H
E de reconocer que no tengo tanta imaginación como creía. Recordarán ustedes que hace dos semanas me descolgué, en esta misma página, con una suposición de lo que podían hacer los programadores de televisión en España con el Pilón de San Martín de la Vega restaurado. Imaginaba yo aquello de producir un programa de los que ahora se llevan tirando al abrevadero a famosetes y listillos de medio pelo con ansias de ganar dinero rápido sin trabajar. Mi gozo en mi apellido. Hay que ir preparándose para lo que se nos viene encima de aquí a pocas fechas.
Resulta que en Estados Unidos y en algunas televisiones del Reino Unido se ha emitido un programa en el que ha hablado la difunta lady Diana por boca de una médium. En el plató, además de otras supuestas intermediarias con el más allá, se encontraba el frustrado suegro de la llamada “princesa del pueblo”, el padre de “Dodi”, dando fe de que era Diana. Dicen que dijo que junto a ella se encontraba Teresa de Calcuta, y que, si no llega a morir su cuerpo, se hubiera casado con el multimillonario heredero árabe.
Me veo dentro de algunos meses con la programación del invierno que viene oyendo a Lola Flores decirle a la tal bruja Lola que había pagado todos sus impuestos y que nunca tuvo un romance con Manolo Caracol. Que su hijo Antonio se encuentra hecho un brazo de mar, desintoxicado, y que le manda recuerdos a los “Ketama”. Con este argumento, Sardá tiene el éxito asegurado durante otros cuantos años más. Seguro que es capaz de conseguir que el individuo que se apellida Matamoros hable a través de Aramis Fuster con Rafi Escobedo y nos cuente la verdad de lo que pasó con sus suegros. Y Ana Rosa Quintana podrá hablar con el espíritu de su ordenador y demostrar que jamás plagió a una escritora. Seguro que remonta el desastre de audiencia que cosecha desde hace ya algunos meses.
Con estos precedentes, cómo no voy a plantearme que pueda ser verdad lo que andan diciendo por ahí sobre que Aznar está empeñado en la guerra de Irak porque Bush le ha prometido que habrá gran tajada para las empresas españolas (sí, son los mismos de siempre) en la reconstrucción de Irak. Cómo no voy a pensar que es posible, como dicen otros muchos, que la CIA mantiene a raya a los asesinos de la ETA para no desestabilizar al presidente colaborador español en momentos tan delicados como estos. Cómo no voy a poder pensar que, tal y como desearía defender Álvarez Cascos, Felipe González es realmente el culpable de que el AVE no llegue a Lérida.
No se lo tomen a broma. A pesar de lo que dice el mentalista Antony Blake, olviden que todo es producto de su imaginación. Es producto de los que nos quieren imbéciles y derrotados moralmente para acumular más poder y tapar más vergüenzas mientras nosotros alucinamos delante del televisor sin necesidad de tomar otras drogas.