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UY recientemente, esta misma semana, ha saltado a las páginas de los periódicos la noticia de que el BBVA ha ampliado la regulación de plantilla a mil empleados más, mayores de cincuenta años. Los que mandan en la entidad dicen que esto no va a suponer que disminuya el número de puestos de trabajo porque las bajas se sustituirán con nuevas contrataciones. Pero más baratas, habría que añadir.
En estos tiempos en los que vivimos, las grandes empresas, las medianas y las más pequeñas han descubierto que sus beneficios pueden incrementarse recurriendo al abaratamiento de los salarios a pagar, al contrato basura. De hace unos años a esta parte se ha inventado la figura del becario (“Persona que disfruta de una beca para estudios”. Beca: “Subvención para realizar estudios o investigación”), un concepto adaptado al mundo empresarial y que en un futuro próximo la Real Academia de la Lengua tendrá que incluir en el DRAE, en segunda acepción, como “empleado contratado temporalmente, mal pagado, y que es explotado por la entidad para la que trabaja.”.
Todas las empresas están llenas de “becarios”, personas jóvenes, con los estudios universitarios terminados, bien formados en general, y dispuestos a rendir al máximo, para hacer méritos, con la esperanza de ver consolidado un puesto de trabajo dignamente remunerado. En el mundo de la banca los contratos a este tipo de currantes se hace a través de empresas de empleo temporal. Con esta técnica el patrón se ahorra un buen dinero al no tener que pagar a la Seguridad Social, por ejemplo, que eso lo hacen aquellas que, para eso se quedan con un alto porcentaje de los ridículos haberes que percibe el mal llamado “becario”.
He conocido a un colega - cuyo nombre me guardo - que ha estado trabajando del modo indicado en un periódico de tirada nacional muy prestigioso, a quien se le decía cada día si al siguiente tenía trabajo o no. Sí, se le contrataba jornada a jornada. Y el día que acudía a la Redacción del rotativo, pasaba en ella entre doce y catorce horas, con tiempo mínimo marcado para comer. Le pagaban 15 €uros y hacía labores de organización y coordinación. Al final y viendo que no se le ofrecía un puesto de trabajo decente, optó por otro quehacer.
Ejemplos como el citado hay miles porque los amos de las empresas saben que a este tipo de gente le pueden exigir sin que proteste, le pueden sacar rendimiento, y si hay algo que corregir, lo hace un jefe veterano que manda sobre la legión de “becarios”.
Quien tiene años de experiencia en el trabajo de la empresa, con un sueldo digno, es firme candidato a ser despedido o a pasar a la nómina de los prejubilados en cuanto se acerca a los cincuenta años de edad. Con su sueldo se pueden pagar tres, cuatro, cinco o más “becarios”.
El BBVA, ya lo ha anunciado, amplía la regulación de plantilla a mil empleados mayores de cincuenta años y lo compensará con nuevas contrataciones. Y tres Cajas, la de Ávila, Burgos e Ibercaja han hecho una sociedad, denominada Europea de Desarrollos Urbanos, con Urbis y Hercesa, para especular con suelo mientras el gobierno se hace cruces para frenar el precio de la vivienda.
¿Qué va a pasar aquí? ¿Qué va a pasar con una juventud a la que no se le ofrece trabajo decentemente pagado y no tiene la mínima posibilidad de hacerse con una vivienda? ¿No es esto un cóctel explosivo?
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