E
l Centro Asturiano de Madrid, a través del presidente del Consejo Superior y presidente de Industrias Lácteas Asturianas, don Francisco Rodríguez, va a hacer entrega de su máximo galardón, la manzana de oro, a su presidente don Cosme Sordo Obeso. El homenajeado pasará a engrosar la larga y exclusiva nómina de personalidades que cuentan con este preciado galardón que él tantas veces propuso. Se cumplirá así un acto de justicia para quien ha entregado cuatro décadas de su vida a la institución, siempre de manera altruista, cumpliendo con lo que él entiende que es una obligación de cualquier asturiano: trabajar por su tierra.
En alguna ocasión he escrito algo acerca de la Historia del Centro Asturiano de Madrid, la casa regional abierta más antigua del mundo. Todavía me fascina leer algunos relatos de la particular gran historia de este Centro, fundado el 31 de octubre 1881, como una institución benéfica. Fue su primer presidente otro llanisco, don José Posada Herrera, y formaron parte de su primera junta directiva el conde de Toreno, Manuel Pedregal, Lorenzo Nicolás Quintana, José María Lago, Faustino Rodríguez San Pedro, Servando Ruiz Gómez, el Marqués de Pidal, José María Celleruelo, el conde de Mendoza Cortina, Antonio Balbín de Unquera, el Barón de Covadonga, el marqués de Teverga y Alejandro Pidal y Mon, entre otras personalidades del momento.
Don Cosme Sordo nació en Porrúa de Llanes el 10 de julio de 1929. Estudió bachillerato en la villa llanisca y se licenció en Madrid en Ciencias Matemáticas, donde obtuvo el título de Diplomado en Estadística. Trabajó en empresas de desguaces de barcos, de cuyo sector llegó a ser presidente en 1967, y un año más tarde, directivo de la Patronal Nacional del Metal. Alcanzó la presidencia del Centro Asturiano en 1974 y desde entonces ha venido renovando su cargo cada dos años.
Se que el mejor homenaje que se le puede hacer a don Cosme es, precisamente, hablar del Centro Asturiano. Resulta inevitable, para los que le conocemos, no pergeñar unas líneas con su biografía. Y sería imperdonable, en la hora del homenaje, no acordarse de Carmen, su compañera, una burgalesa que, sin renunciar a sus orígenes, es una asturiana ejemplar y una llanisca destacada.
Don Cosme es un ciclón humano capaz de contagiar al más pesimista. El Centro Asturiano de Madrid, bajo su dirección, es la casa regional que más actos culturales y deportivos celebra. A él se debe la creación de un patrimonio inmobiliario del que carecía el Centro cuando él alcanzó la presidencia. Pero el rasgo más peculiar de este personaje es, insisto, el vigor, el entusiasmo, la fe para salvar obstáculos, la entrega, el amor a Asturias y a su Llanes querido y, en definitiva, la garra que hay que echarle a la vida para alcanzar un objetivo. Todo un ejemplo.
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