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STOY en contra de la guerra. De todas las guerras. Puedo entender que en ocasiones, en legítima defensa cuando se produce una invasión, desgraciadamente se desencadene la guerra.
No puedo entender que se establezcan ejes del bien y ejes del mal, según los intereses de países, los poderosos, los que detentan el poder no sólo en sus países, sino en casi toda la tierra.
Reconozco que abomino del régimen de Sadam Hussein, pero también del régimen paquistaní, del chino, de Corea, de las dictaduras latinoamericanas, africanas… Me llama mucho la atención que, a raíz de decidir Venezuela no vender crudo a USA (refina su petróleo y vende gasolina, algo que Bush no imaginaba, y además lo vende a quien quiere) y en Irak hay petróleo, mucho, y el oro negro es el motor de los países desarrollados, lo necesitan perentoriamente sin que cueste quebrantar su economía, sea ahora, diez años después de la guerra del Golfo, que se plantee la “necesidad” de atacar a Irak.
Parece la nueva fiebre del oro, pero a gran escala, a nivel de mandatarios hegemónicos.
Me llama la atención que otros países, de los que se sospecha o existe la certeza de que también cuentan con un buen arsenal de armas de destrucción masiva no entren en los planes belicistas del presidente Bush. Las pruebas de Colin Powell podrían ser ciertas; pero también podrían ser manipulaciones. Curiosamente, ni la CIA ni el FBI han podido demostrar relación alguna entre el terrorismo de Bin Laden y el régimen de Hussein.
Me llama la atención que India y Pakistán estén al borde de la guerra por Cachemira, que ambos gobiernos tengan armamento y poder de destrucción masiva y al gobierno USA no le inquiete, por el momento. Y me mosquea que siempre que está de por medio el petróleo, haya intervención de USA, incluida Venezuela.
Son muchos los países a los que los informes de Colin Powell han dejado llenos de escepticismo. No me creo que a Bush le importe que la población irakí esté bajo la tiranía de Sadam Hussein, como no creo que le importe que tantos regímenes estén en vigor y “gozando de buena salud” (los gobernantes, no los ciudadanos) bajo el auspicio de los poderosos o su indiferencia, que viene a ser lo mismo.
No me creo que quien implanta la pena de muerte, incluso a minusválidos mentales y menores, sea un filántropo defensor de los derechos humanos. No veo humanidad en el presidente USA. Hasta el famoso general condecorado, cuando la guerra del Golfo, por el horror de la ofensiva llamada “Tormenta del desierto”, se pronuncia en contra de la invasión. Digo yo que tendrá elementos de juicio suficientes para ello.
Me viene a la memoria cuando Carlos V y Francisco I de Francia enemigos acérrimos, iban a entrar en guerra. Carlos V se planteó un problema de conciencia: si tenía derecho a enviar a los soldados a la guerra, pensando que por su culpa morirían muchos; Se le ocurrió batirse personalmente con Francisco I de Francia, en un duelo particular que decidiría quién ganaría para evitar la guerra, y lo propuso. Fue su consejero, Ercilla, quien le disuadió y España y Francia entraron en guerra y murieron los que mueren en todas, que son siempre los mismos. Francisco I fue derrotado en la batalla de Pavía. Hubiera sido mejor un duelo entre los dos reyes, y Ercilla perdió una buena ocasión para mantener la boca cerrada.
Sé que es utópico, impensable, algo así como un cuento de ficción. Y me pregunto qué culpa tendrán las poblaciones civiles, incluso los soldados que van a morir, de las presunciones de culpabilidad de unos gobiernos hacia otros. Aunque en el caso de Irak sea verdad que la dictadura del sanguinario Hussein pueda no estar libre de sospechas. Pero es preciso demostrarlo. Que los inspectores de la ONU cuenten con medios y tiempo. El que sea necesario.
