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  Firmas Invitadas - Edición Nº 58
Semana del 18/04/2003
¿Por qué los EE.UU no invaden a Cuba?


Manuel Salvador Morales
L AS primeras páginas de los diarios destacaron la condena a Cuba de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la ejecución, de tres cubanos, que fueron fusilados por el intento fallido de llegar a los Estados Unidos con una embarcación secuestrada. Días antes, la opinión pública se escandalizó por las duras condenas impuestas a opositores cubanos que, pacíficamente, proponían la democratización del país. Sólo querían libertad para hablar.
Mi tío, el del pueblo, como siempre que se encuentra perplejo, se quedó silencioso, tras leer los periódicos. Después se rascó la coronilla y masculló entre dientes: “¡Qué barbaridad!... y ahora ¿Qué hará el jefe?”. Pensé que se refería a Zapatero. Mi tío, como buen lugareño, no distingue muy bien entre la izquierda y la derecha, pero sí se declara enemigo de la guerra, así que creí que el jefe de la oposición, con sus actuaciones, sus discursos, sus pancartas y todo eso, le habían convencido de que el que decidía y pensaba, era él y no Llamazares, y mi buen tío esperaba su reacción frente a los desmanes castristas. Pero cuando se lo dije me contestó bruscamente: “Qué Zapatero, ni qué ocho cuartos! Hablo de Bush. ¿Por qué atacó a Iraq, que está tan lejos, y no invade de una vez a Cuba, que la tiene a un tiro de piedra?”
“Castro lleva cuarenta y tantos años tocándole las narices a los Estados Unidos, lanzándoles bravatas, - añadió tras una pausa -, provocándoles y riéndose de ellos, en sus mismas barbas, y “los gringos”, irritados pero quietos.”
Le quise argumentar, pero mi tío, el del pueblo, que cuando se pone bruto le supera la marca a Jesús Gil, me cortó en seco: “Mira, Bush le debe mucho a los cubanos. A los de Miami, claro”, - puntualizó- . “Sus votos, contados por su hermano, el gobernador de la “República de Florida”, le dieron la Presidencia. ¿No sería justo que, en correspondencia, ahora, Bush le diera una ración de invasión a Castro y a los cubanos del exilio los hiciera felices, convirtiendo en realidad su sueño de una Cuba Libre...”, respiró un segundo y continuó: “Sobre todo, ahora, que ya los rusos no pintan nada.”
Me encontré en una grave dificultad. No sabía si mi tío, el del pueblo, cuya cultura básica descansa en su experiencia vital y en su sentido común, podría comprender la complicada red de obstáculos que, en este tema, encuentra Bush. Su objetivo prioritario, a partir de ahora, son las elecciones del próximo año, las cuales le darían el segundo mandato, que su padre no pudo conseguir. Es verdad que, para ello, los votos de los exiliados cubanos pueden ser decisivos, (aunque no tanto como en la elección anterior), sin embargo, está obligado a tranquilizar a los ciudadanos del país sobre las consecuencias de las guerras, que mayoritariamente han repudiado. Tampoco puede irritar más a su “patio trasero”, los pueblos iberoamericanos, con Venezuela a la cabeza y, Brasil, Ecuador y Argentina entre otros. Aunque la mayoría repudien a Castro, no van a aceptar de buen grado la intromisión de los Estados Unidos en los asuntos de un país hermano, aunque su credo político sea diferente. Y, además, tiene que ponderar, que en la América hispana el creciente populismo mesiánico de la izquierda, unido a los, cada vez más fuertes, grupos armados de ideología también zurda, y al narcotráfico, están haciendo desarrollarse cada día más un abierto anti-imperialismo, que no se puede alimentar desde Washington con actitudes impopulares para los pueblos del Sur que, en general, consideran al exilio cubano de Miami, sometido a los EE.UU., y, por consiguiente, como ciudadanos norteamericanos, no cubanos.. .
Otra de sus dificultades sería zaherir más de lo necesario, a la izquierda mundial en tiempos pre-electorales, con las probables consecuencias de movimientos de masas, a nivel internacional, y atentados a embajadas o a ciudadanos norteamericanos, dentro y fuera de los Estados Unidos. Así que, de momento, no más guerras.
Además, Bush, o cualquier otro ocupante de la Casa Blanca, no puede obviar el perjuicio que para los Estados Unidos podría representar una Cuba Libre. Florida debe su prosperidad, su auge como centro comercial, bancario y turístico, principalmente, a los cubanos exiliados, que ya están conformados por dos generaciones nacidas en Norteamérica. Son gentes que sienten la nostalgia de su patria, pero que se han integrado en los Estados Unidos, en su vida, en sus costumbres, adaptándolas a su propia cultura e influyendo, con su carácter, y su capacidad de trabajo, sin perder la alegría hispana, en la imagen y el desarrollo del Estado de la Florida.
Una Cuba Libre modificaría el sentimiento profundo de nacionalidad que arraiga todo cubano exiliado, que si bien añoran románticamente su patria cubana, han convertido a los Estados Unidos es su patria real, porque los ha acogido como nacionales, les ha brindado un territorio, un pasaporte y una protección. Y curiosamente, esa gratitud se traduce en una adhesión mayoritaria al partido republicano, como reacción al “robo” por el comunista Castro de su Cuba de origen. Todo eso podría verse afectado al recobrar su patria real.
Para Bush, sus intereses y los de su país, es mucho más conveniente seguir sometiendo a Cuba al férreo bloqueo que ejerce desde hace décadas. De esa forma se está declarando enemigo del régimen cubano, lo que hace felices a los exiliados, sin importarles, a unos y otros, que el pueblo lleve años sometido a privaciones de todo tipo. Siempre, en política, los inocentes pagan su cuota.
Cuando terminé de explicarle ligeramente esta situación a mi tío, el del pueblo, éste me miró silencioso y pensativo, intentando digerir mi exposición. Después se rascó la coronilla, como hace siempre que se encuentra confuso, y finalmente dijo, con aparente conformismo. “Bueno, casi es mejor que Bush no haya invadido a Cuba, porque si lo llega a hacer, casi es seguro que Castro también se hubiera esfumado y ya serían tres los “Enemigos Públicos número uno” que estarían, en algún lugar, maquinando contra EE.UU y contra el mundo. Y ya tenemos bastante con Bin Laden y Saddam Hussein.” Después, se caló su gorrilla, colgó la punta del apagado cigarrillo de picadura en la comisura de sus labios, agarró con mano firme la cachaba y fue con paso lento a tomar el sol mañanero.
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