Suscribete al resumen de prensa Recomienda la página a un amigo
Época II - Año XIII
Edición Nº 3901
Vistazoalaprensa.com
Agregar a favoritos
Página de inicio

Imprimir
Diario digital en español: Prensa, confidenciales, artículos recomendados, firmas invitadas y mucho más...
 
 viernes, 24 de mayo de 2013 ESPAÑA
Sumario
Cartas al Director
Prensa
Artículos
Firmas invitadas
Contraportada
Encuesta
Chat
Foro
Compras
Directorio
Medios
Postales
Libro de visitas
Buscanoticias
Enlázanos
Servicios
Buscador
Tiempo
Loterías
Euroconversor
Once
Callejero
Carreteras
Pags. Blancas
Mapa de virus
Ocio
Reflexiones
Humor
TV online
Cine
Teatro
Salud
Radio online
Consciencia
Informática
Montañismo
Encuesta
¿Va Rajoy por el buen camino?
 
  No
  No sé
  Haz click para votar
   
 
 
  Firmas Invitadas - Edición Nº 351
Semana del 20/11/2008
Arráncame el corazón


Carmen Planchuelo
D E tu hidalga compasión
Arráncame el corazón
O ámame
Por que te adoro.


Al oír estas palabras para Juan desaparecía el mundo de su al rededor. Alojadas en su mente, mimadas en su corazón y repetidas para sí mismo en silencio, eran lo único que tenía valor de cuanto a lo largo de la jornada llegaba a sus oídos. Pero cuando realmente tomaban vida, era cuando Inés las dejaba escapar de sus labios húmedos y sonrosados, cuando sobre él posaba su mirada oscura y líquida e intensamente le suplicaba que le arrancara el corazón o que la amara. Sin pudor, ni vergüenza ni recato, sin miedo y delante de todo el instituto, la bella Inés hacía suyas esas frases que no por repetidas, día tras día, para Juan perdían emoción. Mas bien todo lo contrario, de la sorpresa de la primera vez, pasó al convencimiento –casi dos meses después – de que habían sido escritas para él, que eran la culminación de mucho tiempo de espera y contemplación en silencio, de muchas horas de memorizar un texto que no resultaba fácil pero que sin embargo tenía la sensación de que al menos algunas escenas, algunos párrafos, habían sido escritos para él. Daba lo mismo que su autor fuera uno de esos antiguos que tanta emoción producían en don Ricardo, el profesor de Literatura... joder, el tío se ponía a hablar y no paraba, era un poco cargante haciéndoles leer cosas en verso (que entraba una risa que “pá qué”), y luego se ponía a explicar y quería que ellos “participaran”, y no desistía, a pesar de que no le hacían ni caso, y eso que era un tipo legal, de los que no te confiscaba el móvil, ni te miraba como si fueras una cosa rara porque llevaras unos pocos pendientes, también los llevaban los piratas de la pelis, y todo el mundo tan contento... a lo mejor por eso la gente de clase no le hacía la vida imposible ni nadie le montaba números en su aula.

Cuando a principio de curso les propuso leer un libro o hacer una obra de teatro, sólo un par de chicas dijeron que leer pero el resto dijo que mejor hacer teatro, que seguro era más divertido y que de paso entre ensayo y ensayo se hacían unas risas. “¿Y qué obra vamos a interpretar?”, preguntó una de las listillas del curso. Don Ricardo sacó un pequeño librito de su cartera y les dijo: “El Tenorio”
-
- ¿El Te qué...? dijo el pelirrojo.
-
- El Tenorio, so burro, contestó otra de las “listillas”. Es la historia –explicó- de uno que conquistaba a todas las mujeres que le gustaban, por eso a los que ligan mucho, y se van cepillando a todas las que se encuentran les llaman “donjuanes”. Y se quedó tan ancha y tan oreada después de tan compleja explicación.

Durante un rato todo el mundo opinó y habló a la vez pero estuvieron de acuerdo en hacer esa obra pues todos, más o menos, sabían de que iba y si además era de ligar... pues bueno, algo caería, se decían los guaperas de la clase. Aprovechando el entusiasmo de la muchachada, don Ricardo les habló del Romanticismo, de cómo era España a mediados del siglo XIX, que le gustaba a la gente, que no... les hacía ver que aunque esa obra, que ellos iban a representar, tenía mas de cien años, trataba de cosas que eran eternas e intemporales, que siempre interesaban y en las que todos alguna que otra vez pensábamos. O ¿es qué estaba pasado de moda enamorarse?, ¿o birlarle la novia al colega (risas en el aula y más de un codazo). O ¿el miedo a la muerte, a lo desconocido, a los fantasmas?. Remarcó que la obra tenía acción, intriga, amor.

