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Época II - Año XIII
Edición Nº 3896
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  Firmas Invitadas - Edición Nº 387
Semana del 29/07/2009
ETA, cumple sus bodas de oro flirteando con la muerte


Félix Arbolí
D ESDE que el visionario Sabino Arana estudiaba Derecho en Barcelona y se dejó influir por el incipiente nacionalismo catalán, para implantarlo en el pueblo vasco, la violencia, el asesinato y la masacre, se han convertido en moneda de cambio en ese bello y querido rincón de España. Porque el vasco ha sido siempre una persona muy entrañable para el resto de los españoles. Para los desmemoriados o confundidos con aviesas tergiversaciones hemos de aclarar que los nacidos en esa tierra han estado unidos al conjunto de España, sin imposición alguna, desde los tiempos de la dominación romana sobre la península ibérica. Fue un sentimiento común entre todos los pueblos que la formaban para hacer frente al invasor. Vascos fueron también los que portando la bandera de Castilla y el estandarte del rey y emperador Carlos I, descubrieron, conquistaron y bautizaron gran cantidad de tierras, ríos, mares y ciudades en todo el mundo, con nombres castellanos que hoy figuran en los mapas dando testimonio de una hazaña que ellos realizaron al mando o formando parte de expediciones españolas. Vasco también, de Guetaria, fue Juan Sebastián Elcano, que formando parte como piloto en la expedición española para dar la vuelta al mundo, en la que se descubrió el Océano Pacífico, acabó dirigiéndola por muerte de Magallanes, su primitivo comandante. Estoy hablando del siglo XV, cuando Sabino y compañía no tenían ni pensamiento de aterrizar en ese paraíso norteño, que la insensatez, cobardía y crueldad han terminado convirtiendo en un infierno dantesco. Aún no se hablaba de esa barbaridad científica y el disparate infantil de proclamar que los vascos puros tienen el RH negativo, que sólo se encuentra en el quince por ciento de la población mundial. Un trágala con irrisoria fantasía, ya que mis dos hijos tienen el A-negativo y mi hija el O negativo (universal), y no tienen ni la más remota influencia vasca. Lo cual ni me duele, ni me conforta, lo acepto sin problemas.

En la fundación y desarrollo de esta banda terrorista ha tenido bastante incidencia y culpabilidad una serie de iglesias, monasterios y hasta la Casa de Ejercicios Espirituales de la Compañía de Jesús, -ignoro que espiritualidad podrán encontrar los miembros de esa Orden en un lugar que ha sido utilizado como residencia de violentos y asesinos-, porque fue en este recinto de Guetaria, (la ciudad natal de Elcano), donde se reunió la V Asamblea de la banda que decidió emplear la violencia y el terrorismo en esa lucha incomprensible y despiadada. ¿Quién fue el hijastro de San Ignacio que autorizó dicha celebración y cedió el lugar, para atentar tan gravemente contra las enseñanzas de Cristo y del fundador de la Compañía?. Incomprensible y desconcertante para todo cristiano y materia de propaganda para todo aquel que persigue el desprestigio y la amenaza de nuestra Iglesia. Me sorprende aún más que los Obispos vascos se reúnan para pedir perdón por la matanza de algunos religiosos implicados en la contienda civil, durante el mandato de Franco y callen Sus Ilustrísimas como borregos ante los cuantiosos asesinatos de obispos, sacerdotes y religiosos torturados bárbaramente y asesinados por las huestes del Frente Popular y la República, sin la menor intervención de estas víctimas en el conflicto, sólo el horrible pecado de ser religiosos y estar dispuestos a morir en defensa de su fe. Lo que no serían capaces de hacer ellos, ante la cobardía de anteponer el odio y la separación a la concordia y la verdad. ¿Y pueden seguir llamándose pastores y seguidores del Maestro que fue todo paz, amor y misericordia?. Tampoco me explico que estos destacados eclesiásticos de una Iglesia que si es la ellos, no es la mía, silencien la ayuda prestada en sus diócesis a la constitución, desarrollo y utilización del crimen y la violencia por parte de la ETA, cediéndoles sus propios templos y locales a los asesinos en serie.

Vistas estas graves incongruencias por parte de los que debían dar testimonio de fe, de amor y de paz, no es nada extraño que la serpiente siga su ondulante y sibilino camino de destrucción y de muerte, arrasando, destruyendo y matando con su ponzoñoso veneno de odio y cobardía todo objetivo que no le suponga peligro. Siempre de una forma solapada y cobarde, sin atreverse a dar la cara, escondidos en confesonarios y escuelas o tabernas camufladas y procurando buscar victimas fáciles e indefensas y si son mujeres y niños mucho mejor todavía, ya que así aumentarán el poder destructivo, porque las alimañas no tienen sentimientos humanos. Saben que siempre encontrarán al sacerdote u obispo que renegando de su misión los bendiga, proteja y esconda. A los muertos en el atentado, ni un sencillo funeral, aunque tampoco les harán falta si son estos ministros los que lo ofician.

Un político vasco, perteneciente al PNV, decía que una de las más ostensibles diferencias entre vascos y el resto de los españoles (el omitía lo de “resto”), era que éstos andaban con la espalda y las piernas arqueadas, mientras que los vizcaínos tenían un andar elegante y su rostro denotaba una noble belleza”. (No sabía yo que la violencia y el asesinato eran nobles y bellos). Y el pobre idiota, jesuita desertado, se quedó tan tranquilo después de lanzar esa patochada. Además se refería en exclusiva a los vizcaínos, sin acordarse del resto de las provincias vascongadas. Pienso que lo de andar con las espaldas arqueadas, según manifestaba este Cicerón de pacotilla, puede ser debido a que tenemos un corazón muy grande y nos pesan con exceso los sentimientos, ya que somos incapaces de masacrar a hombres, mujeres y niños indefensos. Respecto al supuesto arqueo de nuestras piernas, (creo que este individuo ha visto muchas películas del Oeste), es debido a que tenemos tan enormes los “bemoles”, que nos impiden cerrarlas. Porque nosotros acostumbramos a luchar cara a cara, sin necesitar la protección y el escondite de un templo del que Dios ha debido irse escandalizado.

