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UPONE un ejercicio de abstracción no escribir de los grandes asuntos que desde hace una semana interesan a la mayoría: la muerte de Ben Laden, el viaje de S.M. el Rey a Marruecos, o el inicio de la campaña electoral, con la clásica pegada de carteles y las no menos clásicas soflamas, pero voy a intentar no dejarme llevar por el impulso.
Realizo un corto viaje a mi tierra, a mi casa, y comparto espera en el aeropuerto con Gaspar Llamazares, al que no me atrevo ya a llamarlo líder de Izquierda Unida porque creo que es, la suya, una formación en vías de extinción. Algunos viajeros que esperan en las salas de la terminal dos del aeropuerto de Madrid-Barajas se acercan a hacerse una foto o a arrancarle algún comentario. En el viaje, leo las previsiones electorales para Asturias y llego a la conclusión de que las encuestas son mentira o están manipuladas. La prensa local asturiana recoge la noticia -la fuente es la encuesta del CIS- que da mayoría de votos al PSOE, aunque no le garantiza en absoluto la continuidad en el gobierno autonómico. El segundo partido más votado sería el Popular y la tercera fuerza, en detrimento de la formación que ha venido representando Llamazares, es Foro por Asturias, el nuevo partido del ex- vicepresidente del gobierno y ex-ministro de Fomento, Álvarez Cascos.
Es evidente que estos datos contrastan con lo que la gente de la calle opina, y crean malestar. Tengo para mí que las encuestas no tienen más utilidad que dirigir el voto de los indecisos y, desde luego, varían de tal forma según el momento que se realizan que cualquier parecido con los resultados finales es, a veces, una afrenta al sentido común ( el menos común de los sentidos, hay quien opina no obstante). Así, pues, esto de las encuestas podría incluso ser comparado a los famosos fondos de inversión que van a toda vela mientras no los rescatas, pero cuando llega la fecha de vencimiento, caen en picado. Si están garantizados, te salvas de no perder más que las comisiones bancarias, pero como correspondan a una cesta (cada vez entiendo menos la terminología bancaria), en una cesta, digo, de renta variable pues tienes las mismas opciones que los del Partido Popular tras los sucesos del 11-M.
Intuyo que hay, en algunos sectores de la prensa local asturiana, cierto aire de hostilidad hacia el otrora secretario general del Partido Popular y creo, y lo escribo con cierta pena y resignación, que muchos periodistas no pisan la realidad de la calle, sino las moquetas de las consejerías y los palacetes sobre los que se asienta este régimen de autonomías que ahora, por fin, algunos ven torpe, ridículo, innecesario y caro en extremo. Un lujo para políticos que no podemos permitirnos los mortales. Es evidente que aquello del café para todos no resultó.
En mi viaje hago un vericueto, difícil de explicar, y me voy a Oviedo (peor fue lo de mi compañera de viaje de regreso, que para ir de Valencia a Oviedo tuvo que hacer escala en París). Gran día de sol, que allí se aprecia especialmente, y veo a los del Foro por Asturias en plena campaña, haciéndose ver en la Plaza de la Escandalera (se llama así, sin coña), y miro alrededor pero Gaspar Llamazares no estaba. Tal vez iba ya camino de Mieres, donde el día siguiente participó en un meeting. Yo recompongo mi viaje y me voy a casa pensando que los carbayones no están dispuestos a que el espléndido día de sol y calor se nuble a causa de la política y de la economía, y me entrego a preparar una charla-conferencia para el martes día 10 en el Centro Asturiano de Madrid sobre dos asturianos ejemplares: el industrial don Honorio Riesgo García y su sobrino el doctor Juan José Mouriz Riesgo, discípulo del doctor Carracido y de Ramón y Cajal, alumno del Nobel Pablo Ehrlich en su Instituto de Frankfurt, va a hacer ahora un siglo. Tío y sobrino fueron diputados a Cortes, militando el primero en la CEDA, legislatura de 1933-1935 y 1936-1939 (sería presidente de la mesa de edad del Congreso), y el segundo en el Partido Socialista Obrero Español, siendo la suya una de las 4 actas del PSOE por Oviedo, que él abandonó cuando comenzó a tratarse el Estatuto de Cataluña en la Cámara, y que terminaría, incluso, abandonando la militancia socialista cuando la violencia republicana se radicalizó y los comportamientos comenzaron a discurrir en contra de las ideas. Y como resulta que toda comparación es odiosa, mejor no buscarla, aunque esto de las encuestas no nos convenza en absoluto.
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