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Época II - Año X
Edición Nº 3180
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 viernes, 03 de septiembre de 2010 ESPAÑA
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  Firmas Invitadas - Edición Nº 334
Semana del 24/07/2008
España está sumida en los sinsentidos


Ismael Medina
J ULIO está cargado de efemérides relacionadas con momentos críticos para la supervivencia de España como ser histórico y cultural incuestionable. Y precisamente por serlo no parece que convenga recordarlos, menos aún enaltecerlos, al actual totalitarismo partitocrático.

CUANDO HOY SE FAVORECE LA EXPANSIÓN ISLÁMICA QUE AYER SE COMBATÍA

EL 15 de julio de 1212 se libró épica batalla de las Navas de Tolosa, al pie meridional del hoy denominado Despeñaperros. La gran batalla en que las huestes cristianas derrotaron al poderoso ejército almohade, cerraron definitivamente la expansión musulmana hacia el norte peninsular y hacia Europa, al tiempo que abrían de par en par las puertas hacia la total reconquista que se consumaría en 1492. Creo innecesario recordar que los almohades, como antes almorávides y luego los berimerines, pueblos bereberes, eran el equivalente en radicalismo coránico, al actual fundamentalismo islámico.

El 15 de julio de 2008 no entrañaba una de esas conmemoraciones centenarias en que se despliega la parafernalia rememorativa, aunque sí merecedora de simbólico respeto oficial. Pero ese día, y por eso traigo el recordatorio a colación, el titulado Rey de España participó junto al monarca de Arabia Saudita en la inauguración de la Conferencia Mundial para el Diálogo, organizada por el gobierno saudí y celebrada en Madrid. No acudió por “problemas de agenda el jeque Salamán Ouda, personaje próximo al superterrorista Ben Laden, uno de los invitados de relieve.

Creo innecesario recordar que Arabia Saudita aplica con máximo rigor la ley coránica en su territorio y financia con sus petrodólares o petroeuros la construcción de mezquitas y la expansión del islamismo en Europa, amén de sostener con mayor o menor descaro a movimientos terroristas musulmanes. Y asimismo, que compra las voluntades de destacados políticos europeos atribuyéndoles un porcentaje de en torno al 5% del valor de los contratos obtenidos por empresas de sus respectivos países, no sólo los relacionados con el petróleo, y origen de muy grandes fortunas de las que apenas si se escribe o habla.

La memoria histórica del islamismo es más consistente en la actualidad que en europeos y especialmente en España. Todavía duele, pese a los siglos transcurridos, la decisiva y aplastante derrota musulmana en la batalla de las Navas de Tolosa, amén de su alcance histórico y político. De ahí mi convencimiento que no fue gratuita ni ocasional la elección por el monarca saudí de la fecha del 15 de julio para la inauguración de la Conferencia Mundial para el Diálogo, precisamente en Madrid, donde habita el inventor de la desdichada, estúpida y falaz Alianza de Civilizaciones, su equivalente.

Rodríguez y su gobierno se avinieron con gozo a la afrenda que para España y la cristiandad implicaba la inauguración de la componenda en fecha tan señalada. ¿Y el Rey? Aunque se lo impusiera el Ejecutivo, pudo exigir un cambio en el calendario, aunque fuera mínimo, usando de su potestad de arbitrio y moderación que le reconoce el texto constitucional. Pero no lo hizo. ¿Por dejadez, por subordinación, por causa de una memoria histórica embotada o por un mayor aprecio de la benefactora amistad que le dispensa la monarquía saudí?

CUANDO MOLESTA LA VICTORIA DE ESPAÑA SOBRE NAPOLEÓN

LA conmemoración el 19 de julio de la batalla de la batalla de Bailén Sí era un aniversario redondo al encuadrarse en los múltiples actos del doscientos aniversario del alzamiento del pueblo español contra el invasor napoleónico. Fue la de Bailén, como de sobra es conocido, la primera derrota militar en campo abierto infligida a las divisiones de las águilas imperiales. Coinciden los historiadores en que la batalla de Bailén supuso el comienzo del ocaso napoleónico. El campo de batalla de Bailén, por cierto, queda cerca de aquel otro de la batalla de las Navas de Tolosa. Parece como si el destino hubiera querido reunir en un pañuelo de tierra dos grandes hitos de la historia de España como símbolo de liberación.

