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EÑOR Bengoa: tras tres intervenciones quirúrgicas y tratamientos posteriores por sarcoma sinovial -tumor maligno y agresivo que suele afectar a niños y jóvenes-, tras años de lucha, a uno de mis hijos hubo de amputársele el brazo derecho (es diestro) por encima del codo, es decir, completo. Tras el dictamen del Equipo de Valoración de Minusvalías de Bilbao -que no tuvo en cuenta que la amputación fue consecuencia de enfermedad oncológica (ver normativa al respecto)-, cursé reclamación previa a la vía judicial -aún sin respuesta, a pesar de ser presentada en septiembre- para reconocimiento del grado que le correspondería. Ahí nos encontramos con una barrera más: las prótesis de brazo no se cubren en su totalidad, como sí ocurre con las de la piernas. No llega ni a la mitad del coste, y hablamos de las prótesis más simples y menos funcionales.
Creo que se incurre en un serio agravio comparativo que se añade al trauma y estrés postraumático que sufre mi hijo. El quebranto económico familiar para costear la prótesis resulta gravoso para la mayoría de los contribuyentes, y me incluyo.
Como sabrá, para que el departamento que usted dirige apruebe una prótesis híbrida (con mano mioeléctrica), que es la que se le ha prescrito a mi hijo, hay que tener amputados los dos brazos. ¿No es suficiente tener sólo uno, que se requiere no tener ninguno para poder llevar una vida seminormal en cuanto a valerse por uno mismo? Cosas tan rutinarias como cortarse las uñas, pelar una patata o cortar la carne son algo imposible para un amputado.
Entiendo que estamos pagando impuestos para que éstos se inviertan en cuestiones prioritarias de salud; sin embargo, vemos con indignación el suntuoso edificio acristalado edificado recientemente para las oficinas de Sanidad en el centro de Bilbao, mientras se niega a personas con minusvalía la prótesis indispensable tanto física como psíquicamente. Nos dicen que al haber muchas más amputaciones de miembros inferiores que de superiores, éstas no se cubren por obedecer a accidentes que cubren las mutuas. Que son casos raros. Pues más a mi favor, señor consejero.
Apelo a la cordura, al principio de igualdad y solidaridad, y espero que ninguna persona más tenga que pasar por la apisonadora burocrática tras una tragedia que merme sus capacidades físicas, y que se termine con los agravios comparativos pues, como sabe, se supone que todos somos iguales ante la Ley, aunque como dijo Orwell, "unos más iguales que otros".