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OMERO, el que fue célebre por sus artículos ilustrados con un gallo, se fue al otro barrio y, como el Cid o como tantos otros héroes y santones de leyenda, ha vuelto a entrar en combate contra el enemigo que nunca muere. Carmen Rigalt se despachaba en su crónica funeral contra los cobardicas que no han querido reconocer que aprendieron el oficio en "Pueblo" y contra los rojeras a los que protegió dándoles cobijo o contra los que "comieron caliente" gracias a Romero y ahora le llaman fascista, olvidándose de los regueros de baba que dejaron en su despacho cuando practicaron "el sinuoso arte del peloteo"... En el escrito de Carmen sólo se destaca un nombre, el de Raúl del Pozo, entre los 200 periodistas que estábamos con Romero en la etapa de su mayor esplendor y magisterio. Por su parte, Raúl del Pozo, al evocar la formidable lección de periodismo que nos dio Romero, se muestra más generoso y cita a los 15 colegas que, a su juicio, son "la generación que ahora manda en los medios escritos y audiovisuales, en la novela y en el teatro" y, después de darnos su nómina, añade que hay "20 más". Tanto Rigalt como Del Pozo, a quienes siempre llevo en mi corazón, han armado un buen pitote con sus claras y rotundas afirmaciones o, mejor dicho, con sus claras y sutiles omisiones. No hay ni un rojo que no se sienta herido por la soflama de mi irónica y adorable catalana de Madrid. No hay ni un solo periodista olvidado o con ganas de que le olviden en este fandango de trepas y de corruptos que es actualmente nuestro gremio que no se sienta un poco "cobardica" después de leer a la Rigalt. Dice Raúl que los 15 citados "y 20 más", son los frutos gloriosos, los hijos de la luz y del poder que parió Romero. Pero digo yo, que tengo buena memoria, que no son "20 más", sino 175 más, contando solamente a los que escribieron y firmaron en "Pueblo", durante los años en que Raúl y yo nos recorríamos La Mancha, él de Quijote en un penco y yo de Sancho en un burro, 16 días y 16 noches de quijotismo puro en lo que dimos en llamar "travesía desesperada de la nada" o, cuando él se iba a Londres, a la sombra del embajador Manuel Fraga y yo a Rabat, a la sombra del embajador Adolfo Martín Gamero, que también fue ministro de Información en el primer Gobierno de la Monarquía. Hablo con los hijos de Romero, Mariví y Emilio, y me dicen que su madre aguanta mecha, pero muy quebrada. Es natural. Yo intento recomponer la figura, tras el hachazo cruel con que siempre nos derriba la muerte, la propia o la del prójimo, y evoco los nombres y los actos de 175 amigos lejanos, pero entrañables.
He aquí 175 periodistas más, mujeres y hombres, vivos y muertos, que también remaron en el barco de papel que capitaneó Romero y que nunca suelen citarse, sabe Dios por qué, en la mejores crónicas de este país. Valga mi retahíla, al menos, para una Historia más completa del periodismo español y para que no se quede en mera frase lo del esplendor de los que aprendieron periodismo a la vera del maestro Romero. Son estos: Amilibia, Alcocer, Aradillas, Acevedo, Aberasturi, F. Álvarez, Antón, Adame, Arias, Aparicio, Aguirre, Ampuero, Asís, Ardila, Arranz, Bethencourt, Boutelier, Bugeda, Bellón, Joana Biarnés, Blanco Tobio, Calviño, Queca Campillo, Cercadillo, Climent, Casado, Cancio, Castro, Cruz, Camarena, Copérnico (Luciano Egido), Cisneros, Carril, Castresana, Cebrián, Cardoso, Cid, Mery Carvajal, Sol Díaz, Del Río, Del Álamo, De Francisco, De la Cruz, Deglané, Rosa de Federico, De la Mota, De Navascues, Delafuente,Lorenzo Díaz, Dopico, Daudet, De Lorenzo, Del Moral, Ercilla, Escartín, Carmen Ester, Rosana Ferrero, Fernández Brasso, Follaca, Ferrón, Carlos Mª Franco, Fernández Feito, Flores Tascón, Fueyo, Gurriarán, García de la Puerta, Garrido, Valentín González, Gistau, Gómez Alfaro, Gozalo, Alejo García, Garrote, Gilera, Carmen Garzón, Conchita Guerrero, Herraiz, Jover, Jalón, Evelio Jiménez, Junquera, Kalikatres, Pablo, Ramón, Molleda, Floro López Negrín, Lopezarias, Leo, Llorente, Ángel Lázaro, Álvaro Luis, Lebrón, Lahorascala, La Torre, Laíz, Loren, Merino, Molés, Martínez Garrido, Marlasca, Mamegam, Minaya, Magali, Marquerie, Mariano Medina, Martín Morales, José L. Martín, Joseph Melià, Diego Moreno, Morales, Martín Semprún, Mellizo, Mariel de Álvaro Santamarina, Pilar Narvión, José Luis Navas, Nodar, Navalón, Núñez Samper, Otero, Ors, Orive, Páez, Povedano, Plaza, Pombo Angulo, Pujalte, Chico Pérez, Pezuela, Piñero, Pérez Castro, Cristina Peña, Palomino, Matías Prats, Pina, Pimentel, Palau, Pedregal, Antonio Prieto, Quesada, Romero Montalvo, Romasanta, Rubio, Ruiz Cano, Rascón, Eduardo G. Rico, María F. Ruiz, Ruango, Xavier Rodrigo, Rodríguez Aragón, Pedro Rodríguez, Juan Santiso, Dámaso Santos, Santos Amestoy, Santalla, Chema San Millán, Eugenia Serrano, Salgado, Máximo San Juan, Manuel Summers, Trenas, Torre Enciso, Utrillo, Valdeón, Antonio y Quique Verdugo, Villacastín, Vizcaíno Casas, José Manuel Zavala y un servidor. Los quince o veinte que faltan están en los magníficos artículos que se han publicado en estos últimos días.
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