Carlos IV y Fernando VII, padre e hijo, dos Borbones de la peor ralea, se entregaron a Napoleón, cedieron la corona a su hermano José y se dieron a un dulce y vergonzoso exilio en Bayona. Traicionaron a su pueblo, haciendo bueno aquello que a mediados del siglo XX sentenció un historiador galo: los Borbones siempre han atendido más a sus intereses personales que a los de sus reinos. Bueno es recordar también que la mayoría de los aristócratas, ilustrados, banqueros, terratenientes, altos mandos militares y no pocos dignatarios de la Iglesia también se amancebaron con el invasor y bastantes de ellos siguieron al final a las columnas napoleónicas en la final retirada a Francia, añadiendo sus propios tesoros a los enormes de la rapiña que llevaban consigo las columnas gabachas. Armando Rubén Puente describe con brillante lenguaje aquella abigarrada, kilométrica y deshonrosa columna en “Alejandro Aguado. Militar Banquero, Mecenas” (Edibesa, 2007), uno de los mejores libros que he leído sobre la sociedad española de aquel tiempo y al que me referí en dos de mis crónicas.

La batalla de Bailén figura como victoria gala en el Arco de Triunfo que se alza majestuoso en París para gloria del emperador Napoleón Bonaparte. Una cínica mentira histórica labrada en piedra y muy propia del sempiterno chauvinismo galo que lleva su orgullo nacional a convertir las derrotas en victorias. Al contrario de nosotros, empecinados en trastocar las victorias en derrotas y en negar nuestras glorias pasadas. Pero algo de cierto encierra ese falseamiento inscrito en el Arco de Triunfo.

CUANDO LAS VICTORIAS SE TRASTOCAN EN DERROTAS

EL pueblo español ganó la guerra. Pero casi de inmediato perdió los frutos de la victoria. Retornó el gran felón Fernando VII, regresaron los que con él se fueron y se impusieron las ideas que trajeron las divisiones napoleónicas en delirante confusión con las reaccionarias de los absolutistas. También los ingleses, cuya ayuda fue sin duda muy valiosa, sacaron tajada en América, asentaron una perdurable influencia en Portugal, se infiltraron en la economía española y dejaron tras de sí una penetrante red masónica, fiel a la política de la Corona británica y a las ideas del liberalismo relativista. Unas gachas explosivas que conducirían a sangrientos bandazos, traducidos en de guerras civiles, golpes de Estado, pronunciamientos, algaradas, revoluciones, desfondamientos y confusiones en que de nuevo nos vemos atrapados dos siglos después.

El Ayuntamiento de Bailén había dispuesto unos razonables y emotivos actos conmemorativos de aquella gran victoria nacional sobre el invasor extranjero. Y como es lógico cursó invitaciones al Rey, al presidente del Gobierno y al presidente de la taifa andaluza. Ninguno de los tres se personó en Bailén, sembrando un razonable malestar entre las gentes y las autoridades. Rodríguez y Chaves no lo consideraron pertinente. No era políticamente correcto participar en un acto de inequívoca exaltación nacional cuando tan afanados están en desjarretar la unidad de España y enterrar sus fundamentos históricos.

¿Y el heredero dinástico de aquéllos Borbones? El monarca tomó aquel mismo día el avión hacia Palma de Mallorca para solearse y exhibir sus aficiones marineras a bordo del “Bribón” (¡Dios, qué nombre para la nave de un Borbón!) a la espera de recibir al gorila Chávez, amparador de cualesquiera terrorismos, sin desdeñar al etarra, y algo más que amigo de Rodríguez. ¿Sumisión también de la Jefatura del Estado a los dictados de un indeseable presidente del Gobierno aquejado de una paranoia política extrema? Me gustaría conocer si todavía sigue vigente, aunque escondido, el famoso acuerdo cuadrangular del petróleo que Adolfo Suárez suscribió con Venezuela, Cuba y la URSS y a cuya sombra florecieron consistentes fortunas.

