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N España somos más chulos que un ocho de canto. Tres cuartas partes del mundo infectadas por un virus enano y canalla, y a nosotros ni nos lo han presentado. Sabemos que es un nuevo miembro de la familia de los ‘coronavirus’ que jamás antes se había detectado en humanos, y sabemos también que muta con mucha facilidad, lo que provoca que más de un microbiólogo esté a punto de cortarse las venas. Es como cuando la Policía busca a un delincuente con ojos oscuros y pelo moreno, y el delincuente en cuestión se pone lentillas azules y se tiñe de rubio. Es para desesperarse.
Pero si canalla es el virus, canallas somos los humanos, y un poco más canallas, si cabe, los periodistas. La clave para llegar a esta conclusión me la ha dado mi amiga Pilar. Verán por qué.
Hablábamos del gran escarnio mundial que estaba provocando la aparición del nuevo agente patógeno, cuando Pilar me manifestó su indignación por el poco caso que se le hizo en su momento. Y tenía razón. Yo sabía que el 12 de marzo la Organización Mundial de la Salud había emitido una alerta global mundial ante la nueva neumonía atípica. Era la primera vez que lo hacía en diez años. He tirado de hemeroteca y buscado al día siguiente de que la OMS diera la alarma la noticia en algunos de los ‘grandes periódicos’. Nada. Busqué dos días después, y sólo encontré unas cuantas líneas, tímidas, escondidas, en uno de los diarios. En otro periódico, cuatro días después, se hacían de nuevas y mencionaban la información como si fuera del día anterior, mientras que otros diarios daban un pequeño breve o no daban nada.
No me dirán que esto es ojo periodístico. ¿Por qué nadie prestó atención al virus canalla de la neumonía atípica o asiática? Porque los chinos viven lejos y porque a todos nos tenían entretenidos con grandes despliegues sobre la guerra, sin sospechar que, casi con toda seguridad, vamos a tener más muertos por una causa que por otra, ya que la guerra se circunscribía a una zona y los virus canallas desconocen qué es eso de las fronteras.
En España nos hemos librado por ahora, pese a que ‘El Periódico de Catalunya’ se empeña en decir que tenemos un infectado, aunque no dice dónde ni quién es. Quizás sea para decir que España está afectada y que Cataluña no. Pues se cuelan, porque no hay ninguno, pero lo puede haber en cualquier momento.
Lo malo es que, en cuanto aparezca el primero, habrá más, porque las vías de contagio son endiabladamente rápidas y, encima, el virus canalla sobrevive en superficies sólidas al menos 24 horas. Es decir, que si usted, Alá no lo quiera, contrae el virus canalla, estornuda frente al espejo del cuarto de baño, la asistenta lo limpia con su bayeta ecológica y luego va la mujer y se rasca la nariz, usted será culpable del contagio, y encima a las clases más desfavorecidas. O lo que es peor, si usted tiene un amigo, tampoco lo quiera Buda, de esos que escupen cuando hablan, también estará servido el contagio. Yo en concreto tengo uno que, como se le ocurra contraer el virus, infecta a media España.
La historia es dramática y parece imparable. Es terrible ver aeropuertos y estaciones chinas con miles, millones de ciudadanos huyendo hacia el campo porque parece la zona más libre de contagio. Será por poco tiempo, porque algún viajero que se crea libre del virus canalla no sabrá que ya lo lleva dentro, y sólo conseguirá infectar otra zona que hasta ahora no lo estaba. No quiero pensar lo que ocurrirá cuando el virus canalla llegue a países con los sistemas sanitarios poco o nada desarrollados. Y llegará.
Aquí parecemos estar preparados y hay que reconocer que el Ministerio de Sanidad tomó rápidamente medidas (aunque los periódicos continuaran informando de la guerra) para, en cuanto aparezca el primer caso, encasquetarle una mascarilla, aislarle, dejarle en la intimidad con su virus canalla y controlar a todo quisqui que haya estado cerca de él.
Crucen los dedos para que el bicho en cuestión no descubra que España es diferente. No parece que nos hayamos enterado de la gravedad del asunto, y ojalá no tengamos que enterarnos, pero tampoco olvidemos que medio mundo está en alerta por algo más peligroso e incontrolable que la guerra.
A ustedes, mientras, que no les tosa nadie.
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