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A Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica pide al gobierno que se retire de todos los cuarteles el lema “Todo por la Patria” y se sustituya por el de “Todo por la democracia”. Sería erróneo admitir que se trata tan sólo del exceso demagógico de una izquierda cerril y extrema. La ARMH no es una excrecencia que se aprovecha de la sectaria Ley de la Memoria Histórica aventada por Rodríguez, sino parte inseparable y consecuente de la misma. Personajes y personajillos de la actual neoizquierda, fluctuante entre arrumacos y cohabitación con el gran capitalismo y verborrea revisionista, forman parte de dicha asociación. Y es de sobra conocido que ponen en circulación un falaz iniciativa para que el gobierno la haga suya tras tantear la entidad de eventuales reacciones adversas.
La Ley de la Memoria Histórica va mucho más allá de la presunción generalizada que le atribuye la voluntad de ganar sobre el papel la guerra que el frentepopulismo perdió, en buena parte por méritos propios. Reaviva el rescoldo del hábito soviético de reescribir no ya solo la historia rusa sino la del propio sistema. No existían entonces los recursos de la informática pare recrear imágenes mediante la desaparición de los indeseados e incluso eliminados físicamente del partido. Pero sí habilidosos técnicos en fotografía para conseguirlo. Y ejércitos de funcionarios para reescribir la historia y encubrir las brutalidades del sistema según pintara la coyuntura. Orwell aprovechó su experiencia en la facción roja de nuestra guerra para escribir “l984” y reencarnar en el Gran Hermano el execrable totalitarismo comunista. Rodríguez, huero y contumaz imitador de muy contradictorios modelos, también pretende ser un Gran Hermano en la misma línea antihistórica y neosovietista de Fidel Castro y Hugo Chávez, sus grandes amigos, correligionarios y referentes.
LAS FACCIONES DEL FRENTE POPULAR SE ASESINARON ENTRE SI
ARAGUMENTAN los sicarios de la ARMH que el lema de “Todo por la Paria” fue instalado en todos los cuarteles por norma legal del gobierno franquista del 13 de enero de 1937 y que a su amparo se produjo “la persecución y la represión de cientos de miles de ciudadanos que se vieron limitados en sus libertades , tuvieron que abandonar el país, fueron torturados, asesinados impunemente o hechos desaparecer”. Sería inútil recordar a tales sujetos que el término Patria fue invocado por la izquierda socialcomunista, aunque atribuyéndola a la del proletariado. O que Stalin apeló al patriotismo ruso y eslavo para movilizar y enardecer al pueblo en la guerra contra el III Reich, después de repartirse Polonia con Hitler y asesinar en masa a muchos miles de militares y civiles. Un represión brutal de la que son testimonio la fosas de Katyn, las más famosas pero no las únicas.
No es cosa de recordar la brutal represión en zona roja de todos aquéllos que eran ministros de la Iglesia, seglares católicos y cualesquiera tachados de “enemigos del pueblo”. Pero existen otros muchas víctimas del terror frentepopulista que se silencian. Me refiero a las que se registraron en sus propias filas a causa de los enfrentamientos entre las distintas facciones políticas y sindicales, amén de aquellos combatientes a los que se asesinaba sin miramientos cuando se replegaban ante el empuje del enemigo, tarea a la que se dio Lister con especial fruición.
También se oculta que Santiago Carrillo y La Pasionaria, siempre obedientes a las directrices soviéticas, ordenaron en 1948 el asesinato por sus propios seguidores del cabecilla de una banda guerrillera y comunista en Galicia, Víctor García García, alias el Brasileño, así como de su lugarteniente Teófilo Fernández. El Comité Central del PCE, establecido en Francia, no coincidía con los criterios de El Brasileño, al que destituyó, expulsó del partido y ordenó matar. Al parecer fue ejecutado de un tiro en la cabeza por un tal Marcelino Rodríguez Fernández, alias Marrofer. El PCE atribuyó estas muertes a la Guardia Civil. Pero el historiador alemán Hartmut Heine e historiadores gallegos descubrieron la verdad. Para más datos puede consultarse el reportaje de R. Prieto en “El Faro de Vigo”, reproducido por Minuto Digital (31.08.2009).