Y aunque sea anecdótica viene a cuento, por expresiva de una mentalidad generalizada en la izquierda, la propuesta de un concejal socialista, años atrás, de que se suprimieran las conmoraciones del 19 de julio por considerarlas de exaltación franquista. ¿Era ya consciente, como, ahora Rodríguez y compaña, de que es contraria al socialismo cualquier manifestación patriótica? ¿O su analfabetismo histórico le hacía confundir los fastos del 19 y el 18 de julio? Nada me sorprendería que un día cualquiera decidieran los socialistas desmontar en Jaén, por franquista, el monumento conocido como de Las Batallas, por las de Navas de Tolosa y Bailén, que servía de referencia a mi maestro a la hora de avivar en nuestros corazones el orgullo de ser españoles.

CUANDO TAMBIÉN REPUGNA QUE ESPAÑA VENCIERA AL COMUNISMO

ESTÁ proscrito recordar hoy el Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936. La izquierda revanchista y la derecha vergonzante insisten en que se trató de un levantamiento militar contra la democracia. Es la consecuencia de una “memoria histórica” tan tramposa y alucinante como la inscripción de la batalla de Bailén en el parisino Arco de Triunfo.

La historiografía independiente confirma de manera irrebatible que la legitimidad republicana fue reiteradamente desfondada por las subversiones revolucionarias de una izquierda marxista subordinada al expansionismo soviético. No me refiero tan sólo a la sangrienta revolución de octubre del 34, a alimón con el secesionismo catalanista. Está demostrado, asimismo, que las elecciones de febrero de 1936 dieron el triunfo al Frente Popular, y no por amplia mayoría, merced a la falsificación de multitud de actas a punta de pistola y otros métodos coercitivos. Y que la izquierda coaligada se dio de inmediato a un radical proceso revolucionario al que no eran ajenos los asesores soviéticos ni los secesionismos catalán y vascongado, pese a la presunción conservadora de este último.

Los escritos de declaración del estado de guerra por los mandos militares implicados justificaban la iniciativa en la necesidad imperativa de restablecer la legalidad violada de la II República. Periodo republicano durante el que estuvieron casi todo el tiempo suspendidas las garantías constitucionales. Y en el que se promulgaron la Ley de Orden Público y la Ley de Vagos y Maleantes en el intento de atajar los desmanes revolucionarios y un alarmante estado de inseguridad pública.. También estuvo vigente una estricta censura previa. El naciente régimen nacido el 18 de julio de 1936 hizo suya aquella normativa republicana con ligeros retoques. No necesitó inventarla. Tampoco en materia de Justicia Militar, ya que la II República asumió la vigente durante la Monarquía con arreglo a la cual fueron condenados a muerte algunos de los responsables de la revolución de octubre del 34, Companys entre ellos.

El asesinato de Calvo Sotelo fue provocado desde el ministerio de Gobernación. Se encubrió con la especie de una venganza personal por el asesinato del teniente Castillo. Pero el objetivo era acelerar, como así sucedió, el levantamiento militar y cívico en preparación. Casares Quiroga conocía los pormenores día. Y también, por ende, el gobierno frentepopulista. Los preparativos para la revolución roja estaban casi a punto y pululaban los consejeros soviéticos en las esferas de decisión. Se presumió que forzar el adelantamiento de la insurgencia militar permitiría aplastarla en sus mismas fuentes. No fue así y el enfrentamiento se convirtió en una prolongada y letal guerra civil internacionalizada.

