), influencia que se extendió al terreno de la ideología, sobre todo entre los mandos que habían estudiado o residido algún tiempo en los países de referencia.

Que ello sucediera resultaba perjudicial para España en un doble frente: el exterior, porque declarada y extendida la guerra, cada día resultaba más difícil explicar y justificar la posición española de "no beligerancia" o neutralidad en aquel conflicto; y en el interior, frenaba o desviaba la construcción del nuevo orden político, social y económico que España necesitaba para superar los problemas del pasado.

Para conocer en detalle lo que se consiguió hacer en ese camino liberador deberíamos acudir a una historia de la Falange, algo que no existe; habría que buscar en los archivos del Instituto de Estudios Políticos, del SEU, de la Sección Femenina, etc., y sacar de ellos las referencias necesarias para ver lo que se hizo, por ejemplo, en cuanto a salir del punto negro que representaba la tentación del totalitarismo para acercarse a la puerta blanca de la Democracia.

Desde la muerte de Franco se ha propagado dentro y fuera de España la falsa idea de que la Democracia ha sido una victoria de los antifranquistas... No cabe duda de que la forma democrática vigente hoy entre nosotros es el resultado de la entreguista actitud de unos aprovechados franquistas que con ella buscaban el salvoconducto necesario para seguir mangoneando el mayor número posible de posiciones políticas en favor de su situación personal. Pero tampoco puede dudarse de que durante el franquismo la doctrina oficial, de modo especial la enseñada y propagada en los núcleos juveniles de FET-JONS, fue la de que el máximo poder político pertenecía al pueblo, a todo el pueblo; ni de que esa doctrina es el fundamento y la raíz de la Democracia. La diferencia de los falangistas con los antifranquistas y con los franquistas temporeros, los tibios, los acomodaticios y los adoradores del sol que más calienta, es que nosotros nos opusimos a que para llegar a la Democracia, y para realizarla del mejor modo posible, sólo pudiera utilizarse el cauce de los partidos políticos y se despreciara el de las naturales unidades de convivencia social.

Durante sus tres años escasos de magisterio político, José Antonio defendió -y sus palabras fueron dogma para FE y FETJONS- que nadie nace dentro de un partido político, y sí todos, en cambio, dentro de una familia y en un municipio, donde también después hacen su vida, que normalmente consiste en trabajar en unidades de convivencia laboral... Por eso puede defenderse que el sufragio y la participación del pueblo en la vida política, social y económica de un país es más extensa y directa si se lleva a cabo por el cauce de la Democracia Orgánica que por el de las arenas movedizas de los partidos políticos.

Franco, por medio de José Luis de Arrese, logró parar el toro del totalitarismo, que había saltado al ruedo ibérico disfrazado de una tan apasionada como ilógica germanofilia. El Secretario General de FET-JONS tuvo que escribir un libro, "El Estado totalitario en el pensamiento de José Antonio", para demostrar que el fundador de la Falange utilizó tan solo cinco veces en público el calificativo "totalitario", y siempre en un sentido muy concreto, que puede resumirse en una sola
frase: "El Estado, por ser y para ser de todos, ha de ser totalitario; pero de una forma y de una manera totalmente contraria a los totalitarismos comunistas o fascistas que hacen suya y practican la definición de Karl Schmitt, según la cual todo es del Estado y para el Estado, no hay nada superior al Estado, y no puede existir nada contrario al Estado".

Termino. Franco, a través también de su cuadrilla -o, en este caso, IV y sucesivos Gobiernos- en la que figuró Arrese otras dos veces, le dió una larga afarolada al toro de la democracia orgánica. Pero de esto diré más cosas en sucesivas apuntaciones.