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Época II - Año XIV Edición Nº 4189
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 domingo, 26 de octubre de 2014 ESPAÑA
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Cartas al Director
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Ernesto Ladrón de Guevara
L A semana pasada, en mi anterior artículo, criticaba a Wert, el ministro de Educación. No lo hacía por sus acciones como ministro, sino por sus omisiones y rectificaciones.

Sin embargo, creo que es moralmente obligado salir en defensa del ministro. Wert ha tenido el coraje y la valentía de abordar, aunque sea de forma insuficiente, los males de la educación haciendo propuestas que, probablemente, no sea capaz de llevar a cabo. La reforma global del sistema educativo es urgente. Hay que resolver cuanto antes cuatro grandes capítulos pendientes que ninguno de los ministros anteriores del Partido Popular acometieron. Por un lado la necesaria unidad del sistema educativo, columna vertebral del Estado, sin el cual la Nación española no existe como tal. Por otro lado abordar de forma eficiente el tema de la calidad de la educación, ya que a día de hoy gastamos mucho dinero que no es correspondido en los resultados. Tenemos un sistema educativo generador de mediocridad e ignorancia; un sistema institucional que es una gran guardería sin capacidad para generar excelencia una formación suficiente, y que, por el contrario, es una cantera de analfabetismo funcional. En tercer lugar es muy recomendable copiar lo que funciona en Europa, por ejemplo el sistema educativo dual alemán, con una formación profesional prestigiada y conectada con el sistema productivo, favorecedora de la inserción laboral. Y, por último, es evidente que una formación universitaria masificada y que produce títulos con poco prestigio es una forma de condenar a nuestros jóvenes al paro. La universidad debe estar dirigida a la excelencia, al rigor científico, a la investigación y a la excelencia. Una universidad formada por profesores mediocres, seleccionados por la endogamia departamental, con asignaturas creadas “ex profeso” para el enchufismo profesoral, está condenada al fracaso. Por eso ninguna de las universidades españolas figura entre las más renombradas del mundo.

Wert ha querido abordar este tipo de cosas. La reacción de la izquierda sociológica tan afincada en el mundo de la enseñanza, tanto no universitaria como universitaria, no se ha hecho esperar. El sector educativo está invadido por la izquierda. No en vano durante décadas los sindicatos y partidos de izquierdas han colocado a sus piezas en este sector, casi monopolizándolo, mientras la derecha se dedicaba a mimar a los centros de la Iglesia olvidándose del sector público. Grave error. Por eso es casi imposible realizar reformas que mejoren el sistema, y Wert está fracasando en el intento. O se hace con mucho arrojo, apretando los dientes y haciendo valer la mayoría parlamentaria o no es posible. Por otra parte está el poder autonómico, verdadero baluarte y trinchera del secesionismo y del caciquismo territorial del que el mismo Partido Popular está tan contaminado.

Mi experiencia de gestión como Delegado Territorial de Educación en Álava, en su día, es un claro exponente de la imposibilidad de realizar reformas o, simplemente, de cumplir la ley, cuando tienes a los poderes fácticos a pie de calle y te someten a una coacción sistemática hasta el punto de impedir tus propios derechos constitucionales como persona, y tu dignidad como humano que contempla el derecho a la imagen al honor y a la fama. Y en esta cuestión los medios de comunicación y los periodistas tienen mucha cumpla. Recuerdo a un periodista de un periódico de Vocento que me estuvo persiguiendo mediáticamente con infamias y medias verdades al tiempo que me calificaba de intransigente e intolerante simplemente por hacer cumplir la ley y tratar a todos los centros por igual, o por frenar la manipulación nacionalista. Cuando los medios de comunicación mezclan información con opinión, sirviendo a intereses ajenos a los del propio periodismo profesional, el daño es de difícil solución.

Por eso estoy a favor de Wert. La campaña que se está haciendo contra el ministro por el asunto de la nota mínima para mantener una beca me parece infame. El ministro tiene toda la razón. Las becas implican una exigencia para el que las recibe. Es un dinero público procedente del bolsillo de todos los españoles que es de justicia que se obligue al que lo recibe una correspondencia en esfuerzo y resultados académicos.

Yo vengo de una familia muy humilde cuyos padres trabajaban doce horas diarias para poder pagar mis estudios de bachillerato y magisterio. Nunca he disfrutado de una beca, ni yo ni mis hijos. Los sucesivos estudios de licenciatura y doctorado los saqué, con nota media de notable y la tesis con sobresaliente “cum laude” mientras trabajaba y sostenía a mi familia. La universidad está destinada a estudiantes que tengan vocación de estudio, más aún si tienen beca, exigiéndose al menos la misma nota de corte que sea la media estadística obtenida por el conjunto de los estudiantes. Es de una lógica aplastante. Pero, la izquierda, y los demagogos, que son una plaga pestilente en este país, no lo entienden así. Sería bueno conocer los motivos de fondo que seguro no tienen nada que ver con el interés general o el bien común.