Considero oportuno recordar, aunque alguna vez lo he explicado, que las grandes potencias de entonces eran consciente de la inevitabilidad de una próxima guerra de alcance mundial y se preparaban para afrontarla. A la URSS, en línea con el diseño estratégico de expansión revolucionaria trazado por Lenín, convenía una España subordinada a espaldas del III Reich y vinculada al socialismo francés. Al III Reich interesaba una España aliada que cerrara el acceso británico al Mediterráneo y le permitiera consolidar su posición en una Francia dominada. A Gran Bretaña y su respaldo norteamericano les incomodaban ambas posibilidades. Fue la causa del apoyo financiero y de suministro de carburante que prestaron a Franco, harto más decisivo para el curso de la contienda que el prestado por Alemania e Italia. La ayuda alemana a una parte y la soviética a la otra fluctuó a tenor de las negociaciones entre Ribbentrop y Molotov para repartirse Polonia, amén de otras zonas de influencia.

La victoria sobre el internacionalismo socialistacomunista fue la primera gran derrota infligida a la Unión Soviética que ahora, a imitación del chauvinismo gabacho, pretenden convertir sus descendientes rodriguezcos en victoria. Supuso asimismo el comienzo de un gigantesco esfuerzo colectivo del pueblo español que, a despecho de un protervo cerco internacional y de otras asechanzas, protagonizó un extraordinario desarrollo económico que convirtió a España en la séptima potencia industrial, desarrolló la política social más avanzada de su tiempo y permitió la creación de una extensa clase media que serviría de colchón amortiguador para el pacífico tránsito previsto hacia la democracia occidentalizada de partidos. Es la verdadera memoria histórica de lo acontecido entre 1936 y 1975.

A izquierda y derecha abundan los apellidos con resonancias franquistas y no basta falsear la historia para convertir la derrota en victoria y el cambio de ropaje ideológico de quienes crecieron y medraron al amparo del régimen ahora fementido. Es necesario borrar referencias formales. Al igual que sucedió tras la proclamación de la II República respecto de la Dictadura de Primo de Rivera, la rodriguezca Ley de Memoria Histórica ha desatado una frenético empeño para desmontar esculturas, cambiar nombres de calles, arrancar lápidas, desatornillar las placas de que dan testimonio de la ingente tarea realizada por la Obra Sindical del Hogar o el Instituto Nacional de la Vivienda y tantas otras necedades.

Cierro el tema con el comentario de un pequeño comerciante que ya ha puesto el rótulo de “Liquidación” en el escaparate de su negocio: “¿Y por qué no destruyen también todo aquello que recuerdan esos monumentos o inscripciones: embalses, hospitales, edificios, fábricas y tantos otros testimonios reales que subrayan el gigantesco salto adelante que dio España bajo el régimen de Franco, incluido todo lo que se hizo en Cataluña y el País Vasco? Sería lo correcto si tanto les joden los logros del franquismo”.

CUANDO LA JUSTICIA SE CONVIERTE EN INSTRUMENTO DEL PODER POLÍTICO

EL Tribunal Supremo dictó sentencia sobre los recursos de casación que se le habían planteado. La casación, como se sabe, establece estrechos márgenes de actuación y limita la capacidad del Tribunal para la apertura de nuevas investigaciones. Pero aún así ha demostrado la sentencia que el caso se cerró en falso. Queda sin conocerse la identidad del cerebro o los cerebros inductores de aquélla matanza horrenda que desembocó en consecuencias políticas de gran alcanza. ¿Buscadas por esos desconocidos inductores?

Las características de los atentados, la exculpación de algunos de los presuntos autores O la condición de delincuentes comunes de los “suicidados” en Leganés evidencian una estrategia sofisticada, muy propia de servicios secretos, capaz de montar una maraña de inculpaciones tras la que ocultar la verdadera autoría de los crímenes y sus objetivos. Tampoco pudo esclarecer el Tribunal Supremo la naturaleza de los explosivos utilizados. Y entre los palmetazos propinados al juez instructor, los cuales afectan también al tribunal de la Audiencia Nacional, acaso el más llamativo sea la extrañeza del Supremo por la prisa en destruir pruebas indispensable para la investigación como, por ejemplo, los restos de los trenes afectados por las explosiones. ¿Hasta tal punto era políticamente correcto impedir que prevaleciera la búsqueda rigurosa de la verdad? ¿Acaso por que de descubrirse asistiríamos a un terremoto político e institucional de superior envergadura al del 14 de marzo? Un cierre en falso que justifica y alienta cualesquiera suspicacias.

