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EL resacón futbolero, por lo que para España supuso el último campeonato del Mundo, celebrado en Sudáfrica, finalizado hace apenas una semana, como todo el mundo sabe dentro y fuera de nuestras fronteras, me despierta la noticia: Ha marchado a Tetuán, con las fuerzas del Regimiento de Asturias, el distinguido suboficial D. José Luís Zapatero, que voluntariamente se ha ofrecido a prestar sus servicios en África…, es un suelto que publica ABC y que me envía, desde Grado (Asturias), mi amigo don José Álvarez San Miguel. Estoy que no doy crédito a lo que leo y pienso que Dios es justo… se ha marchado voluntariamente a África, bueno a Tetuán que aunque está en África, está cerca, pero en África al fin y al cabo y se ha ido voluntariamente, allí, a prestar sus servicios. Será que lo de la alianza de civilizaciones continua adelante. No acierto a entender si se ha ido solo o se ha llevado a Pajín, Alonso, Rubalcaba, Manuel Cháves y demás miembros de la camarilla, incluidas Trinidad Jiménez, De la Vega y la titular de Economía, porque el suelto que publica ABC, dice textualmente que, el hecho de irse, es un acto que ha sido muy favorablemente comentado entre sus numerosos amigos, y ahí no he podido evitar acordarme de algunos importantes empresarios, aquellos que le aconsejaban, cuando la crisis económica se acercaba a nosotros y nos amenazaba como un tornado, para arrebatarnos lo poco que nos queda, le aconsejaban aquello de: no, José Luís, tu no hables de crisis, eso déjaselo a Solbes… ¿se acuerdan?
Por otra parte, la noticia no me dejaba lugar a la duda después de ver al titular de Exteriores en las páginas de las ediciones digitales del domingo 18, con turbante y manto, a la sombra de una de esas jaimas de los hombres del desierto.
El resacón futbolero que nos ha embriagado a todos, nos ha hecho recuperar la imagen de un pueblo, nos ha hecho advertir la importancia de la unidad, y, en definitiva, ha logrado alcanzar el mismo objetivo en Bilbao, Barcelona, Coruña, Tenerife, Valencia o Don Benito, a pesar del esfuerzo de los políticos de todos y cada uno de estos lugares a lo largo de los últimos treinta años. Aunque la desvertebración de España es culpa de todos ellos, es evidente que se trata de una operación que tiene sus fases, y, precisamente, a José Luís R. Zapatero le corresponde, probablemente, la más cruel de todas ellas porque, además de las dádivas para mantenerse en el poder, ha añadido el dolor de un pueblo, sobre un hecho irreversible que aconteció hace más setenta años, y porque para ello, se ha valido de la mentira y no ha tenido en cuenta el dolor de los españoles de uno y otro bando.
Cuando he leído el suelto que mi amigo ha extraído de la hemeroteca de ABC, si advertir la fecha, he dado un salto, y he pensado que por fin, Dios ha hecho justicia con mi Patria y no sólo nos ha hecho campeones del mundo de fútbol, que el algo que anima, claro, al personal, sino que además hacía por nosotros lo que no sabe hacer el líder de la oposición. Me debo estar haciendo mayor porque hay noticias que necesito leer dos veces para asegurar mis impresiones, y en la segunda lectura ya pude comprobar que, desgraciadamente, aquel José Luís Zapatero no es el inquilino de La Moncloa, sino un suboficial que marchó voluntariamente a la guerra de África, con su regimiento, el Asturias, a escribir otra página de gloria para nuestra Historia, esa que a este Zapatero parece que le trae al fresco. La noticia, amigos, está publicada en ABC, efectivamente, el 11 de agosto de 1921, un mes después de la triste noticia de Annual y Monte Arruit, y mi despertar del resacón ha sido, como suele ser en estos casos, una tremenda jaqueca. Pero soy creyente y se que todo llegará. Dios aprieta, pero no ahoga.
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