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ESDE que el matrimonio Aznar casara a la niña, en Moncloa y Génova no ocurre nada bueno. Quizás el cacofónico enlace Agag-Aznar trajo mal fario. Quizás alguno de los más de mil invitados, gran parte de ellos desconocidos, echó algún conjuro. Quizás Agag es gafe y lo de su traslado a Londres con Anita ha sido una sugerencia del presi para alejar sus influencias. Podrían quedarse embarazados, más que nada porque los niños siempre traen un pan debajo del brazo, y a veces, la paz. No sé, pero algo pasa.
En apenas tres meses, el PP no es que haya perdido los papeles, es que los tiene en busca y captura. Desde el 96 aquí no pasaba nada, y, ahora, pasa de todo. Como decía aquél, “to er mundo e güeno”, pero ahora las bases se revuelven. Tanta desgracia junta y sorpresiva debe significar algo. Todo está pringado de chapapote, el déficit cero se ha ido de copas, a los ricos les atracan en sus casas (prepárense, porque los exclusivos diseños Loewe pegarán un subidón para cobrarnos el susto del dueño), el pequeño delincuente se pasea a sus anchas (el grande siempre lo ha hecho), la Justicia tiene jueces pero no tiene juzgados, y a veces, ni sentido común; el paro sube, la enseñanza pública baja, y, encima, los actores se saltan el guión y resulta que saben improvisar.
Poooooobre PP... se le ha juntado todo.
Cuando los artistas se revelan, malo; y cuando a la cultura se la cachea para ver qué esconde, peor. A quien había que haber cacheado antes de entrar al Congreso era al diputado popular por Melilla Antonio Gutiérrez Molina, así se le hubieran podido confiscar las palabras “cállate cabrón” que soltó en el hemiciclo.
Hablar de lo que hicieron los actores en la gala de los Goya y en el Congreso de los Diputados no es nada original, ya lo ha hecho todo el mundo, pero como yo formo parte de todo el mundo, también lo hago.
A mí, particularmente, me agrada ver que alguien se mueva, y me agrada cuando lo hace alguien cuya voz tiene repercusión. Si estoy o no de acuerdo con quien lo diga, lo que diga y cómo lo diga, lo dejo a la valoración que de ello hagan mis neuronas. Me agrada también que a TVE se le meta un gol, porque TVE me lo mete a mí a diario cuando me hurta informaciones no convenientes para el Gobierno o me las da de manera sesgada.
Que un actor, director o productor diga no a la guerra cuando recoge un premio, no va más allá de una manifestación libre en un foro libre. Así lo hizo Imanol Arias en la gala de los Goya de 1997 cuando pidió la libertad de los secuestrados por ETA Ortega Lara y Cosme Delclaux. Y otro tanto hizo José Luis Borau en los Goya del 98, cuando soltó un alegato contra el terrorismo tras el asesinato del concejal del PP Alberto Jiménez Becerril y su esposa.
Nada de aquello tenía que ver con el cine, pero las autoridades presentes, lejos de criticar tales manifestaciones, saltaron como resortes de sus asientos y aplaudieron la iniciativa. La aplaudieron porque sólo se transmitió un sentir popular con el que apenas un puñado de desquiciados no estaba, ni está, de acuerdo. Lo que ahora ha ocurrido es que el sentir popular ya no le interesa ni al Gobierno ni al PP, y hubieran preferido que todos los actores subieran al escenario a cantar aquello de “americanos, os recibimos con alegría”.
Es más, el foro en el que ocurrieron los hechos el día de autos, era tan libre para unos como para otros. Si Eduardo Campoy, el presidente de los productores cinematográficos, hubiera querido decir sí a la guerra, hubiera podido, pero quizás sus buenas relaciones con organismos oficiales se hubieran resentido.
Bush está como loco por bombardear a alguien; necesita ofrecerle al pueblo americano, aunque el pueblo no lo quiera, la cabeza de alguien. Y si no es Sadam, tendrá que ser otro. Lo que diga la ONU o el resto del mundo, a Bush le trae al pairo, sobre todo porque él, como decía el chiste, desconoce lo que es el resto del mundo.
Vigílese a Sadam; si es necesario, acósese a Sadam. Se le puede perseguir y acorralar; se le puede hostigar hasta fatigarle... algo podrá hacer el mundo contra él si ello es necesario. Bombardear Bagdad, bombardear Irak, sea por supuestas armas químicas o por el goloso petróleo, sólo llevará la muerte a quien menos la merece.
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