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Época II - Año XIV
Edición Nº 4126
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  Firmas Invitadas - Edición Nº 322
Semana del 01/05/2008
Cosas que pasan no sé donde


Miguel Ángel García Brera
D ESPUÉS de oír en la noche del martes a unos tertulianos de Telemadrid, enredados en saber si España existe o no, ignoro dónde vivo, qué nacionalidad tengo y por qué tengo que pagar impuestos a una Administración que dice ser del Estado Español. Pero el caso es que a mi alrededor pasan cosas inauditas y ocurren en un territorio que, desde Roma, se llama Hispania y cuyo sentimiento nacional crepita en el alma de los que aquí vivimos y vivieron, desde muy antiguo, con momentos culminantes como el Concilio de Toledo, el reinado de Isabel y Fernando, el descubrimiento y conquista de América, la guerra de la Independencia y el momento de redactar la vigente Constitución española. El martes, en la tele, había un individuo, cuyo nombre no recuerdo ni tengo interés en hacerlo, empeñado en que, todavía a estas alturas, España no es una nación y desde su amateurismo de historiador llamaba fatuo a un historiador censado, de apellido Cortázar, que entendía que el levantamiento de los madrileños marcaba un hito histórico en el nacimiento de esta nación. Tampoco el historiador me convencía, pues ya digo que las cosas arrancan de muchos siglos antes. Fue una vasca, Rosa Diez, la que con otro periodista, creo que de La Razón y lamento ahora mismo no recordar su nombre, pusieron las cosas en su sitio, mientras el resto, incluido el moderador, mantuvo una cierta ambigüedad en su postura.

Pues bien en este lugar, que se llamó tierra de conejos e Ibarreche llama tierra de camareros -tendría que puntualizar en todo caso y decir de camareros inmigrantes, porque españoles quedan pocos en ese ramo- , están ocurriendo cosas tan inverosímiles que no puedo dejar de reseñar. Empezaré por el feliz retorno de unos pescadores que, seguramente sin saberlo, navegaban bajo pabellón pirata y fueron abordados por piratas somalíes. Si los datos que tengo son exactos, el “Playa de Bakio” pescaba ostentando una ikurriña y no la bandera española, según es obligación de todo barco que no quiera ser considerado fuera de la ley. En esas condiciones, el apoyo prestado a la solución del secuestro por el Gobierno de España, deja tantos flecos ante el Derecho Internacional como el pago del rescate, que, salvo Zapatero, todo el mundo piensa que se ha pagado. Que unos españoles, nacidos en un territorio nacional, como las Vascongadas, sean traídos a España, arrancados de las fauces de piratas somalíes, es una buena noticia; pero no siempre la alegría que nos produce el bien ajeno, justifica acciones que pueden derivar en males mayores para otros ciudadanos nacionales, nacidos en Vascongadas, Galicia, Andalucía, Asturias o Cataluña, por poner simples ejemplos. El pago de un rescate es considerado un delito en muchos Códigos Penales, porque induce a los delincuentes a seguir en esa vía y causar daños mayores que los que se pretenden evitar. Pero es tanto peor si, además, el Gobierno está protegiendo – y ya no hablo de los marineros – a un barco, pirata al no ostentar la bandera nacional y navegar, ostensiblemente, con un pabellón inexistente por no tener el territorio al que representa la enseña que se exhibe derecho alguno al abanderamiento de buques.

También me ha llamado la atención, el increíble tratamiento dado por el investigador Bernad Soria, hoy ministro, – ¡lo juro! – de la posible toxicidad de alguna partida de aceite de girasol importado. El daño causado a esa industria supongo que costará muy buenos euros a nuestra Administración, cuando los fabricantes inocentes reclamen el perjuicio económico causado al levantar una alerta general contra ese tipo de aceite, cuando, al parecer, sólo había alguna partida contaminada y, para más INRI, carecía de peligro su consumo. O no, porque todavía, después de una semana, nadie sabe si el aceite adulterado era consumible sin riesgo, aunque fuera de peor calidad, o los consumidores podrían acabar como aquellos que usaron el fatídico aceite de colza; en cuyo asunto también el ministro Sancho Rof, se lució bastante hablando del bichito de no sé qué y otras zarandajas, mientras la gente sufría los efectos demoledores de aquella grasa.

Pero lo que ha rizado el rizo de mi pasmo, es el presidente, acudiendo a televisión para ser preguntado por una fan dirigente del programa “59 segundos” y, con menor tiempo, por algunos tertulianos habituales del espacio. No merece la pena comentar el tono franciscano del presidente decidido a no dar un solo dato sobre la crisis económica, el secuestro del pesquero o el aceite tragicómico. Eso sí, apelando a la defensa de la verdad y de la vida por encima de todo, con un cinismo tan exagerado que dejó prácticamente sin habla a sus interlocutores.

Con una situación política tan aberrante – porque la oposición también se las trae-, no me extraña nada que Zaplana se haya buscado un buen empleo y haga un corte de magas a la política. Curioso: El año que nació Zaplana, en Cartagena, yo paseaba por las calles de esa atractiva ciudad mi estrella de alférez de complemento. Allí coincidí en el Club Náutico con el entonces Príncipe de España, Don Juan Carlos de Borbón, que creo era entonces guardiamarina o estudiaba en la Academia del Aire, en la cercana San Javier. Estuviéramos bailando en la terraza del Club, o paseando por las calles, cuando se arriaba la bandera en el regimiento “Sevilla 40“todo el mundo se ponía firmes en actitud de saludo. Claro, era la bandera de España, de una nación que ninguno poníamos en duda y a la que todos, al margen de las ideas de cada cual, queríamos tanto, como creo que hoy la queremos la inmensa mayoría, pese al afán destructor de muy pocos radicales. Pero para radicales, Llamazares que, repelido por la masa de votantes, nos sale ahora con soluciones de futuro que debe considerar ingeniosas: Que se quiten los símbolos religiosos, como el Crucifijo o la Biblia, de la mesa en que se toma posesión de los cargos públicos. Y lo pide ahora que ya nadie jura y todos prometen lo que sea menester. ¡Cualquier día, el hombrecillo pide que se destruyan las iglesias y los cruceros de los caminos!
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