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A reciente visita de Chávez a España no pasaría de ser una mera anécdota si no fuera por dos circunstancias que prevalecen sobre el pintoresquismo del gobernante venezolano.
Una de ellas es su habilidad para mantener su arrogancia, su cabeza alta y su aire de prevalencia, ante quién, según él le había inferido una grave ofensa con aquel ¿Por qué no te callas? que dio la vuelta al mundo, y que él enterró con su jocoso comentario, que sirvió casi de salutación al Rey de España: “Como estamos de vacaciones, ¿Por qué no nos vamos a la playa?”. Lo que, conociendo la idiosincrasia del personaje y del colectivo al que pertenece, -donde el contenido las más de las veces no se corresponde con las palabras-, viene a ser una voz más que se une a las que señalan, equivocadamente, la vacuidad de la función real.
Es cierto que esta visita, - que es una más del periplo chavista por Europa con el que enmascara su objetivo principal: el acopio de armas que viene haciendo incansablemente desde hace años y que tiene un claro propósito para el que quiera verlo: prepararse para una confrontación armada, si fuere necesaria, y lograr el triunfo de su idea de la revolución bolivariana-, deja aparentemente, solo aparentemente, aparcada la tensión existente en la relaciones hispano-venezolanas. Pero lo de quedar zanjadas, como se apresuró a declarar Moncloa, nadie puede creerlo, como no sea Zapatero y su carnal.– adjetivo popular muy usado en tierras hispanoamericanas- Moratinos.
Más tarde, en la entrevista que concedió a TVE, en la que contrariamente a su estilo, se mostró “conciso y breve”, lanzó varias cargas de profundidad revestidas del “fino humor” a que acostumbró a sus oyentes en el fenecido “Aló Presidente”, sobre todo cuando afirmó que Juan Carlos “es muy travieso”, que tenían que haber registrado los derechos de la famosa frase y “repartirse las ganancias al cincuenta por ciento”, y que no iba a revelar de donde provenía la camiseta que le regaló con la pregunta de marras, cuando hasta el más tonto del lugar conoce la procedencia del regalo que, parece, no fue una improvisación cargada de buen y sano humor. O sí.
Por lo demás, bienvenida la “pipa de la paz” de Chávez,- en especial cuando está tan cercana la próxima Cumbre Iberoamericana-, los diez mil barriles diarios de petróleo barato, y la comicidad –con fondo trágico- del chabacano y chocante personaje del que en algún momento hablaremos más a fondo.
LA OLA QUE ARRASA A AMÉRICA
EN sus declaraciones a TVE hay que reconocer que Chávez fue rotundo y veraz cuando aludió a la ola revolucionaria que arrasa América- se refería a la hispana, claro- hasta la Patagonia. Una ola revolucionaria que adquiere más y más fuerza día a día y que es imparable porque los pueblos, sometidos al yugo de los poderosos y explotados por ellos desde siempre, ha descubierto el valor del voto y que con él, unidos, pueden liberarse de la opresión.
Salvo que olvidó decir que esa unidad en el sufragio forma parte de sus enseñanzas y que la revolución que arrasa es la bolivariana, la suya, la que con fe y unción de “Mesías” viene predicando arropado por el poder del petróleo y unos buenos servicios de inteligencia y contra inteligencia – y pido perdón por denominar a estos menesteres así, cuando lo mas propio era llamarles de espionaje y contra espionaje- que mantienen a la oposición venezolana respirando bajito y a los lideres de los países incorporados a su “naciente imperio” marcando el paso y haciéndole los trabajos sucios.
Pero lleva razón en que cada día hay más enganche a las huestes del nuevo Bolívar. Del antiguo habrá que hablar con menos lirismos y más profundidad, como hemos prometido antes respecto a su fiel y entusiasta discípulo que intenta seguir ardorosamente sus pasos. Pero en la lista de espera “revolucionaria” ya están Perú y México, acaso Uruguay y quizá Chile en un futuro, y hasta Argentina o Panamá.
Lo que no es cierto es que los pueblos iberoamericanos, llenos de riqueza,- a pesar del expolio sufrido a los largo de siglos desde afuera, por los que consideraron desde hace más de doscientos años estas tierras como su “patio trasero” y desde adentro por unas castas cavernícolas y voraces que permitieron, y permiten, ese saqueo, mediante la correspondiente “comisión”, naturalmente, -vayan a liberarse de su condición de sometidos. Sólo va a cambiar quienes son los que les someten. Véanse Venezuela, Bolivia, Ecuador o Nicaragua. Es la sempiterna canción de estas tierras: “quítate tú para ponerme yo”.