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Época II - Año XIV
Edición Nº 4131
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  Firmas Invitadas - Edición Nº 438
Semana del 21/07/2010
España en peligro


José Meléndez
A los muchos defectos de José Luis Rodríguez Zapatero como gobernante, hay que añadir ahora otro más, mucho más peligroso que los ya conocidos: la desesperación del que se siente derrotado. Los sucesivos fracasos han ido mermando sus bríos iniciales que le impulsaban a cambiar un sistema que no le gustaba y sus dos mandatos en minoría le obligaban a hacer pactos que han terminado por asfixiarle y ahora se encuentra solo frente al peor momento de su carrera política. En todas y cada una de sus tretas para configurar una mayoría parlamentaria que le sostuviera en el poder ha ido dejando jirones de la nación por la que tiene el deber de velar y a la que ha arruinado con su política de subvenciones y dádivas para comprar votos parlamentarios, sumiéndola en una crisis que no quiso ver porque eso sería reconocer el fracaso de su discurso optimista y grandilocuente y ahora no sabe como hacerla frente, por lo que ha tenido que ser la Comunidad Europea la que le dé las instrucciones precisas, que cumple mal y a regañadientes.

Pero la desesperación es la peor consejera que existe y ahora encamina todos sus esfuerzos en salvar la prueba de fuego de los Presupuestos del Estado para el 2.011, consciente de que no tiene los apoyos parlamentarios de que ha disfrutado hasta ahora. Y no ha dudado en poner en peligro una vez mas a la nación que gobierna. Para ello está haciendo todo lo posible por atraerse de nuevo el favor de los nacionalistas y ha puesto sus ojos en el único grupo parlamentario que puede salvarlo del desastre, el PNV vasco con sus siete diputados, a los que podría sumar los dos Coalición Canaria, un incongruente partido que se aísla en su insularidad y no atiende mas que a su propio provecho.

Con ser muy graves las cosas que han ocurrido en España en estos dos últimos años, la mas grave de todas es la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, una sentencia ambigua, impropia de una institución que tiene como único objetivo el velar por el cumplimiento de la Constitución española, que, pese a sus defectos, nos ha dado mas de treinta años de tranquilidad y seguridad democrática. Pero el Alto Tribunal no ha estado a la altura de las circunstancias y su sentencia no ha satisfecho a nadie, declarando inconstitucionales catorce artículos del Estatuto y 47 mas sometidos a interpretación. Eso llevó a Zapatero a afirmar con su proverbial entusiasmo antropológico –que, mas bien en estas circunstancias se asemeja a cara dura- que el Estatuto es constitucional porque la inmensa mayoría de su articulado lo son. Y no es así. Prueba de ello es la airada respuesta que ha obtenido en las filas nacionalistas catalanas, con un Montilla llamando a la insumisión y un Artur Mas proclamando que el destino final de Cataluña es la independencia.

En las muchas frases que la verborrea zapateril ha dejado para la historia, todas ellas fallidas posteriormente, destaca aquel: “Pascual, ten la seguridad de que el Congreso de Madrid aprobará el Estatuto que salga del Parlamento de Cataluña”. Mintió, porque después engañó a Maragall en la larga noche de cigarrillos en la Moncloa con Artur Más y después volvió a engañar a Mas autorizando la renovación del tripartito entre los socialistas catalanes y los independentistas republicanos. Y ahora trata de engañar al Tribunal Constitucional y a todos los españoles una vez mas con una interpretación torcida de la sentencia que en sus catorce capítulos rechazados descabeza las aspiraciones nacionalistas, porque temas fundamentales para ellos como son el reconocimiento de Cataluña como nación, la prioridad de la lengua catalana, la financiación o la dotación a Cataluña de una Justicia aparte de la española, han sido declarados inconstitucionales.

La ambigüedad de la sentencia estriba, como indican los votos particulares de cuatro magistrados que votaron en contra, en que no declara nulos esos artículos, sino que dice que “carecen de eficacia jurídica con arreglo a los mandatos de la Constitución” O sea, que pueden interpretarse y pulirse. Y ahí ha encontrado Zapatero la salida al callejón en el que se encuentra metido. Pero la salida consiste en cambiar la Carta Magna para adecuarla al Estatuto, cuando debería ser al revés y ya ha apuntado la posibilidad de una reforma constitucional –para lo que contaría con los votos nacionalistas- que es el mayor peligro que se cierne ahora contra la integridad de España como una nación indivisible. Si Zapatero consigue llevar adelante su proyecto, el mal causado a la unidad de España sería irreparable porque la Constitución es la mayor garantía de supervivencia de una nación y no puede estar cambiándose todos los días a gusto del gobernante de turno. Sin embargo, Zapatero está dispuesto a hacerlo porque para eso conserva todavía en sus manos los omnímodos resortes del poder, esos resortes que han hecho que el Centro de Investigaciones Científicas salga con una encuesta dándole como vencedor del Debate de la Nación con una ventaja de seis puntos sobre Mariano Rajoy, cuando siete encuestas de otros tantos periódicos han coincidido en que el vencedor fue el jefe de la oposición. El “vencedor” sufrió el pasado martes diez derrotas parlamentarias en las enmiendas presentadas al informe del presiente del gobierno y solo aprobó el techo del gasto presupuestario para el 2.011 por la abstención de CiU, que jugó una vez mas a salvavidas del gobierno para demostrar que puede hundirlo cuando quiera.

El gran peligro que corre España en estas pugnas parlamentarias es que Zapatero está indefenso ante las maquinaciones de los nacionalistas y no le queda mas remedio que admitir sus pretensiones si quiere seguir en la Moncloa. Eso lo sabe perfectamente el PNV vasco, que ya ha puesto precio para salvar a Zapatero en el próximo y crucial debate de los Presupuestos: el cambio de la Moncloa por las diputaciones de Vizcaya y Guipúzcoa y el compromiso del PSOE de reconocer las listas mas votadas en las elecciones municipales y autonómicas que, tradicionalmente son las del PNV. La aceptación por parte de Zapatero de esas pretensiones volvería a dar un giro copernicano a la política vasca hacia el soberanismo y por eso el lehendakari socialista Patxi López –que gobierna en minoría con el apoyo del Partido Popular- ha puesto ya el grito en el cielo ante lo que se le puede venir encima.

La conocida egolatría de Zapatero le ha llevado a pretender pasar a la historia como el hombre que alcanzó la paz en el País Vasco, o el paladín de las políticas sociales o el artífice de la Alianza de Civilizaciones y últimamente, el adalid de la lucha contra el cambio climático. Pero ETA ha seguido matando; las tan aireadas políticas sociales se han ahogado en el recorte de salarios a los funcionarios y la congelación de las pensiones; la Alianza de Civilizaciones no ha pasado de una anécdota y el cambio climático sigue haciendo que pasemos del frío al calor y viceversa. Sin embargo, aún le queda un último cartucho: pasar a la historia como el peor presidente de gobierno de la democracia, que hizo posible el desmembramiento de España. Es un galón humillante, pero algo es algo. Y será una realidad mientras el electorado no reaccione debidamente.