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ELEO la noticia: “Alierta decide vender a Lara el grupo Antena 3”, lo que significa que José Manuel Lara, hombre fuerte del Grupo Planeta, y Luis María Anson, presidente de "La Razón" le han ganado el pulso a Jaime Castellanos y a José María Bergareche en la compra de Antena 3. A los que trabajamos en los medios de comunicación, las noticias que se refieren al trasiego de las empresas que cambian de dueño, sólo nos afectan o conmueven, si el cambio de patrón modifica, para bien o para mal, nuestras condiciones de trabajo, esto es, nuestro cargo, nuestra función, nuestro sueldo o nuestro despido. Esto último, se suele producir de dos maneras, una dura y otra blanda: o te ponen de patitas en la calle o te ofrecen una “baja incentivada”.
Hace cosa de año y medio, por razones que afectan a mi conciencia, decidí cambiar de empresa y dejé de escribir y de dibujar en los periódicos de Pedro Serra, donde he publicado a diario durante 25 años. La entrada de Anson y Lara en Antena 3 afectará, supongo, al grupo Serra que, si no estoy mal informado, todavía mantiene, con su hija Paula al frente, la dirección en Palma de Antena 3-Televisión. Me comentaba un viejo amigo, uno que ocupó un alto cargo en la primera Antena 3 que se instaló en Mallorca, que tanto Anson como Lara, si llegaban a desembarcar en Mallorca, podrían ofrecernos, a él y a mí, dos buenos cargos, en virtud de la buena amistad que siempre nos ha unido.
Me costó Dios y ayuda convencer a mi amigo de lo inviable que resulta su presunción. Además, los que peor han hablado de Anson y de Lara siguen desempeñando sus cargos de dirección y asesoramiento ideológico y comercial en los medios democráticamente opuestos a la línea editorial que, hasta la fecha, ha propugnado Anson, primero en el diario “ABC” y después en “La Razón”. No parece razonable que, si Pedro Serra se mantiene en Antena 3, los hombres y mujeres que, aparentemente, son más afines a Luis María Anson y a José Manuel Lara en esta latitud mediterránea, como podrían ser Valentí Puig, Basilio Baltasar, María Pau Janer y tres o cuatro más, sustituyan a los ya veteranos directores y asesores de Pedro Serra, como son Joan Riera, Pere Comas, Llorenç Capellà, Pere Fullana, Bartolomé Beltrán, Joan Mir y otros. Sin embargo, todo es posible y, en política y en negocios, siempre está en vigor la letra del tango “Cambalache” que cantaba Gardel.
Me costó Dios y ayuda, ya digo, convencer a mi amigo de que, a nuestra edad, lo mejor es la serenidad, los buenos alimentos y los buenos paseos al aire libre. Yo, de Lara y de Anson, tengo muy buenos recuerdos. Supongo que a ellos les pasa lo mismo con respecto a mí. Para no alargarme, recordaré algo de lo que he escrito y publicado acerca de Anson. De Lara hablaré otro día.
Confieso que me fui por las ramas de la Literatura, cuando hablé de Luis María Anson en ocho párrafos de mi libro "La trama civil del golpe", editado por "Planeta" en 1982. Confieso también que siempre, en mis escritos, he tratado a Anson con un sincero sentimiento de admiración profesional y siempre me he referido a él con respeto y reconocimiento, quizá porque recuerdo dos ocasiones concretas de mi vida profesional en las que ha influido bastante, quizá sin percatarse, en mi destino.
La primera, cuando fue miembro del jurado que premió mi novela "Hora de muertes" y manifestó públicamente que yo era uno de los mejores escritores con que contaba el periodismo de los años setenta en España.
La segunda, al ofrecerme una corresponsalía de la Agencia Efe en América, cuando cerraron el diario que yo dirigía en Madrid. Nunca fui corresponsal de EFE en América, pero la oferta de Anson estaba en pie.
