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N médico progresista, adscrito a la izquierda pura y dura, desde las alturas económicas y sociales de su cargo público en una empresa pública del gobierno balear, ha caído en picado sobre un pobre y consagrado pájaro romántico, también adscrito a la izquierda más gloriosa y añorada, que habita, sin poder volar, en los bajos fondos de mi ciudad, Palma de Mallorca.
La querella criminal está en marcha. El doctor Josep Carbonero ha decidido llevar al sacerdote Jaume Santandreu a los Tribunales y, de paso, le pide una cantidad de dinero que jamás ha visto ese líder de la miseria social en su puñetera vida.
Jaume Santandreu Sureda es un mallorquín de Manacor, cura, poeta, novelista, republicano y sindicalista del Sindicato de los Excluidos, que es el sindicato de los que, en puridad evangélica, son pobres y bienaventurados de Dios, o sea, carrilanos, marginados, enfermos terminales, etc. El cura Santandreu vive con ellos, como ellos, en familia y a pie de obra, por la mañana, por la tarde y por la noche. Santandreu tiene un brillante historial académico: fue latinista y humanista en el Seminario diocesano de Mallorca y, por oposición, filósofo y teólogo en el Colegio Mayor de Nuestra Señora de la Sapiencia, que es donde estudiaban y terminaban la carrera, becados con habitación, alimentación y estudios, los seminaristas más relevantes del archipiélago balear. Fue misionero en Perú y ha ganado premios importantes de poesía y de novela, amén de ser célebre y polémico en los medios de comunicación y en los ambientes más repolludos de la sociedad en que vive y habla. Así, cabe recordar su aparición en "Interviú", hace años, cuando dijo aquello de "a mí, el obispo me la sopla" o los dos años de mordaza y de silencio que le impuso su actual obispo, Teodoro Úbeda, cuando Santandreu anduvo predicando políticas de partido en la plaza pública, con un tenderete como el de la castañera o el de las pipas, a favor de los memorables Àngel Colom y Pilar Rahola, desaparecidos en combate y reaparecidos en "Crónicas marcianas" y en otros programas televisivos de pavorosa y multitudinaria audiencia.
El doctor José Carbonero Malberti, especialista en anatomía patológica, director gerente de la empresa pública del Gobierno balear Gestión Sanitaria de Mallorca (GESMA) , que gestiona el Hospital General, el Hospital Joan March y el Hospital Psiquiátrico, acaba de ponerle a Santandreu una demanda judicial de tutela del derecho fundamental al honor, motivada por el artículo "Complot contra l'Hospital" que publicó Santandreu el día 6 de enero de 2003 en "El Mundo-El Día de Baleares", donde, con su verbo poético y pugnaz, le lanza cuatro o cinco epítetos al referido doctor Carbonero que, como bien dijo el veterano periodista local Planas i Sanmartí, le hieren plenamente, como torpedos de alta precisión, en su línea de flotación. Santandreu defiende al Hospital de Manacor, bajo el supuesto de que Carbonero pretende cargárselo o someterlo a su estricto y total dominio. En resumen, la "papela" ya obra en poder de Santandreu y del director, Eduardo Inda, de "El Mundo-El Día..." que es responsable subsidiario, según reza la demanda interpuesta por el procurador Mateo Cabrer Acosta.
Carbonero le pide a Santandreu sesenta mil euros de indemnización, o sea, diez millones de pesetas, para lavar su honra. Me recuerda, mira por donde, la primera demanda que se interpuso en Mallorca, en 1976, contra un periodista. Entonces fue Blas Piñar el que pidió también diez millones de pesetas, para limpiar su honra, al periodista que, para tener esa cantidad, hubiese tenido que trabajar casi veinte años, puesto que los sueldos de redactor en Mallorca eran entonces de cincuenta mil pesetas al mes. Es claro que conozco bien el caso, porque fui yo el que, en la euforia de la libertad de expresión recién estrenada, me metí a saco con Blas Piñar y con sus guerrilleros de Cristo Rey. Entonces, también implicaron a Antonio Pizá como responsable subsidiario, por ser el director del periódico en que publiqué mi artículo. Ni un céntimo se llevó Piñar de este pobre menda. Y el diario "Baleares" tampoco pagó nada. Ahí está la hemeroteca, para más detalles.
En el contencioso de Carbonero contra Santandreu, más que las soflamas a favor de uno y en contra de otro, lo más decente y conveniente será esperar a ver qué dicen los jueces. Tengo el presentimiento de que los Tribunales tendrán que dedicarse a otras causas más graves. Lo mejor sería que la querella fuese retirada. Lo mejor sería, creo yo, que Carbonero recapacitase un poco acerca de lo desproporcionado e incongruente que resulta lo de pedirle sesenta mil euros a quien no tiene más capital que el de su palabra y su trabajo de cocinero, no de pontífice, en la comuna de los más pobres y más enfermos y más excluidos de Mallorca. Lo mejor sería que Carbonero edificase su verdadera honra rebatiendo en un artículo las infamias que ha podido inferirle ese maldito poeta de los pobres.
En última instancia, lo mejor sería que Carbonero gestionase, hablando y negociando con los prebostes que le honran con su amistad, una subvención anual de sesenta mil euros, menos da una piedra, para los que, desde hace tiempo, no han recibido nada, lo que se dice nada de nada.
Cuando vea a Carbonero, con quien jamás he tenido citas o comidas pendientes, pero sí buenos encuentros cuando escribí y publiqué "Las Orlas, memoria de un tiempo feliz", le preguntaré si ha leído lo que escribe Santandreu acerca del honor en uno de sus últimos libros. Dice así, en catalán, lo que a continuación traduzco: "Los antiguos moralistas colocaban el honor en el peldaño más alto de los valores humanos, por encima de tesoros tan intocables como puedan ser la verdad, la justicia o la libertad...No se entiende que cualquier ciudadano pueda llamar a la policía cuando un vulgar ladrón le roba la cartera y, en cambio, no sepa a quien llamar cuando una mala lengua le roba el tesoro de su honra. .."
Creo sinceramente que Santandreu no ha intentado nunca robarle la honra a Carbonero. En todo caso, le hubiese robado la cartera, sólo por asegurar, siquiera un día más, el alimento y la salud de sus camaradas, los excluidos.