Y en éstas andábamos cuando el Tribunal Derechos Humanos sentencia que fue irregular y contraria a Derecho la sentencia de nuestro Tribunal Supremo, ratificada por el Tribunal Constitucional, en el caso contra el magistrado Gómez de Liaño promovida por el todopoderoso Jesús Polanco. En román paladino, que hubo prevaricación. ¿Sólo en aquella escandalosa sentencia trufada de parcialidad política que cabe deducir del dictamen de los jueces europeos?

El mal viene de lejos, sin que ninguno de los gobiernos “democráticos” haya demostrado interés por restablecer una verídica independencia de la Justicia, cuya politización partidista ha desembocado en su descrédito, según revelan los sondeos de opinión.

El plato fuerte del encuentro entre Rodríguez y Rajoy fue precisamente el de la Justicia. Y más en concreto, la renovación de los componentes del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial. La mayoría de los españoles y de los miembros de la magistratura habrían deseado que ambos dirigentes se pusieran de acuerdo para alumbrar un cambio legislativo que restableciera la arruinada independencia de la Justicia. Pero sólo los ingenuos podían esperarlo.

Lo que realmente importaba, y ya lo habían preparado entre los portavoces parlamentarios de ambos partidos, era un reparto mitad por mitad en las elección de los miembros de cada uno de dichos órganos institucionales. A Rodríguez interesa sobremanera tener mayoría en el Tribunal Constitucional de cara al los recursos contra el infumable Estatuto de Cataluña, cuyo debate y sentencia se ha retrasado hasta que el gobierno sociata consiga la mayoría anhelada. E impedirlo a Rajoy, al menos en apariencia, pues tampoco está clara la actitud del PP frente a las atrocidades soberanistas del tripartito en Cataluña.

También persigue Rodríguez la mayoría de los afines magistrados “progresistas” en el Consejo General del Poder Judicial para dominar la Justicia y conformar los Tribunales, no sólo el Supremo, al servicio de sus conveniencias y arbitrariedades del corte del que condenó a Gómez de Liaño, pongo por caso. ¿O no es suficientemente expresivo que su candidato para presidir el CGPJ sea nada menos que Conde-Pumpido, dócil correa de transmisión de Rodríguez en asuntos tan vidriosos y de tanta trascendencia como el rocambolesco de la legalización de ANV?

Rodríguez quiere garzonismo a todo trapo. Hay dudas fundamentadas sobre si Rajoy ha caído en la trampa de una moderación entreguista mientras el crecido Pepino Blanco sigue arreándole estopa crispadora.

También durante el encuentro en la sede moncloaca Rodríguez y Rajoy han hablado de terrorismo. Y dicen que han llegado a un acuerdo en materia antiterrorista, mediante el retorno a los pactos que Rodríguez se ha pasado por el arco del triunfo desde que accedió al poder por el “accidente” terrorista del 11 de marzo de 2004. Mucha milonga, pero nada sustancial como sería, por ejemplo, la reforma del Código Penal para que los terroristas cumplan íntegras las penas en evitación de que esos criminales salgan retadores a la calle. También Rajoy abandonó el palacio moncloaca con promesas bajo el brazo. Pero sin acuerdos escritos y firmados como es correcto que se concreten este tipo de pactos. ¿Puede fiar alguien a estas alturas de las buenas palabras de un truhán político como Rodríguez? Sería estúpido.

CUANDO RODRÍGUEZ SE VALE DEL TERRORISMO SEGÚN LE CONVENGA

LA credibilidad de la novedosa voluntad antiterrorista de Rodríguez , desmentida por sus tratos de paz con el bandolerismo etarra y los manejos de su esbirrro López en Vascongadas, se la ha proporcionado su ministro de Interior con el desmantelamiento del enésimo “comando Vizcaya”, cuya capacidad para reproducirse evidencia que el bandolerismo etarra dispone de una inaudita disponibilidad de embriones.