Los asesinatos en zona roja como consecuencia de las disputas entre las distintas facciones no se limitaron a la liquidación del POUM, ordenada por el mando comunista. El historiador Manuel Aguilera dedicó su tesis doctoral a este asunto, eludido de manera sistemática por los afectos a la “memoria histórica”. Aguilera alcanzó a precisar los nombres de 982 de estos asesinados, buena parte de ellos enterrados sumariamente en lugares dispersos de España que se desconocen. Pudieron ser bastantes más de cuya existencia no existe rastro. Aguilera entregó personalmente esa relación al juez Baltasar Garzón para que los incluyera en la instructoria de aplicación de la Ley de la Memoria Histórica. Pero el juez estrella, siempre parcial, no dio muestra alguna de interesarse por esta denuncia. Tomo los datos de la información publicada en “El Mundo” (14.09.2008).
UN LEMA CON AÑEJA TRADICIÓN CASTRENSE
SERÏA inútil explicar a los sujetos de la ARMH que el lema de “Todo por la Patria” tiene muy añeja tradición en la historia militar de España, cuando morir por España constituía el mayor título de honra para un soldado. Una sólida tradición que comparece en el himno del Regimiento Inmemorial del Rey num. 1, su última denominación. Fue el primero que se creó en España como tal, a partir del Almansa (1630). Y también en el mundo. Tomó por bandera el pendón que llevó don Juan de Austria en la batalla de Lepanto. Cambió de nombre desde entonces en forma acorde con los avatares políticos, aunque conservó su condición de primero y también de manera intermitente el de Inmemorial. La República lo suprimió en julio de 1936, cuando ya se había modificado su nombre por el de Wad Ras. Recuperó su condición en septiembre de 1939 y disuelto en enero de1985, sería desde 1995 Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey num. 1 del Cuartel General del Ejército. Merece la pena recoger al propósito la siguiente estrofa de su himno:
"Si hay quien dude Patria amada de tu historia,
si hay quien sueñe mancillar tu eterna gloria.
romperá el Inmemorial del Rey el fuego
y el Ejército Español te salvará.
¡Todo por la Patria!
¡Todo por la Patria!
¡Inmemorial del Rey!".
SE PUEDE MORIR POR UN IDEAL, PERO NO POR UNA DEMOCRACIA CORROMPIDA
LA adopción del lema “Todo por la Patria” en el frontispicio de todos los centros militares en plena guerra no fue caprichosa ni oportunista. Además de recoger una antigua tradición castrense, la lucha estaba planteada en aquel tiempo entre la salvación de España como tal y un enemigo que, bajo dirección socialcomunista, perseguía convertirla en Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas, a imagen de la URSS y subordinada a ésta. Y ahí es donde duele a la ARMH. Y también al gobierno Rodríguez.
Mi abuelo Felipe, que combatió la última guerra carlista en las filas isabelinas y a su término ingresó en la Guardia Civil, solía repetirme con orgullo que el “Todo por la Patria” fue el lema por el que arriesgó su vida durante muchos años. Por Dios y por la Patria es honroso morir, pero no por un sistema político perecedero. Nadie muere por el sistema métrico decimal, dijo metafóricamente en una ocasión José Antonio Primo de Rivera. Se está dispuesto a morir, sin duda, por un ideal profundamente sentido. Pero no por una democracia que dejó de serlo para convertirse en un sistema corrompido hasta los tuétanos. Resulta esperpéntica la pretensión de instalar en los edificios castrenses un “Todo por la democracia”, reducida a mera y tramposa función aritmética. También cuando nuestros soldados son enviados a escenarios conflictos lejanos bajo la falsa apariencia de unidades civiles uniformadas a las que se les prohíbe atacar al enemigo que les asedia. La consigna política del poder político actual la concretó el que fuera ministro de Defensa, el siempre melifluo José Bono, al decir que es preferible morir a matar. Pero la cruda realidad en tiempos de guerra radica en matar al enemigo para no morir a sus manos. Lo expresó con rotundidad el general Patton, como recordé en una anterior crónica.