Hablando de sus méritos periodísticos, escribí: “En otro tiempo, bajo la vara de Franco, se usaba mucho aquello de ser el "número 1" de las respectivas promociones. Todos los que llegaban a ministros en aquellos tiempos del difunto general ostentaban en sus carteles de propaganda lo de haber sido el "número 1" en sus carreras profesionales. De este modo, siempre que se hablaba de Anson en las solapas de los libros y en las reseñas enciclopédicas de la época, se decía que fue el "número 1" de la promoción oficial de periodistas de 1957. Incluso Luis Miguel Dominguín, que no tenía estudios superiores, se dejó contagiar por la vanidad de aquel tiempo y, después de cortarle las orejas y el rabo a un toro bravo, levantó el dedo índice y se autoproclamó como el "número 1" de los matadores. Desde hace veinte años, nadie se pone esa "flor" en el "curriculum", salvo que quiera ser objeto de la rechifla general. Ahora, los posmodernos ya no usan lo de ser el "número 1" de sus promociones. Pero Anson lo fue y los que somos de su quinta y de su gremio todavía lo recordamos. Umbral prefiere llamarle "amor", cada vez que nos recuerda en sus escritos que ya tiene el premio "Mariano de Cavia", igual que él y que Octavio Paz, por citar sólo a dos eminencias de nuestro oficio.” En una vieja carta mía, de la serie “Cartas de plural amor”, publicada el 2 de diciembre de 1995 en el diario “Baleares” de Palma de Mallorca, le decía yo a Luís María Anson: “Como periodista has alcanzado tu ideal, que era el de llegar a ser director de "ABC". Yo empecé a seguirte cuando dirigías la revista cultural "Círculo" y, también, cuando me precediste en la noble y arriesgada tarea de corresponsal en el extranjero. De aquellas "batallitas" nuestras en el ojo del huracán ya sólo quedan divertidos cuentos para nuestros nietos.
De tu etapa como colaborador de "ABC" y de "La Vanguardia", así como del período que pasaste impartiendo doctrina en la Escuela Oficial de periodismo, recuerdo que nunca te consideré como al "hermoso segundón de la causa monárquica. ", como dice Umbral, Todo lo contrario, siempre te tuve por un "primer espada" y bien se corrobora mi opinión de entonces con las cosas que hoy nos cuentas en tu magnífico libro sobre "Don Juan".
En 1966, cuando asomé por Madrid y empezó mi singladura periodística a la vera de las grandes firmas, publicaste un artículo magistral en la "tercera" de "ABC" y se armó la gran bronca en los estamentos oficiales del franquismo. El artículo se titulaba "La Monarquía de todos" y motivó el secuestro policial del periódico y, para ti, un año de exilio.
Por aquellas fechas, apenas habías cumplido treinta años, pero ya te movías en los círculos de poder como un experto y los altos cargos del establecimiento, tan azules y antimonárquicos, te consideraban peligroso. Al menos, eso se decía en las tertulias de "Pueblo" que presidía todas las noches Emilio Romero hasta la madrugada, rodeado de las mejores mozas de buen palpar, que pronto se hicieron famosas.
Años más tarde, en noviembre del 75 y en pleno fragor de la "marcha verde", entrevisté a Don Juan de Borbón en Rabat, en el momento en que Don Juan Carlos empezaba a ser Rey. Se tituló aquella larga entrevista con una frase textual de Don Juan de Borbón: "Juan Carlos será el Rey de todos los españoles". Fue una primicia y una exclusiva que supieron aprovechar muy bien los que dirigían "Pueblo" por aquellas fechas. Su contenido doctrinal no era otro, por parte de Don Juan, que el que tú habías expuesto en tu célebre artículo del 66. Incluido el Premio de Comunicación "Príncipe de Asturias", todos los premios importantes de periodismo adornan tu biografía… Entre los libros que has publicado, recuerdo ahora, mientras contemplo el polvo de sus lomos en mi estantería, los siguientes títulos: "Maurras, razón y fe", "La Monarquía hoy", "La justa distribución de la riqueza mundial", "Acción Española" y "La negritud”
Tú estuviste de corresponsal en Hong Kong y fuiste testigo directo de las guerras del Vietnam y del Congo. Nunca se te vio metido en riesgos espectaculares como los que protagonizó nuestro querido y muy llorado Manolito Alcalá, el que nunca fue periodista con carnet, ni "número 1" de la Escuela Oficial de Periodismo. Tampoco tuviste el talante aventure