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ARA los amantes de las celebraciones, de las conmemoraciones y los fastos recordatorios, 2011 será un año lleno de acontecimientos. Algunos de ellos, los más significativos, comienzan cronológicamente con la fecha de la invasión árabe en España, en 711, a cargo de Tarik. Se dice, no sin cierta razón, que la Historia se repite. El caso es que en aquella España visigoda las cosas tampoco andaban nada bien: la Hacienda Real estaba al borde de la quiebra; vivían divididos por la política y los intereses de los clanes (la política y los intereses, como ven, van siempre unidos); Don Rodrigo fue un usurpador del trono de su antecesor Witiza (¿les suena?), y, además, un gran descenso demográfico aconsejaba, por parte de algunos, la entrada de mano de obra extranjera con casi tanto afán como, hace unos años, el ex ministro Caldera permitió la entrada de los sin papeles. De haber contado con un presidente como ZP, don Rodrigo se habría ahorrado la derrota en la batalla de Guadalete, porque a través de eso que es la “Alianza de Civilizaciones”, la invasión se habría desarrollado de forma pacífica.
Otro de los acontecimientos a celebrar es el de la Guerra de la Independencia. Como todos sabemos – bueno, eso creo yo- la Guerra de la Independencia se declaró en 1808, el 2 de mayo, pero no terminó hasta 1814. Celebramos, pues, este segundo centenario hasta este año, aunque a nuestros políticos de hoy día les parezca que no, por eso de que las fotos se hacen el día de la inauguración y ya está. Aquí, el tema, es que también podríamos habernos sacudido la presión francesa si en lugar de Napoleón hubiera estado Zarkosy, con Carla, al frente de los dominios franceses. Pero creo que Zarkosy le presta tanta atención a ZP como Napoleón a Fernando VII. Zarkosy en lugar de enviarnos al ejército imperial, con sus mamelucos, nos habría colocado una cadena de Carrefour, sin bolsas, claro, para espabilarnos el bolsillo, que ahora es de lo que se trata, y luego se hubiera confesado con la Merkel, y nosotros a consumir salchichas de Frankfurt y a tomar copas de beaujolais nouveau, que está a punto de salir de las bodegas.
Especialmente interesante para mí es la celebración de la creación de las Fuerzas Regulares Indígenas, cuyo acontecimiento se celebrará en Melilla. No en vano, he dedicado uno de mis libros a glosar las acciones de uno de sus destacados jefes, el general Fernández-Capalleja, paisano mío, un hombre de honor y de valor, a quien cobardemente, como a tantos otros, le han quitado la calle que llevaba su nombre en Oviedo, por eso de la no menos cobarde Ley de la Memoria Histórica. Debo admitir, sin embargo, un aspecto positivo de esa Ley: el hacer que muchos españoles, que habían pasado la página, vuelvan atrás para leerla de nuevo y recordar, y enseñar a los jóvenes su contenido. Lo de pasar la página lo dejamos para más adelante.
Continuando con el tema militar, también celebraremos el primer centenario de la división del Cuerpo de Administración Militar en Cuerpo de Intendencia y Cuerpo de Intervención. Sobre el de Intendencia, habrá que estar atentos por si aparece una biografía, interesante, del intendente general Fernández García-Monteavaro, nacido en Merás (Valdés), como yo, que además fue un interesante escritor de viajes y fotógrafo.
No voy a mentar la bicha, pero otro de los acontecimientos a celebrar es el bicentenario de la independencia de algunas de las actuales repúblicas hispanoamericanas. Subrayo el término para hablar de ese asunto con propiedad, y no caer en la mariconada de designar “Latinoamérica” a quienes parecen huir de su pasado hispano. Aquí sí que hay que atarse los machos, como dicen en mi pueblo. Sobre todo, después de leer declaraciones del presidente de Bolivia, acerca de lo poco democrático que es el Vaticano, por no cambiar de Papa hasta que se muere el actual… ¡qué jodío Evo!, como vive ahí arriba, en el altiplano, se cree que todo el monte es orégano, y que Hugo el bolivariano es la razón y la justicia, ahora que dice que quieren acabar con él. Prepárense, pues, para resistir una andanada de acusaciones, mentiras, inventos, atropellos y descalificaciones. Si algunos de estos hubieran caído bajo dominación inglesa otro gallo les hubiera cantado. Pero claro, ya Evo nos ha dicho en alguna ocasión que los gallos, o sea, pollos, hacen a los hombres maricones y calvos.
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