Creo innecesario rebatir de nuevo la realidad histórica e irreversible de que el neofrentepopulismo pretende ganar ahora, sobre el papel la guerra que sus antecesores perdieron entre 1936 y 1939. Y posteriormente la del llamado “maquis”, convertido en puro y duro bandidaje. Pero sí recordar que la II República, en cuanto tal, fue subvertida revolucionariamente tras las fraudulentas elecciones de febrero de 1936. Quienes vivimos los tres años de la contienda en zona roja conocemos de sobra que la República y sus símbolos sólo figuraban en los ámbitos administrativos de gobierno y en la propaganda hacia el exterior. A efectos prácticos no existía un Ejército de la República, sino un Ejército Popular o Ejército Rojo. En las gorras militares, por ejemplo, no figuraba el emblema de la República, sino la estrella roja de cinco puntas. Esa misma que en alguna ocasión ha prendido de sus orejas Fernández de la Vega a modo de pendientes, en clara contradicción con su inclinación burguesa a tardío figurín de pasarela.
EL LARGO PROCESO “DEMOCRÁTICO” PARA INHABILITAR LOS EJÉRCITOS
PRETENDÍA llegar con las anteriores reflexiones a la evidencia de que el desmoche de las Fuerzas Armadas y la subversión de sus valores esenciales emprendidos por el gobierno Rodríguez no son otra cosa que la desembocadura final de un proceso iniciado ya durante el transacionismo democratizador.
El artículo 8º de la Constitución, fue incorporado a forciori para no soliviantar a las Fuerzas Armadas, todavía cohesionadas, y encubrir los objetivos disociadores del Título VIII y del término nacionalidades, cuyo antecedente hay que buscarlo en las constituciones soviéticas. Pero subyacían a derecha e izquierda las típicas inclinaciones de los conversos a hacer olvidar sus orígenes familiares y personales durante el régimen de Franco, amén de en otros el resentimiento por mor de que los suyos perdieran la guerra. Y la victoria de Franco fue militar ante todo, aunque también fruto de un sólido soporte civil. Descafeinar los valores castrenses en un principio y proceder luego a degradar las fuerzas Armadas fue el nervio de un proceso más o menos enmascarado que ahora adquiere dimensiones de aquelarre, con el pavoroso resultado de una casi total indefensión frente a eventuales agresiones externas o subversiones internas como los independentismos nacionalistas, por ahora reducidos a las taifas catalana, vascongada y en parte gallega. Pero se ha entrado de manera consciente desde el poder en una dinámica bastante parecida al cantonalismo en que desembocó la pretensión federalista de la I República.
Ya bajo el gobierno de Suárez comenzaron las rebajas solapadas en el seno de las Fuerzas Armadas, las cuales alcanzaron dimensiones inquietantes en tiempos del teniente general y vicepresidente del gobierno Gutiérrez Mellado. Un personaje en el que alentaba un oscuro resentimiento hacia Franco y sus compañeros al serle negados honores de combatiente por su condición de espía en zona roja. Sospechaban asimismo no pocos compañeros que era doble a causa de su estrecha vinculación con el jefe en Valencia del SIM rojo, Graullera, al que protegió posteriormente y con quien mantuvo un próspero negocio de sastrería militar, además de situar a un hijo natural de éste en las cercanías políticas y económicas de Adolfo Suárez. Sustrajo Gutiérrez del calor popular a los militares asesinados por el terrorismo y ordenó que los militares, mandos o no, salieran a la calle vestidos de paisano bajo el pretexto de que no fueran objetivo fácil para el bandolerismo etarra. Contravenía así dos de los fundamentos de la moral castrense: el honor y el valor.
