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  Firmas Invitadas - Edición Nº 326
Semana del 28/05/2008
La España de Chikilicuatre


José Meléndez
C UANDO se cumplen doscientos años de la tremenda lucha que sostuvieron los políticos e intelectuales liberales del 1.808 contra el Antiguo Régimen que culminó con la rebelión popular contra los ejércitos de Napoleón y consagró las libertades civiles en España en la Constitución de Cádiz de 1.812, la famosa “Pepa”, el Partido Popular, que es el de mayor afiliación de España, cuenta con diez millones y medio de votos y es la bandera de la derecha democrática española con la enorme responsabilidad de ser la única alternativa de gobierno, nos ofrece un asombroso panorama de rencillas internas que se van enmarañando peligrosamente.

Lo que comenzó siendo la consecuencia lógica de una derrota electoral –dos en este caso- en forma de rebelión de los que han perdido sus cargos en el reajuste natural que impone una derrota, siguió con una campaña en toda regla, orquestada desde fuera del partido y ha terminado cuestionando la esencia misma de la ideología de un partido que se ha distinguido siempre por su coherencia política, su fidelidad a sus postulados y su honestidad, virtudes que se han puesto de relieve tanto cuando gobernó a España en dos fructíferas legislaturas como cuando ocupa la oposición.

Hasta ahora, la crisis, como se ha bautizado a la delicada situación del PP, se centraba en atacar la figura de su líder. Mariano Rajoy del que se ha dicho de todo desde todos los frentes. Pero la feroz campaña está derivando sorpresivamente hacia la propia ideología del partido, en un desenfrenado ejercicio de irresponsabilidad o una patética demostración de intereses personales. La supuesta revisión ideológica que propuso la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, con la mejor intención pero con una manifiesta inoportunidad, dio pábulo a los críticos como Gustavo Arístegui, que se han sentido marginados en el cambio de caras y gestión anunciado por Rajoy, propició los abandonos de figuras como Maria San Gil y Ortega Lara y ha culminado en un demoledor artículo de Gabriel Elorriaga en el que afirma que el Partido Popular necesita un cambio que no puede ser liderado por Mariano Rajoy. Y en ese sentido se han alzado voces como las de Älvarez Cascos y Vidal Cuadras que reclaman que se elimine la definición “centro” y que la moderación deje de ser el eje de la política del Partido Popular. O sea, que al radicalismo disfrazado de talante de Zapatero se quiere oponer ahora el viejo radicalismo intransigente de la derecha española en una vuelta al pasado de las dos Españas que la Transición creía desterrado para siempre.

Los socialistas actuales juegan con los viejos rencores de la izquierda, resucitan las añosas batallas del laicismo, del recuerdo a sus guerras perdidas, de una libertad engañosa y del odio de clases que parecía extinguido –arropado todo con la piel de cordero de una falsa defensa de los derechos sociales- y la fórmula que brindan los protagonistas de la crisis del PP es volver a la derecha dura, obstructora de ideologías y prepotente. De eso, al menos, es de lo que acusaban a Vidal Cuadras y a Álvarez Cascos –el famoso “doberman”- antes de ser defenestrados. Y tampoco se entiende el artículo de Elorriaga porque se queja de haber perdido dos elecciones por falta de gestión y de comunicación del contenido del programa popular. Y eso lo dice un hombre que fue coordinador de la primera campaña electoral de Mariano Rajoy y secretario de Comunicación en la segunda, cargo que todavía ocupa-

Los socialistas se frotan las manos porque la crisis del PP, que fue iniciada y fomentada por ellos a través de sus obedientes terminales mediáticas, ocupa toda la atención de los titulares y los medios de comunicación buscan con ahínco más troncos para alimentar la hoguera donde se cuecen los populares, olvidando que a mas de tres meses de vida de esta legislatura el gobierno no ha hecho nada por tratar de paliar los grandes problemas que sufre el país. Solamente sabemos que el vicepresidente económico Pedro Solbes, que se pasó meses negando la crisis económica, ha reconocido que la alegre dádiva de los 400 euros a cada contribuyente que Zapatero prometió en pleno delirio electoral “acabará con la capacidad de maniobra del gobierno”, o sea, que el tan cacareado superavit se esfumará. Y por su parte, el ministro de Justicia, que enfrenta serios problemas con la renovación de la cúpula judicial y la tremenda lentitud de los procedimientos jurídicos, nos anuncia que se ocupará de la revisión de las leyes del aborto y la eutanasia.

Pero no puede pedirse mas en esta España que ha encumbrado a un mamarracho con tupé y guitarra en miniatura para que nos representara en un evento internacional que, aunque venido a menos, todavía tiene reminiscencias de sus grandezas pasadas, las que encumbraron a artistas como Cliff Richards o el grupo Abba..

El esperpento de Rodolfo Chikilicuatre es un lamentable exponente de la degeneración de los gustos en una parte de una generación que parece haber perdido el rumbo. Si este estrafalario personaje hubiera salido a la calle no hace todavía muchos años, cuando la sociedad conservaba aún sus costumbres y tradiciones, lo hubieran corrido a gorrazos antes de llegar a la esquina. Pero ahora ha llegado hasta Belgrado, para darse un anunciado batacazo, aún mayor que el que se dio una de sus coristas y convertirse en el hazmerreír de la opinión internacional.

El interfecto es el producto de ese marqueting bajuno y maloliente que emplean ahora las televisiones para medrar. Lo fabricó La Sexta, un canal privado, con la inexplicable aquiescencia de la televisión pública que estuvo metiendonos a Chikilicuatre por los ojos hasta en los telediarios y nos lo presentó como un posible vencedor, bendecido incluso por el Instituto Cervantes de Belgrado, porque la directora actual de dicho Instituto es Carmen Cafarell ex directora de TVE. Y ahora, incluso después del ridículo, la Uno de TVE nos lo quiere presentar como un triunfador, con la monserga de los 13 millones de audiencia, el minuto de oro y el hecho de que ha sido el representante español que ha obtenido mas puntos desde el 2.004. Habrá que ver como eran esos representantes y habrá que recordar la anécdota de un prestigioso intelectual, enemigo acérrimo de Salvador de Madariaga que, cuando le dijeron que éste era un hombre culto, que escribía en español, francés e inglés, respondió: “Eso solo indica que puede escribir tonterías en tres idiomas”.

Es indudable que la crisis del PP es una crisis mediática por la gran dimensión que los medios de comunicación la están concediendo. La crisis existe y el malestar interno también, pero el Congreso del partido es en el próximo mes de julio y todavía nadie ha dado el paso al frente para presentar su candidatura opuesta a la de Rajoy, que es el cauce natural para canalizar una protesta o una propuesta de renovación. Es natural que lo que ocurra dentro del primer partido de la oposición tenga un gran interés para los medios, desgraciadamente más que para el internes general. Por eso la desorbitación de los hechos es peligrosa porque puede producir un síndrome de criterio inducido, que es lo que ha hecho que un tipo ridículo y cara dura como Chikilicuatre se haya convertido en símbolo de una España que ha exportado su vergüenza a un escaparate internacional.
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