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STE asunto de los micrófonos abiertos tiene tanta credibilidad, a estas alturas de la peli, como las tomas falsas en los programas cutres de la tele. Son una necesidad para poner un epílogo (a veces, incluso, mejores que el propio guión). Don Mariano ha dicho aquello de que, con la reforma laboral que está preparando, espera una huelga general y, al decirlo, ha provocado dos reacciones: la primera es más bien una anti reacción, porque se ha adelantado a sindicatos, organizaciones patronales, agentes sociales y agitadores profesionales a los que ha privado de ese morbo especial que ofrece la filtración, cuando esta se produce de forma espontánea. No es el caso. Y, por otra parte, las palabras de don Mariano, supuestamente clandestinas, captadas por un micrófono abierto, nos afectan a nosotros mismos de tal manera que, eliminado el factor sorpresa, nos acomodamos a sufrir el peor de los castigos con ese gesto sumiso que provoca el amago;
El miedo psicológico, que juega un papel a veces determinante, puede influir en la manera en que encajemos los efectos de esa reforma que planea sobre nuestras cabezas como el águila planea sobre el angosto valle en busca de una presa. Y los buitres carroñeros, no se lo pierdan, al acecho de repartirse los despojos de nuestra siempre sufrida clase trabajadora. O sea, que para el resto de los paisanos, las palabras de don Mariano suenan como una tormenta con abundante aparato eléctrico. Quien sabe. Tal vez luego sea más el ruido que las nueces porque, eliminado el factor sorpresa, cercenada nuestra capacidad de asombro, el anuncio de la tan pretendida reforma laboral puede sonar, incluso, a mieles… ¡vamos!, como si a un condenado a muerte le conmutan la pena por una cadena perpetua, o así.
Si, efectivamente, don Mariano no tenía intención de anunciar que sufriría una huelga general, como reacción a la reforma laboral que su equipo está estudiando, debería haber hecho lo que hace Mouriño, o sea, taparse los labios o enviar a su segundo (segunda, en este caso), a bregar con ese quinqueño.
En cualquier caso, las palabras de don Mariano han levantado gran expectación y, la forma en que se han conocido, es también muy elocuente acerca de la necesidad que tenemos en España de que la luz y los taquígrafos, efectivamente, funcionen. Al final resulta que don Emilio Botín va a tener razón, y gran parte de la crisis la tienen los políticos. ¿Alguien lo duda?
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