El punto con el que discrepo de forma radical es el del recorte a los presupuestos de investigación. Sin investigación no hay desarrollo tecnológico ni científico. Es precisamente en los momentos de crisis cuando hay que potenciar más la investigación por el valor añadido que aporta a medio plazo a la economía y al desarrollo. Conozco investigadores que cobran sueldos de miseria con una dedicación diaria que a cualquier trabajador le parecería una explotación injustificable, sin vacaciones, y poniendo de su bolsillo dinero para cubrir gastos. Eso provoca una huída de cerebros que nos deja a un nivel de subdesarrollo y que no nos lo debiéramos de permitir. La situación actual de la investigación en España es penosa y da vergüenza. Pero como afecta a un colectivo muy reducido de personas pasa desapercibido. Sin embargo, el daño que este hecho va a producir tanto en nuestro sistema económico como en el científico va a ser irreparable. Y de eso el ministro tiene culpa, por no hacer valer sus responsabilidades y competencias ante la voracidad de Bruselas que quiere una España disminuida en sus capacidades de producir riqueza y ante el bloque del gobierno formado por Hacienda y Economía, verdaderos testaferros del Fondo Monetario Internacional, del Club Bilderberg y sus delegaciones en la burocracia de la UE.
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Edición 434 - Eguiguren, el puente hacia ETA
Edición 433 - Contrastes y econonomía
Edición 432 - Que la crisis la pague Zapatero
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Edición 427 - ¿Quiénes son los culpables? (Segunda parte)
Edición 426 - ¿De quién es la culpa?
Edición 425 - Con el tiempo siempre se descubre la verdad
Edición 424 - La democracia se tambalea
Edición 423 - ¿Es posible caer más bajo?
Edición 422 - Entramado de cartón-piedra
Edición 421 - ¿Nueva negociación con ETA?
Edición 420 - La política de tierra quemada
Edición 419 - Ser español, con vergüenza de serlo
Edición 418 - El enigma de Marruecos
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Edición 408 - España, un melancólico recuerdo
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Edición 402 - Estado de la corrupción
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Edición 398 - Comiendo un faisán con Gürtel
Edición 397 - Investigación
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Edición 395 - ¿Qué es realmente el socialismo de Zapatero hoy?
Edición 394 - Cachondeo nacional
Edición 393 - Suicidio colectivo
Edición 392 - Doce mil euros
Edición 391 - Golpismo desde Cataluña
Edición 390 - Malditos seáis
Edición 389 - Desahogo
Edición 388 - Gürtel
Edición 387 - Consecuencias de una gestión ruinosa
Edición 386 - Ley del menor
Edición 385 - Desasosiego
Edición 384 - Ecologismo aparente falsario
Edición 383 - La sentencia de Estrasburgo
Edición 382 - Homenaje a las fuerzas de seguridad del Estado
Edición 381 - ¿Por qué no se computa el voto en blanco?
Edición 380 - El fermento social
Edición 379 - Prolegómenos para una reflexión
Edición 378 - Descomposición del Estado
Edición 377 - Nuevo descubrimiento científico
Edición 376 - La verdad nos debe hacer libres
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Edición 370 - No es una zarza espinosa
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Edición 363 - De tal palo…
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Edición 358 - La irresponsabilidad nace de la ignorancia
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Edición 355 - La ‘Cosa Nostra’
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Edición 353 - Hacia el desastre
Edición 352 - Celtiberia show
Edición 351 - Reprogramación mental
Edición 350 - Escritos reaccionarios
Edición 349 - Los tahúres del euskera
Edición 348 - Políticos detestables
Edición 347 - Carta abierta a un votante socialista
Edición 346 - Preguntas en el aire
Edición 345 - Seguridad de nuestro ahorros
Edición 344 - Escrúpulo
Edición 343 - ¿Miedo o degradación moral?
Edición 342 - Entre la piedad y la compasión
Edición 341 - De ‘no hay crisis’ a ‘recesión’
Edición 340 - Ibarretxe ante la encrucijada
Edición 339 - XXV aniversario de las inundaciones en las Vascongadas
Edición 338 - De Juana Chaos
Edición 337 - Nafarroa Bai eta Kastroa ere Bai
Edición 336 - Ermua o un parricidio moral
Edición 335 - ¿De Pirineos para abajo es Europa?
Edición 334 - ¿Crisis? ¡Qué va…! Sólo sensación de asfixia
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Edición 332 - Desmemoria histórica
Edición 331 - Bajo el signo del cangrejo
Edición 330 - ¿Estamos en inicio de neofascismos encubiertos?
Edición 329 - En uve
Edición 328 - La miembra
Edición 327 - Amenazados
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Edición 325 - Ibarretxe
Edición 324 - No confundir razones con raciones
Edición 323 - Oposición ensimismada
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