Lo llamativo de jaleada operación de la Guardia Civil reside en la oportunidad política del apresamiento: en coincidencia con el jolgorio organizado para celebrar los 100 días de desgobierno de Rodríguez y en vísperas del encuentro con Rajoy, ante el que así podía pavonearse de una resuelta voluntad antiterrorista que ni siente ni está dispuesto a llevar hasta sus últimas consecuencias. No ha sido la primera vez de una tal balandronada, ni será la última.

La banda Vizcaya la tenía controlada la Guardia Civil y mantenía informado al ministro de Interior. Crece la sospecha de que Pérez Rubalcaba no dio orden intervenir hasta el momento en que convino para mayor gloria de Rodríguez y para tapar otros de sus múltiples agujeros. La Guardia Civil sobre todo, pero también la Policía Nacional y el CNI, disponen de muy valiosa y penetrante información sobre el bandolerismo etarra, su guerrilla urbana y sus protectores. Serían espectaculares las redadas si Rodríguez y Pérez Rubalcaba les dieran luz verde. Pero ahora, como durante la II República los piquetes asesinos de las JSU, los terroristas parecen constituir parte necesaria del proceso revolucionario en marcha para la ruptura de la unidad de España.

¿Y la recesión económica? No existe por mucho que se empeñe el PP denunciar su gravedad extrema. Unas pasajeras turbulencias para Rodríguez que el transcurrir del tiempo se encargará de encalmar. También los ciclones y tornados terminan por deshacerse. Lo de menos es que tras de sí dejen ruinas y cadáveres. Y eso es lo que, no sólo en materia económica, se nos viene encima.
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Edición 227 - Los asesinos se apoderan del Estado
Edición 225 - Del patriotismo ocasional al bandidaje político
Edición 224 - Un gobierno embarcado en el fraude y la ilegitimidad
Edición 223 - El signo de la Bestia entronizado en España
Edición 222 - El debate sobre el estado de la ficción
Edición 221 - España se va a la mierda
Edición 220 - La democracia como careta
Edición 219 - 06.06.06
Edición 218 - Mentira y la esquizofrenia totalitarias
Edición 217 - El P entre el simio y el papagayo
Edición 216 - 14 de abril o el resurgir de la antiEspaña
Edición 214 - Tenebrosos ardores retrospectivos
Edición 213 - España es conducida al matadero de la historia
Edición 212 - Es el principio del fin, pero de España
Edición 211 - El vodevil de una España caótica
Edición 210 - Ha terminado el tiempo de la moderación
Edición 208 - Del 20-D al 11-M, una historia de falacias y encubrimientos
Edición 207 - El fango de la mentira y la corrupción
Edición 206 - Alianza de Civilizaciones, guerra santa y tercera guerra mundial
Edición 205 - Es lícito rebelarse contra la tiranía
Edición 204 - Salvar España es deber constitucional de todos los españoles
Edición 203 - Un gobierno fuera de la ley
Edición 202 - Democracia golpista
Edición 201 - Sólo cambia una hoja en el calendario
Edición 198 - ¿Se romperá el actual triángulo de poder en España?
Edición 197 - El destino de España en manos de alucinados
Edición 196 - ¿Quién podrá abortar el proceso revolucionario que sufre España?
Edición 194 - El arcano del 20 de noviembre
Edición 193 - De tumbo en tumbo hacia el sumidero de la historia
Edición 192 - El cordón umbilical de Elionora
Edición 191 - Rodríguez o el perfeccionamiento de la barbarie
Edición 190 - España agoniza bajo el totalitarismo revolucionario del ‘rojo’ Rodríguez
Edición 189 - ¿Hacia una IV República balcanizadora?
Edición 187 - ¿Será España vomitada por la historia?
