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ANTEN conmigo: “No la llamen ilusa, porque tenga una ilusión. La ilusión de prometer lo inalcanzable, la ilusión de vivir de la ilusión. No la llamen ilusa, porque tenga una ilusión. La ilusión de su Trinimaratón, la ilusión de vivir de la ilusión”. ¿Qué tal suena?
No quiero hacer mofa y befa de Triniá, mi Triniá. Intento resistirme, porque es la candidata de mi partido favorito, pero precisamente esto es lo que me lleva a preguntarme si no había alguien mejor. Lo malo es que si miro a la derecha me encuentro a Gallardón y el botellón, perdón, la Botella, y entonces las neuronas se me enredan y me confundo más que Dinio con la noche. Y si miro a la izquierda, veo a la candidata Inés Sabanés (IU), lo cual me quita las ganas de pronunciarme.
Intentaré pensar en voz alta para transmitir a las teclas tal confusión. Ya he dicho en otras ocasiones que La Trini me parece una muchacha pija que se está haciendo un máster de Madrid para convencernos de que conoce esta ciudad como nadie y que es una ciudadana de a pie capaz de empaparse Madrid en dos paseos (para ser concretos, setenta actos en diez días), y siempre con las cámaras a cuestas (los periodistas gráficos de “El País” sufren pesadillas protagonizadas por la Trini).
La Trini, como todos, padece “prometitis”, una patología grave, con picos virulentos cada cuatro años, que sólo afecta al colectivo político y que ataca a la zona de la corteza cerebral donde se aloja la buena conciencia. Dicho de otra manera: quien la padece no se corta un pelo en prometer a cada uno lo que quiere oír sin sufrir remordimientos.
He dado un repaso a las promesas que vengo oyendo, y aviso de antemano que lo hago con cierta mala leche. A los vecinos de Vallecas les prometió el soterramiento de las vías del tren y la construcción de un bulevar y un colegio; a los de Campamento, piscinas públicas, polideportivos, más bocas de Metro y el soterramiento de una de las líneas; a los de Legazpi, un centro educativo y viviendas de alquiler para jóvenes; a los del barrio de Salamanca, que la recibieron a ritmo de chotis sin saber que la Trini había dicho que quería acabar con el folclorismo de Madrid, más espacio para el ocio, los deportes y la vida social (para quien no conozca este barrio, decir que es de los más “fisnos”, elegantes y pijines de la ciudad); a los vecinos de La Guindalera les prometió mejoras y mantenimiento en los centros educativos; a los de Chamberí les dijo que iba a convertir la zona de Fuencarral y Bilbao en “un pequeño Broadway” y que iba a construir viviendas sociales; a los de Carabanchel, que iba a recuperar el velódromo como instalación olímpica (gran metedura de pata porque ya lo habían declarado como tal), que iba a negociar el uso civil del hospital Gómez Ulla y que convertirá la antigua cárcel en equipamientos sociales; a los madrileños, en general, que conseguirá viviendas para 60.000 familias, que cuatro veces al año organizará “La larga noche de los Museos”, que va a hacer no sé qué con la M-30, que el Senado debía irse a Barcelona (otra metedura), que va a trasladar el Ayuntamiento a Correos (y otra).... Lo que yo digo: prometitis aguda.
La Botella no va para alcaldesa, pero sólo de momento. Pero el hecho de que aparezca en las listas de Gallardón, alias “El inaugura-parques-temáticos”, me impide dar el voto al partido al que tan dignamente representan. Mucho menos desde la reciente estupidez que la señora Aznar, la gran visir de Moncloa que quiere ser califa en lugar del califa, soltó sin reparar en prendas: ahora resulta que el PP “hizo emerger” el problema de la violencia doméstica, y que sus antecesores, los del PSOE, lo callaron. Señora Botella, los verdaderos antecesores del PP fueron los instalados en el gobierno de este país antes de 1975, los mismos que decían que en España no existían las violaciones a mujeres, sencillamente porque a ver quién era la guapa que las denunciaba sin que la llamaran puta en comisaría. Decir que las mujeres de izquierdas, en cuanto pudieron hacerlo, no se han dejado la piel en defender los derechos de las féminas de este país, es, no ya un atrevimiento imperdonable, sino una burla a quienes han arriesgado mucho dando la cara mientras usted era, junto con sus doce hermanos, una privilegiada hija de una familia bien con estudios universitarios.
Todas estas reflexiones en voz alta no es nada más que una llamada de auxilio a los lectores para que me sugieran, alienten o faciliten pistas sobre a quién es conveniente votar. Yo no soy de las que se queda en casa los domingos electorales, pero estoy por irme el fin de semana del 25 de mayo a darme un garbeo por las Azores, a ver si me topo con el famoso anticiclón y mientras se me olvida la interesada, oportunista y desconsiderada clase política municipal que nos ha tocado a los madrileños.
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