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OR fin, las aguas vuelven a su cauce, o lo que es lo mismo, desdel 1 de julio ya se puede circular por las autopistas y autovías a una velocidad máxima de 120 kms/h, el mismo límite que había hace tres meses, lo que permite deducir que el plan de este Gobierno para el ahorro de carburante ha sido un fracaso, aunque nos hayan dicho que se ha n ahorrado más de 200 millones de euros.
Por otro lado, el ministro de Fomento, José Blanco ha afirmado que le “parece que es una decisión positiva que conecta con el sentimiento mayoritario de los ciudadanos”. Y el hombre de la calle, el conductor de vehículos o el automovilista se pregunta ¿por qué se afirma ese sentimiento ahora y no cuando la medida de circular a 110 kms/h se puso en vigor hace tres meses? O sea, que quieren hacernos ver que se han dado cuenta que las medidas que pone en vigor este Gobierno no conectan con el sentir de la ciudadanía, lo que induce a pensar que los fines que se persiguen con ello son muy diferentes de los que predican.
El coste del cambio de las señales de prohibición de 120 a 110 hace tres meses fue cerca de 400.000 euros y, ahora, el cambio de las mismas señales de 110 a 120, cuestan más de 200.000 euros. En total, más de 600.000 euros para “ahorrar” 200 millones de euros, con lo que,si las matemáticas no fallan, el ahorro ha sido de 1.400.000 euros. Y, el ciudadano vuelve a preguntarse: ¿ha merecido la pena, no ya ese gasto, sino las molestias a los automovilistas; las reparaciones a los vehículos que se han estropeado por circular a velocidades muy reducidas para sus motores y el enfado general de la gente vinculada al transporte por carretera, o incluso los accidentes que se han producido por esa misma causa?. Creemos que no. Claro que esta medida, como otras puestas en marcha, ha sido una de las ideas “iluminadas” de un Ministro de Industria que se cree “luminoso”.
A ver si es posible que de una vez se tome en serio este tema, porque, si se quiere ahorrar combustible y también euros, se debe reducir drásticamente el número de automóviles oficiales que se usan para fines que no son oficiales y, también, que se reduzcan los vuelos de ministros y políticos en aviones oficiales a actos que no son oficiales. Pero, claro, eso es muy duro y, como el dinero que se utiliza en la Administración “no es de nadie”, como dijo una “ilustre” miembro del Gobierno socialista hace unos años, pues…, así nos va.