Edición 186 - Los otros terrorismos
Edición 185 - La Libertad ha muerto ¡Viva la Libertad!
Edición 184 - España a merced de una OPA multiforme
Edición 183 - El centrismo y la encrucijada del Partido Popular
Edición 182 - Locos, necios, trepadores y truhanes
Edición 181 - Instalados sobre el engaño
Edición 180 - Fundamentalismo laicista
Edición 179 - Entreguismo
Edición 178 - Ignorancia, mentira y disparate
Edición 177 - España es la que arde
Edición 176 - Guerra de civilizaciones
Edición 175 - Las aguas fecales de la política
Edición 174 - ¿Quién manda en lo que fuera España?
Edición 173 - El Árbol de la Vida frente al Árbol de la Muerte
Edición 172 - Carta a mi hermano Jaime que ya está en el Cielo
Edición 171 - Todos somos víctimas
Edición 170 - Una Europa de trapaceros y una España de bribones
Edición 169 - Es hora de sacar a España del pudridero
Edición 168 - El renacido Frente Popular se consolida y muestra su faz siniestra
Edición 167 - Rodríguez oficia los funerales por España
Edición 166 - ‘Oigo Patria tu aflicción’
Edición 165 - La hora de los enanos
Edición 164 - España se desmorona bajo la férula totalitaria
Edición 163 - ¿Monarquía o república? Tanto da cuando con las dos pierde España
Edición 162 - La Iglesia y el mundo, telón de fondo del Cónclave
Edición 161 - El frontismo reaparece bajo el signo del puño y de la rosa
Edición 159 - El PSOE se reencuentra con el estalinismo
Edición 158 - Las campanas doblan a muerto por España
Edición 157 - Dios salve a España
Edición 156 - Europa entre dos fuegos y España a la intemperie
Edición 155 - España se nos va de las manos a toda prisa
Edición 154 - Un referéndum tramposo
Edición 153 - Rodríguez y el PSOE traicionan a España
Edición 152 - Neofrentepopulismo en marcha
Edición 151 - Polanco de emperador, el rey de mensajero y Rodríguez de señuelo
Edición 150 - La constitución hace agua y el rey se tambalea
Edición 149 - España y el carro de combate de Acisclo
Edición 148 - 2004-2005: del caos a un mayor caos
Edición 147 - Navidad desde la lejanía
Edición 146 - Don Tancredo Rodríguez
Edición 145 - La Plaza de la Prostitución
Edición 144 - Caminamos hacia la neosovietización
Edición 143 - Chávez deja a Rodríguez con el culo al aire
Edición 142 - Realidad y ficción
Edición 141 - Anómalas promociones al mando en Interior y Defensa
Edición 140 - La amenaza de Eurabia
Edición 139 - Una España moribunda en una Europa que agoniza
Edición 138 - ¿Quién maneja a Rodríguez contra España?
Edición 137 - Falsificación en rosa
Edición 136 - Los países con temor sólo merecen el destino de los cobardes
Edición 130 - Allí donde Dios tiene un templo, el demonio suele levantar una capilla
Edición 128 - Los cántaros, cuando más vacíos, más suenan
Edición 127 - El talante embaucador de Rasputín
Edición 126 - ‘Volvemos al reino de las sombras, a la caverna’
Edición 125 - La silenciada memoria histórica de un empeño superador de la guerra civil
Edición 123 - Levantar un andamio no es edificar
Edición 122 - Pepito Pisacharcos
Edición 121 - ¿Para qué servirá un piloto que vomita?
Edición 120 - El estigma totalitario del PSOE
Edición 119 - ¿Zapatero remendón o zascandil?
Edición 118 - ¿A qué Europa vamos?
Edición 117 - ¿El último rey de España?
Edición 116 - La trinidad socialista
Edición 115 - La pachanga totalitaria
Edición 114 - Estamos en guerra, imbéciles
Edición 113 - España a merced del terrorismo
Edición 112 - Al poder desde la sangre
Edición 111 - Rodríguez o el cuento de la buena pipa
Edición 110 - La historia ahorca a quienes la ignoran o falsean
