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Época II - Año XIV
Edición Nº 4126
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  Firmas Invitadas - Edición Nº 361
Semana del 28/01/2009
Preguntas sin respuesta


José Meléndez
N O se descubre el Mediterráneo si se dice que José Luis Rodríguez Zapatero tiene un pico de oro. Su pala para desenterrar los muertos de la Memoria Histórica está hecha del sucio y amargo material del rencor, pero su pico despide destellos de un falso metal precioso que ciega a los incautos y entusiasma a los incondicionales. Por eso tiene una incontenible tendencia jacobina de hurtarse a las polémicas en sede parlamentaria y prefiere explayarse en los mítines, donde al calor de los suyos va desgranando todo lo que puede considerarse las “perlas” de su `proyecto político o en este programa que Lorenzo Milá se trajo bajo el brazo (tengo dicho que siempre hay un Milá para un gobierno socialista) para que, cuando hay un momento verdaderamente importante, el jefe pueda contestar con esas alambicadas, almibaradas y enrevesadas respuestas que pasan ante un auditorio que ni tiene el privilegio de réplica, ni los datos que se manejan en un pleno parlamentario para demostrar que el preguntado no dice la verdad en su contestación.

Los esfuerzos de Lorenzo Milá por darle al programa la frescura de la improvisación, contrastaban con su frecuentes viajes a su atril para consultar datos y los movimientos del presidente estaban estudiados, desde su atuendo hasta el hecho de que el primer saludo al público que lo había asaeteado durante hora y media fuera para la chica con síndrome de Down, quien le había reprochado que entre los funcionarios del Congreso no hubiera ni un paciente del síndrome. Y, por cierto, se equivocó, porque si hay uno, pero para desgracia del PSOE está empleado por el PP.

Naturalmente, la inmensa mayoría de las preguntas del programa versaron sobre la crisis económica y sobre las cifras del paro que sobrepasan ya los tres millones doscientas mil personas sin empleo, dos síntomas lo suficientemente importantes como para diagnosticar que una nación que los padece está gravemente enferma. Pero el diagnóstico del presidente nada tuvo que ver con la realidad. El hombre que ocultó la crisis desde sus comienzos porque estaba en campaña electoral y la fue calificando sucesivamente de “desaceleración”, “enfriamiento pasajero” y “turbulencia financiera” dio otra gran prueba de su invectiva y etiquetó la crisis actual como “un paréntesis duro y difícil, pero paréntesis al fin”. Genio y figura. Y cuando le preguntaron si ha cesado a los 600 asesores que no le advirtieron de lo que se nos venía encima, negó la mayor diciendo que solo tiene 77 asesores –lo que no es cierto- y que estos fueron los que llevaron a crear en su primer mandato dos millones setecientos mil empleos, lo que en estos momentos trágicos equivale a decir que España es grande porque en los dominios de Felipe II no se ponía el sol.

Las consecuencias que se sacan de la hora y media en que Zapatero estuvo sometido al bombardeo de preguntas y en la que varias veces se vio acorralado por la fuerza de los reproches, es que en las horas mas difíciles de sus cinco años largos de mandato y ante la mayor crisis económica y financiera de los últimos cincuenta años, no tiene una línea de actuación definida ni una política encaminada a sentar las estructuras necesarias para que ese futuro al que se agarra como una tabla de salvación pueda tener éxito como recuperación del desastre. Había preparado concienzudamente el programa, pero pronto se vio desarbolado por la realidad de la calle, llevada al plató por unos interlocutores que son parte del pueblo que sufre los errores de la política del gobierno y que sentían en sus propias carnes las consecuencias de esos errores. Ante eso, que se salía del guión preparado por su entorno cobista y protector en el que se ha movido hasta ahora, Zapatero optó por el método más drástico, la negación de los hechos. Negó todo lo que le reprochaban, poniendo así un peso mas en la barquichuela en la que se está hundiendo la confianza que debe generar todo jefe de gobierno. Y volvió a mentir con descaro e irresponsabilidad, porque negar que el nunca prometió el pleno empleo, cuando hay constancia de ello en su programa electoral y en el último discurso sobre el estado de la nación es tan burdo como llamar cava a la sidra. Y asegurar que él no permaneció sentado ante el paso de la bandera de Estados Unidos, sino ante las tropas de los países que estaban en la guerra de Irak y que también fueron al desfile es otra mentira que trata de arreglar el problema de sillas que todavía tiene con la administración norteamericana, porque el mantener caliente la suya en el desfile le ha costado volverse loco implorando una silla en la cumbre económica de Washington del año pasado y fue Nicolás Sarkozy quien le prestó una de las dos que tenía Francia. Su contestación a la pregunta de cuantos civiles palestinos habrían matado las armas españolas vendidas a Israel también fue de aurora boreal, porque solo reconoció un millón de euros de esas ventas, cuando suman millón y medio y dio a entender que no eran armas de uso militar, cuando el 95 por ciento de los pedidos fueron hechos por el ejército israelí, omitiendo de paso que España es el octavo país exportador de armas en el mundo.

Un jefe de gobierno que se enfrenta a una de las mayores crisis económicas de la historia moderna de España, no puede presentarse en directo ante un público que le pide explicaciones con el solo bagaje de las negaciones y las respuestas surrealistas, como la que dio a un jubilado que quería saber cómo garantizará el gobierno que el dinero que dio a los bancos llegará a las familias y a las pymes. Zapatero aseguró que “no hemos dado ni un euro a la banca. No hemos regalado dinero, sino que hemos garantizado a los bancos y voy a apremiarles para que den créditos”. Otra mentira, porque cuando anunció esa medida hace dos meses la vendió como la fórmula ideal para que los bancos concedan créditos, pero la realidad es que los bancos han recibido desde entonces 14.000 millones de euros y los créditos siguen sin concederse. Y volvió a su receta engañosa de pedirle un esfuerzo a todos y recomendar a los que todavía conservan su empleo que compren productos españoles, secundando así la idea de su ministro de Industria, el inefable Miguel Sebastián que nos prometió regalar a cada familia dos bombillas de bajo consumo y todavía las estamos esperando.

Ante el panorama que nos ofreció la televisión de un líder lleno de palabras biensonantes, pero vacío de ideas y sobrado de audacia para mentir sin mover ni una de sus famosas dejas, no nos queda más que resignarnos a que este “duro y difícil paréntesis” pase lo más pronto posible y que, mientras tanto, Dios nos coja confesados, con permiso de ese esperpéntico anuncio de un autobús urbano.
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