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L pasado viernes 16 de septiembre se celebró un pequeño gran acto que el Regimiento de Infantería Mecanizada, Asturias 31, con base en el Goloso, organizó en honor de la Virgen de Covadonga. El coronel, Palacios Zaforteza, cuyo segundo apellido denuncia su procedencia mallorquina, tierra que tiene en mi caso especiales recuerdos, pues allí hice mi servicio militar, se aprestó a destacar los hechos que han jalonado la vida del Regimiento durante el último año. He escrito en varias ocasiones del Regimiento Asturias (el lector comprenderá que siendo yo asturiano, le tenga en alta estima). Con mi amigo José Álvarez San Miguel, hemos rastreado por Internet para sacar noticias del Asturias, para que los hombres del Regimiento conozcan mejor el pasado de esta unidad que pronto cumplirá, según los historiadores militares, sus 350 años de existencia.
Guardo, en una carpeta de documentos en PDF, algunas notas del Asturias referidas, especialmente, a la dedicación de sus hombres por los asuntos sociales, para que nadie crea que es ahora, en los tiempos de ZP y de la señora Chacón, cuando los militares realizan tareas de ayuda a la población civil, dejando al margen el carácter estricto de un militar, que es el arte de la guerra. Y se refieren estas notas a asuntos de diversa naturaleza. Por ejemplo, la ayuda prestada por el Regimiento en mayo de 1905, cuando la famosa huelga de ferroviarios, donde prestó las ollas para cocinar el rancho para aquellos obreros que decidieron trabajar y no secundar la huelga. O la forma en que el entonces coronel del Asturias, corriendo el mes de diciembre de 1905, decidió distinguir a los “pobres de solemnidad” ofreciéndoles las sobras del rancho, no permitiendo que los “vagos” y los “golfos” se aprovecharan de tales sobras, y además robaran dentro de las instalaciones del Regimiento. En diciembre de aquel año, el Regimiento también dio raciones extras del rancho a los pobres madrileños desde su cuartel de María Cristina, con un menú que consistía en carne sin hueso, salchichas, patatas, garbanzos, judías, tocino y arroz.
La asistencia de los hombres del Asturias, en las tareas sociales, en la ayuda a la población civil, está presente en las páginas de los periódicos de la época. Desde las ayudas que he citado hasta las labores de salvamento en accidentes como el descarrilamiento del tren correo de Portugal que, en abril de 1922, tuvo lugar en la localidad madrileña de Leganés, que originó, por ejemplo, que el entonces coronel del regimiento, señor Muslera, fuera felicitado por las autoridades civiles. Incendios, derrumbamientos y demás accidentes ocurridos en Madrid tuvieron siempre la ayuda de los hombres del Asturias.
El espíritu de este Regimiento de infantería se manifiesta en un hecho, que no es aislado, ocurrido en la tercera guerra carlista: fue durante el ataque a San Marcos, los días 10 y 11 de noviembre de 1874, que el regimiento tuvo que emplearse a fondo, siendo herido, y falleciendo más tarde, el teniente coronel, don Gregorio Martín López. Dejaba viuda y cinco hijos, y los mandos y los soldados del Asturias renunciaron expresamente a todos los honores por las acciones de aquellos días, en los que perdieron más de 124 hombres, a cambio de que el hijo primogénito del teniente coronel fuera admitido en el regimiento con el grado de alférez.
No he tenido tiempo de comprobar si las autoridades correspondieron a esta solicitud que, en su día, produjo una conmovedora reacción entre los españoles partidarios de las filas liberales, en aquella guerra civil dinástica, pero sí he podido comprobar, como además me han corroborado algunos de los asistentes civiles que, estos pequeños grandes actos en los que se rinden honores a los caídos, en los que se ensalzan la media docena de valores que definen a la España unida; en los que se manifiestan el respeto al Himno y a la Bandera (precisamente cuando una docena de cobardes queman la Bandera de España ante el aplauso de un grupo de paniaguados mirones y cobardes), “cargan las pilas” –como dicen ahora los jóvenes- a los civiles que tenemos la suerte de asistir… y reafirman mi personal opinión acerca de la moral de estos hombres a los que no les arrugan sus arrestos los políticos de turno, sea cual sea la escusa, o sea cual sea el partido al que pertenecen (recordarán los lectores, que incluso para el señor Rajoy, aspirante a ser el próximo presidente del gobierno, asistir a una parada militar era un “coñazo”). Conviene tenerlo en cuenta.
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