Doscientos kilos de explosivos para hacer saltar por los aires a una casa familiar donde se hallaban unas ciento veinte personas. Sesenta heridos y entre ellos, 21 niños que no podrán olvidar tan horrible experiencia. Por lo visto les falló el atentado y no hubo muertos, aunque sí una gran destrucción y un tremendo cráter sobre el lugar del suceso. Seguro que habrán ido a confesarse rápidamente con algún Monseñor o adlátere de su misma cuerda. Es muy importante el perdón de Dios, cuando aún humea la mecha y se viven los primeros momentos tras esa tremenda masacre. “Ego te absolvo…”. Puedo pensar que ese “ego” no tiene nada que ver con Dios, sino que habla exclusivamente en nombre de la persona que lo pronuncia. Y que no vengan ahora las santurronas airadas a criticarme, porque entre estos señores con sotana, que no representan dignamente a la Iglesia y yo, hay una ostensible diferencia a mi favor a los ojos de Dios y de los hombres. Yo al menos no tengo las manos manchadas de sangre, ni he protegido y dado asilo a ningún asesino y menos si mata por rencor, sin una posible justificación, que para la muerte no existe, y sin precisar contra quienes lo hace.

Como estadística curiosa he de aclarar que durante el mandato de Franco sólo hubo 45 asesinatos por parte de esta banda en un periodo de l6 años, desde su fundación aquel lejano día del 31 de julio de l959, -cuyos cincuenta aniversarios se celebrarán el próximo viernes-, hasta la muerte del general. Desde la democracia bendita y alabada, y el desmadre en que la hemos convertido, serían incontables los atentados y las muertes que han tenido lugar. Ignoro la causa de tan enorme diferencia, aunque me la supongo con tanta benignidad y permisividad por parte de algunos jueces, que parecen tener miedo o haber perdido el sentido de la responsabilidad. Y si se pierde el respeto a la justicia y a las leyes, mal camino llevamos.

Ahora vienen las “letanías” d
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dalia - ( 30/07/2009 19:17:02 )
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Edición 247 - ¿Qué celebramos, la Navidad o el Carnaval.?
Edición 246 - Reflexionando sin rencor
Edición 244 - Oración desesperada
Edición 243 - E l R e y d e todos los españoles
Edición 242 - La vida con dignidad
Edición 241 - Mi regreso a la realidad
Edición 240 - El tremendo poder de la mirada
Edición 239 - Las caras del silencio
Edición 238 - El silencio de la cobardía
Edición 237 - Los retales negros de mi vida
Edición 236 - LAS ESQUELAS MORTUORIAS
Edición 235 - Fraga Iribarne: mi personaje de la semana
Edición 234 - Balance de mis seis meses en estas páginas
Edición 233 - La desmemoria histórica
Edición 232 - Quiero confesar mis errores
Edición 230 - ¡En mi nombre, no!
Edición 229 - El dolor de una ausencia
Edición 228 - Dos historias diferentes con una conclusión común
Edición 227 - Antonio, el gitano, un hombre de Dios
Edición 226 - Madrid, el queso de gruyere
Edición 225 - El Papa visita España
Edición 224 - El gran mosaico del mundo, en peligrosa ebullición
Edición 223 - ¡Vivan las cadenas... ‘matrimoniales’!
Edición 222 - El genio que nos llegó de los Andes
Edición 221 - La invasión que no cesa y la estulticia española.
Edición 220 - El muñeco de chocolate y otras elucubraciones
Edición 219 - ¡ El amor, la mujer ideal y el dolor de los cuernos!
Edición 218 - Un día de playa y tumbona
Edición 217 - ¡Consejos para vivir mejor!
Edición 216 - La ilusionada llegada de un nuevo ser
Edición 215 - Regreso al pasado en un emocionado presente
Edición 214 - ¡Siento que quieras dejarnos, Cataluña!
Edición 213 - La hipocresia de una sociedad insensible
Edición 211 - El milagro de la Fe
Edición 210 - Por una sola vez y sin que sirva de precedente
Edición 209 - Un viaje al pasado
Edición 208 - Prohibido fumar
Edición 207 - Cuando un amigo se va… (LA MUERTE Y OTRAS DIVAGACIONES)
Edición 206 - Lola Flores: un triste aniversario
Edición 205 - ¿Dónde está Dios?
Edición 204 - La tercera edad
Firmas
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Abel Abascal
Alberto Acereda
Alfonso Berroya
Alfredo Amestoy
Álvaro Peña
Amilibia
Antonio Castro Villacañas
Antonio Martín Beaumont
Borja Álvarez
Carmen Planchuelo
Enrique de Aguinaga
Ernesto Ladrón de Guevara
Eulogio López
Félix Arbolí
Francisco Daunis
Gabriela Ardiles
Germán Lopezarias
Honorio Feito
Hugo Alberto de Pedro (Buenos Aires)
Ignacio San Miguel
Ismael Medina
Javier del Valle
Javier Neira
Jesús Ansebar
Jesús Pozo
Joan Pla
Joaquín Abad
José A. Baonza
José Luis Navas
José Manuel G. Torga
José Manuel G. Torga
José María Moncasi de Alvear
José Meléndez
Juan Pablo Mañueco
Juan Urrutia
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