Por un momento el silencio se extendió por el aula del viejo instituto, por un breve instante don Ricardo miró a su grey por encima de las gafas y pensó “aprovecha este momento que nunca más se repetirá”. Y sin darles mucho tiempo a reaccionar les comentó que lo más importante era repartir los papeles pero que para ello era imprescindible “leerse la obra antes”. Y aquí se levantó un murmullo de protesta pero que duró a penas nada, cuando Luis, el cabecilla del curso, comentó que tenía razón el profesor pues para saber cual era el papel más adecuado para cada cual... había que leerse el libro si no ¿cómo coño se iban a repartir los papeles? Ante esta lógica abrumadora, nadie protestó y los alumnos, como mansas ovejas, se plegaron a lo que don Ricardo pensó era mejor: leer la obra en clase entre todos y una vez leída, se repartirían los papeles, había para todos. Si salía bien pues quizás se podría representar ante todo el instituto y sacarse un dinerillo para el viaje de estudios. Ni la más mínima protesta.

Durante el resto del día, no hablaron de otra cosa y mucho antes de ponerle un ojo a las páginas ya se hacían apuestas de quienes serian Don Juan, Doña Inés, el terrorífico Comendador. Secretamente todos soñaban con los papeles principales: las niñas de “piercing” en el ombligo se imaginaban con tocas monjiles y los mozos de cabeza afeitada o pelos imposibles, con ser el seductor Don Juan.

Juan encontró el libro en las estanterías de la biblioteca de su casa. No era grande, de un palmo más o menos y estaba bastante usado. En algunas frases había una marca, un comentario, seguro que eso era cosa de su madre; también encontró papelillos como si fueran señales, alguna flor seca, hojas, definitivo: el libro era de su madre. Le estuvo dando vueltas y lo primero que le llamó la atención fue el título de la colección a la que pertenecía: “Mas allá” y lo que le hizo gracia era el nombre del editor: Afrodisio, vaya, se dijo a sí mismo “no empezamos mal”.

Durante el fin de semana se leyó el libro de tirón y cuando terminó tuvo muy claro que él quería ser Don Juan, que el papel tenía que ser para él pues entre otras cosas era el único Juan de la clase entre tanto Jeremy, Luis Alonso y David, el ser “el único Juan” tenía un valor, pero... al parecer don Ricardo no opinaba lo mismo y cuando a los pocos días se terminó la ronda de lecturas, seleccionó a otro alumno. El guapo del curso: moreno, alto, “echao p’alante”, y un poco bravucón él, también es verdad – y era justo reconocerlo- que leía con gracia, entonación y tenía una bonita voz. Las niñas de clase aplaudieron enloquecidas y empezaron a dar grititos histéricos ¡Pero qué perras que son!, se dijo a sí mismo.... Juan sintió como una puñalada en el corazón al no ser elegido. ¿Qué no iba a hacer ese papel?, ¿qué no iba a ser “él” el compañero de Inés?, ¿qué no le iba a coger la mano y desaparecer con ella entre nubes camino de la Gloria? si hubieran elegido a otra chica pues bueno... se hubiera conformado con ser el Comendador, que eso de hacer de estatua animada y volver del mundo de los muertos tenía su punto pero...con Inés de protagonista tenía más que claro que Don Juan sería él. Además qué que más daba si era tan rubio, tímido, si se ponía como un tomate cuando tenía que hacer algo en público?... tenía muy claro que ese papel lo iba a hacer él, costara lo que costara. Cuando unos días después el protagonista elegido se cayó por las escaleras de la forma más tonta y sin saber cómo, don Ricardo hizo una segunda lectura para éste papel y todos quedaron admirados cuando Juan recitó los versos como si no hubiera hecho otra cosa en toda su vida.

Frente a él estaba Inés que con rostro angelical de novicia sorprendida exclamaba:

-“¿Qué es esto? Sueño..., deliro.”

Y Juan le dio la réplica

-“¡Inés de mi corazón!”

Mientras Juan atravesaba la ciudad aquella tarde de bruma y lluvia, con la mochila al hombro y a buen paso, pensaba que el tiempo más feliz de su vida había sido, estaba siendo, el de los ensayos de El Tenorio. Después de clase se quedaban en el salón de actos y allí ensayaban las escenas. Al principio balbuceaban, leían a trompicones o todo seguido sin ritmo ni entonación o les daba por reírse... pero una semana después cada cual recitaba lo mejor que sabía y se iba metiendo en el papel que le tocaba.

