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UNCA imaginé que los actores y demás artistas que pegaron un empujón moral a esta durmiente sociedad hace un trimestre escaso iban a terminar consagrando el vergonzoso bipartidismo de este país.
Lo que ocurrió con Mendiluce, candidato de Los Verdes a la alcaldía de Madrid, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el jueves no hace nada más que corroborar mis pobres y deficientes tesis de que la política española está herida de muerte por el marketing y por el negocio.
Ya me malicié yo algo cuando participé en aquella ingenua, famosa y multitudinaria manifestación contra la guerra del pasado 15 de febrero. Me incomodó que militantes de todos los partidos se empeñaran en que portáramos las pegatinas del “No a la Guerra” junto a los logotipos partidistas. En mi recuerdo, ahora, tengo esa enorme protesta ciudadana como celebrada hace años. Lo dije en aquel momento y me ratifico aquí. La obsesión por la publicidad, por vender, y por marcar hasta la paz, nos va a llevar a un laberíntico lugar desconocido del que nos va a ser muy difícil salir por nuestros propios medios y sin disgustos.
Primera reacción: La operación de la autodenominada Plataforma de Cultura contra la Guerra ha logrado en mí el efecto contrario que buscaba, exigiéndole a Mendiluce a retirarse de la campaña electoral. Si reflexionaba con votar en blanco, ahora reflexiono si votar a Mendiluce.
Segunda reacción: Creo que los sabinas, anabelenes y gurruchagas que se atribuyen una situación social y moral que nadie ha legitimado van a conseguir más votos para Los Verdes que los que ellos mismos habían previsto. Parece más bien que los que se forraron con la llegada de la libertad quieren volver a engrosar sus mermadas cuentas corrientes y están cogiendo sitio.
Tercera reacción: El PP más cínico ha salido inmediatamente a la palestra informativa para volver a dar lecciones de democracia y libertad de pensamiento. Como sus cuentas corrientes antes, ahora y mañana estarán siempre gordas, no necesitan titiriteros que representen lo que no son a cambio de unas monedas.
Cuarta reacción: Observamos atónitos cómo al PSOE lo están apoyando empresarios de la cultura y el espectáculo, igual que los del PP reciben oxígeno tradicionalmente de los empresarios del ladrillo y de los corros financieros.
Quinta reacción: Comienza a aparecer la verdadera democracia que Fernández Tapias y Felipe González quieren para este país. Dos partidos anclados en el capitalismo civilizado que pelean sin vergüenza ni decoro por un supuesto espacio político llamado de centro.
Sexta reacción: Las dos formaciones capitalistas pugnan por ese lugar ideológico. Han descubierto que es el que mejor se acomoda a una clase media resignada y una clase alta cada vez mejor situada.
Séptima reacción: Ambos centros echan alpiste a Izquierda Unida, que viene muy bien como coartada perfecta para representar el teatro del pacto democrático. Llamazares será capaz de ir aguantando durante unos pocos años más la nueva y emergente clase obrera cabreada. Sobre todo, porque la mayoría de ellos están callados, intentando regularizar su situación como personas.
Octava reacción: Ahora comienzo a creerme lo que un empresario con poder de Madrid me dijo hace ya algunos meses. “Ya está todo pactado. El PP gobernará una legislatura más aunque sea en minoría y luego le toca otra vez al PSOE”. Se refería a las elecciones generales del año que viene. Por eso, a lo mejor, hay que ir destrozando las iniciativas singulares y las formaciones minoritarias que en cualquier Democracia honesta no sólo deben existir, sino que tienen que tener el derecho a expresarse.
Novena reacción: He comprendido por fin eso de la globalización. La mayoría de los políticos españoles que hasta ahora cobran de lo público, ante la llegada de lo privado al entorno público están mentalizándose de que hay que trabajar para las multinacionales. En definitiva, ellas son las que van a pagar finalmente los sueldos.
Seguiré reflexionando.