Pero la arremetida más demoledora sobrevino con la acción institucional del 23 de febrero de 1981, cuyos objetivos de sus muñidores en la sombra, resultara lo que resultara, eran tres: consolidar la monarquía, facilitar el acceso socialista al gobierno con el mismo fin y condenar al Ejército como golpista y antidemócrata ante la opinión pública. Fueron arteramente engañados y convertidos en chivos expiatorios aquéllos que fiaron en quienes, a través no sólo del muy monárquico y vecino al rey, general Armada, persuadidos de que se trataba de una acción institucional encaminada a la salvación de España y del Estado en una coyuntura crítica. El 23-F, como habitualmente se le conoce, sirvió para emprender una purga sistemática en el generalato y las escalas de mando, muy similar en la práctica a la emprendida por Azaña durante la II República. También se estimuló desde el poder el rechazo de las nuevas hornadas jóvenes al servicio militar obligatorio mediante la impunidad para los objetores de conciencia y otras triquiñuelas. Hasta el punto de disminuir de manera nada desdeñable los efectivos de la mayoría las unidades. Se preparaba así el terreno para la inevitabilidad de unas reducidas Fuerzas Armadas profesionales a cuya instauración se vería abocado el gobierno Aznar. Y con el condicionamiento respecto su limitada fortaleza en la eventualidad de ulteriores conflictos armados, acrecida al no disponer, como es habitual en muchos países, de reservistas adecuadamente preparados.
FINAL DE TRAYECTO DEL PROCESO DE VOLADURA DE ESPAÑA
HEMOS llegado con el gobierno Rodríguez a final de trayecto. Inicialmente con Bono y ahora con la Chacón. El primero, criado a los pechos políticos de Tierno Galván y con el añadido de cazurrería manchega, se dio con habilidad y superchería al desmantelamiento operativo de las Fuerzas Armadas. Con la Chacón, nacionalista catalana, pacifista a ultranza y defensora del España es una mierda de su correligionario Rubianes, además de insolvente, asistimos a una sistemática supresión de unidades militares, incluidas las de mayor tradición combatiente como la Legión o la Infantería de Marina, la más antigua del mundo. La dotación de material de guerra de nuestras Fuerzas Armadas es anticuada y reduccionista, como se viene demostrando en Afganistán.
Se transforman las Academias Militares en una suerte vidriosa de centros universitarios para la impregnación pacifista de los futuros mandos. Apenas queda presencia militar en Vascongadas y Cataluña, las dos principales amenazas secesionistas a la ya muy frágil unidad de España. Y si como ocurrió recientemente en unas maniobras en el monte Gorbea, símbólico predio del independentismo vascongado, se coloca la Bandera de España en la torre metálica que lo corona, la Chacón somete a expediente al jefe de la unidad. También se ordenó con anterioridad borrar de una ladera el muy visible “Todo por la Patria” de la Academia de Suboficiales del Ejército de Tierra. O no hace mucho el misterio de Defensa ordenó ceder la explanada de un antiguo cuartel de una unidad suprimida de la Legión suprimido para que los musulmanes de la ciudad pudieran celebrar su fiesta del Ramadán. ¿Y qué decir de la substracción a las Fuerzas Armadas de un importante contingente de efectivos para constituir la Unidad Militar de Emergencia, inequívoca y muy bien pagada y dotada guardia pretoriana de Rodríguez bajo el disfraz de un cuerpo nacional de bomberos militarizados?
Nada de insólito encierra que la ARMH, vinculada a al PSOE, a IU, a los separatistas y al gobierno reclame la supresión del lema “Todo por la Patria”, cuando España, nuestra Patria, está siendo desmantelada desde el poder y su nombre apenas si es ya una cobertura publicitaria sin sentido, igual que lo era para el Frente Popular de antaño. La única diferencia entre el entonces y el ahora reside en que se ha cambiado la dependencia del internacionalismo soviético por la sumisión a la ONU, mero instrumento del Nuevo Orden Mundial. Morir por España fue una honra. Y una deshonra, además de una majadería, morir por el futuro, totalitario y supercapitalista Gobierno Mundial.
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