Los ensayos pronto terminarían, la función se llevaría a cabo ¿y después?, pues después nada, o mas bien vuelta a lo de siempre: a no ser nadie y pasar desapercib
Opina sobre este artículo Compartir: Menéame Enviar a un amigo
Últimas Opiniones en el foro sobre este artículo:
Paloma Gonzalez-Tablas - ( 21/11/2008 23:00:24 )
Felix Arboli - ( 20/11/2008 23:38:58 )
Otros artículos del autor:
Edición 582 - Tomando el té en Avon Lodge
Edición 574 - El Carnaval de Tamarán
Edición 570 - Juan ya no está
Edición 564 - Lágrimas al atardecer
Edición 562 - ¿Quién da la vez?
Edición 544 - Me gusta el verano
Edición 536 - Margarita, está linda la mar
Edición 532 - Pan con nata y azúcar
Edición 519 - Rosa Rosae
Edición 517 - 10 Gotitas de lluvia… hacen un chaparrón
Edición 459 - Feliz Navidad desde Logroño
Edición 434 - Un nuevo San Juan
Edición 428 - La dama del Unicornio
Edición 422 - Va de piedras
Edición 416 - Mil caras de Irlanda
Edición 410 - Cosas de mi suegra
Edición 407 - El Belén de mi ciudad
Edición 406 - Entre brillos y destellos: Tiffany & Co
Edición 399 - Mi menda en Nueva York
Edición 388 - Leer en la nube*
Edición 382 - Me prometió una hoguera
Edición 376 - Un helado de chocolate y crema
Edición 373 - Las tiritas de Mafalda
Edición 368 - Primavera
Edición 363 - El susurro de las Musas
Edición 357 - Al despertar (él) : cuento de Navidad
Edición 355 - Bailando, me paso el día bailando
Edición 345 - Morritos pintados
Edición 339 - Rojos con pintitas blancas
Edición 335 - El Quiosco
Edición 330 - Fuegos de San Juan
Edición 325 - Vamos a contar mentiras tralará
Edición 318 - Lo sabe
Edición 311 - Un vampiro despistado
Edición 309 - El Jardín
Edición 305 - El Roscón de Paloma
Edición 303 - Ya tenemos Belén
Edición 300 - ‘Se admiten halagos’
Edición 297 - Rojas con telarañas negras
Edición 292 - Lo que tengo que decir
Edición 284 - Casi rozando el Infierno
Edición 279 - Cantar sí, coser no
Edición 277 - Noche de San Juan
Edición 272 - La huella de los Hermanos Tonetti
Edición 269 - Las mujeres que leen son peligrosas
Edición 264 - El lai de mi sombra
Edición 260 - La cajita secuestrada
Edición 255 - Cuatro en apuros o cosas que pasan en un tren
Edición 248 - .
Edición 243 - En la 'Casa de María'
Edición 234 - Mis cafés, tus cafés
Edición 226 - Lequeitio, Lekeitio...
Edición 223 - Mister Mouse o un ratón a los postres
Edición 214 - “Monsieur je suis devenue la solitude même”, contestó Melissa
Edición 210 - Negrito tropical
Edición 206 - Valentín
Edición 203 - Tajante con los necios
Edición 201 - En la rueda de la Fortuna
Edición 197 - Lo que me legó Francisco
Edición 196 - ¿Cuándo llega Navidad?
Edición 195 - Un cuento gótico
Edición 194 - Las sonrisas de Sole
Firmas
_
Abel Abascal
Alberto Acereda
Alfonso Berroya
Alfredo Amestoy
Álvaro Peña
Amilibia
Antonio Castro Villacañas
Antonio Martín Beaumont
Borja Álvarez
Carmen Planchuelo
Enrique de Aguinaga
Ernesto Ladrón de Guevara
Eulogio López
Félix Arbolí
Francisco Daunis
Gabriela Ardiles
Germán Lopezarias
Honorio Feito
Hugo Alberto de Pedro (Buenos Aires)
Ignacio San Miguel
Ismael Medina
Javier del Valle
Javier Neira
Jesús Ansebar
Jesús Pozo
Joan Pla
Joaquín Abad
José A. Baonza
José Luis Navas
José Manuel G. Torga
José Manuel G. Torga
José María Moncasi de Alvear
José Meléndez
Juan Pablo Mañueco
Juan Urrutia
Julen Urrutia
Luis Irazu
Manuel Salvador Morales
María del Mar García Aguiló
Marta Rivera de la Cruz
Matías J. Ros
Miguel Ángel García Brera
Miguel Ángel Loma
Miguel Martínez
Nieves Concostrina
Óscar Molina
Pancho Linde
Pascual de Bustares
Ramón Sánchez
Ricardo Navas-Ruiz
Vasco Lourinho (Portugal)
Víctor Corcoba
Wenceslao Pérez Gómez
Wifredo Espina
Yolanda Cruz
Yolanda Salanova
Zain Deane (Nueva York)
Cartas al Director
 
Google
 
Web vistazoalaprensa.com

Quiénes somos | Contacte con nosotros | Política de privacidad

Optimizado para Internet Explorer 6 con resolución 1024 x 768
© Copyright Vistazoalaprensa, S.L. 2001-2012