Edición 109 - En camino hacia el precipicio
Edición 108 - De aliados de USA a siervos de Francia
Edición 107 - Las elecciones las ganó el terrorismo
Edición 106 - Esquizofrenia terrorista
Edición 105 - Feria electoral
Edición 104 - Desconcierto en la Justicia
Edición 103 - Origen y ocaso del socialismo (y IV)
Edición 102 - Origen y ocaso del socialismo (III)
Edición 101 - Origen y ocaso del Socialismo (II)
Edición 99 - Origen y ocaso del socialismo (I)
Edición 98 - Cucaña electoral
Edición 95 - ¿Sólo con Europa?
Edición 94 - ¿Con Francia o con España?
Edición 92 - El golpe de Estado de 1978 y sus consecuencias
Edición 90 - ¿Qué España será posible?
Edición 89 - ¿Por que tanto empeño en silenciar a Jose Antonio Primo de Rivera?
Edición 88 - Oscuro e incierto se presenta el reinado de Felipe VI
Edición 87 - El futuro de vascongadas atañe a todos los españoles
Edición 86 - Juan Pablo II: revolución y ortodoxia
Edición 85 - Peligro de secesionismo en Argentina: el plan Andinia
Edición 84 - La Guardia Civil sirve a España
Edición 83 - ... y nos llamaron ultras
Edición 82 - La desvergüenza de la ignorancia
Edición 81 - El tararira garzoniano (y 4).- Errores sobre errores
Edición 80 - El tararira garzoniano (3).Garzón se zambulle en el guirigay argentino y compromete a España
Edición 75 - El tararira garzoniano (2).- De Cavallo a Slim y Polanco
Edición 74 - El tararira garzoniano (1). De Pinochet a Cavallo y 46 más
Edición 71 - Hoy, como ayer
Edición 70 - El debate del estado de la ficción
Edición 69 - Los diarios de Víctor Klemperer y de Ana Frank
Edición 68 - Constitución europea y gobierno mundial
Edición 67 - Entre el cazo y el caos
Edición 66 - Desmemoria y demagogia
Edición 65 - Matemáticas electorales
Edición 64 - ¿Cuándo comenzó la III Guerra Mundial?
Edición 63 - Esperpento partitocrático
Edición 62 - El miedo a la verdad no es de los cristianos
Edición 61 - Tres respuestas a tres desvaríos
Edición 59 - Centenario ninguneado
Edición 58 - Juegos peligrosos
Edición 57 - Sangre y muerte: realidad y espectáculo
Edición 56 - Degradación de la Justicia
Edición 55 - España, entre el imperio y el mal francés
Edición 53 - Iraq: La Luna y el Sol deciden
Edición 51 - El Molino Rojo
Edición 49 - Zeus no raptaría hoy a Europa. La pondría a venderse en una esquina
Edición 48 - Una ojeada realista a la guerra en ciernes
Edición 47 - España, Irak y el petróleo
Edición 46 - ¿Y si el tapado de Aznar se llama Rodríguez?
Edición 43 - Carta al director de 'El Mundo'
Edición 5 - La paz en Oriente Medio no es cosa de palomas
Firmas
Abel Abascal
Alberto Acereda
Alfonso Berroya
Alfredo Amestoy
Álvaro Peña
Amilibia
Antonio Castro Villacañas
Antonio Martín Beaumont
Borja Álvarez
Carmen Planchuelo
Enrique de Aguinaga
Ernesto Ladrón de Guevara
Eulogio López
Félix Arbolí
Francisco Daunis
Gabriela Ardiles
Germán Lopezarias
Honorio Feito
Hugo Alberto de Pedro (Buenos Aires)
Ignacio San Miguel
Ismael Medina
Javier del Valle
Javier Neira
Jesús Pozo
Joan Pla
Joaquín Abad
José A. Baonza
José Luis Navas
José María Moncasi de Alvear
José Meléndez
Juan Pablo Mañueco
Juan Urrutia
Julen Urrutia
Luis Irazu
Manuel Salvador Morales
María del Mar García Aguiló
Marta Rivera de la Cruz
Matías J. Ros
Miguel Ángel García Brera
Miguel Ángel Loma
Miguel Martínez
Nieves Concostrina
Óscar Molina
Pancho Linde
Pascual de Bustares
Ramón Sánchez
Ricardo Navas-Ruiz
Vasco Lourinho (Portugal)
Víctor Corcoba
Wenceslao Pérez Gómez
Wifredo Espina
Yolanda Cruz
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