PUEDE que alguien crea que por decir esto que estoy de parte de Hussein. No es así, me repugna cualquier tipo de régimen totalitario. No tengo la solución. Sólo impotencia por no poder influir en la decisión de declarar una guerra atroz, donde los “daños colaterales” serán los muertos, siempre inocentes, los que para nada influyen en que el dictador tenga o fabrique armas.
No entiendo por qué pueden tenerlas — y se las venden desde USA, incluso desde España — otros países… Ni por qué USA tiene patente de corso para tener el mayor arsenal de la tierra.
Tampoco entiendo ni acepto que ninguna guerra sea una solución, como tampoco creo justo el bloqueo a países en los que las víctimas son las poblaciones civiles, y los dictadores y sus adláteres continúan, años y años, viviendo, mandando y alimentándose perfectamente, a todo lujo, mientras la gente está muriendo de hambre, enfermedades… por falta de alimentos y medicinas.
Toda guerra es indeseable y rechazable. Y más si la decisión es la de una parte, cuando quedan otras opciones y hasta me atrevería a decir, prescindiendo de todo sentido moral, (como hipótesis, ya que opino que el bagaje moral de Bush y Sadam deben andar parejos) que si USA derrocó a más de un gobierno (alguno, elegido democráticamente) o ayudó a hacerlo — tanto da — podría usar el mismo método para derrocar al régimen de Sadam sin “daños colaterales”, es decir, la masacre que inevitablemente parece que va a producirse. Ya lo ha dicho Bush: diga lo que diga la ONU, si le parece que tiene motivos, y anuncia que los tiene, la guerra será un hecho. Tan inmoral es enviar a la CIA y a grupos militares de elite a pararle los pies al sátrapa irakí, pero podría evitar el baño de sangre previsto. Eso no podría ser, no sería correcto, conculcaría no sé qué artículo de los acuerdos de las Naciones Unidas. Y no creo que la intención de Carlos V para evitar una guerra contra Francia fuera imitada por Bush y aceptada por Sadam, al estilo del far west ni como hipótesis de trabajo. Es más ‘correcto’ despersonalizar. Llamar “daños colaterales” a los muertos, a la destrucción, a las consecuencias que se derivan de la guerra… Al igual que se despersonaliza a los “indeseables” de la tierra en países más o menos estables: “los sin-papeles”, “la inmigración”, “la inadaptación social”, “los ilegales”, “los deshechables”. Todos esos eufemismos que pretenden adormecer conciencias, lavar otras más implicadas en la empresa bélica, ante los ojos de los críticos. Se trata de inmunizar contra el horror, que éste parezca algo normal. Sólo puedo decir que estoy en contra de la guerra en general, de ésta que se avecina y de las que se pudieran desencadenar, con diversas formas y nombres, tras la siempre penúltima guerra.
No importa que por lo dicho se me pueda llamar “antiamericana”, que no lo soy. Ciertamente el señor Bush no es santo de mi devoción, lo que no quita para reconocer que los ciudadanos americanos, el pueblo americano, pueda ser una gente estupenda, con sus más y sus menos, como en todo el mundo… Y no es porque me resulte antipático, que más antipático que Hussein es difícil que alguien caiga. Pero el señor Bush no convence cuando dice que quiere salvar al pueblo irakí, ni al afgano ni al de ningún lado; y tampoco quienes les han ofrecido su total apoyo, sin contar con la ciudadanía. En USA, nadie quiere la guerra — sólo muy pocos — y así lo manifiestan. La información que nos llega, tampoco la considero fiable.
Que nos cuente Bush por qué elige ahora a Irak y no a otra satrapía (ya… lo de las armas…), por qué. Resulta sospechosamente clarificador que la prioridad pueda ser hacerse con el dominio de los yacimientos petrolíferos. Por lo demás, “la gente sobra”, según quienes sean y a qué gobiernos y credos estén sometidos. Y nadie me va a convencer de que los muertos de ciertos países son “menos importantes” que los de otros. Para mí son iguales, injustamente enviados a la muerte o a encontrarla de frente, cuando los misiles y las bombas lleguen hasta ellos.
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