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ACE tres años descubrí gran parte de la farsa de las nuevas tecnologías. La historia comenzó un día en el que supe que el primer Oscar español de la historia de Hollywood no fue para Gil Parrondo ni para Néstor Almendros. Me puse en contacto con la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y pregunté por Juan de la Cierva y su Oscar de Hollywood. Se rieron de mí y me dijeron que Juan de la Cierva fue un inventor que murió hace mucho tiempo. Corregí a aquella amable persona que hacía las veces de gabinete de prensa y le informé de que Juan de la Cierva inventó el autogiro, antecedente del helicóptero, y que murió en un accidente de avión durante un viaje de Londres a Amsterdam el 9 de diciembre de 1936. Efectivamente, hace mucho tiempo.
Le aclaré posteriormente que yo preguntaba por un sobrino suyo, ingeniero e inventor, que también se llama Juan de la Cierva y a quien le dieron un Oscar en 1970 por “la mejor contribución técnica a la industria cinematográfica durante 1969”. “Imposible, no tenemos documentación”, fue la escueta respuesta.
Pese a la Academia cinematográfica, finalmente conseguí hablar con Juan de la Cierva y Hoces. Me confirmó que pertenecía a la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y yo le informé de que allí dicen que no existe y que no hay documentación sobre él. Me aseguró, a su vez, que le dieron un Oscar en Hollywood por inventar el estabilizador de imagen para las cámaras, lo que permite que, incluso con una mini-DVD, se pueda grabar con calidad y buen enfoque en movimiento, para entendernos.
Me contó muchas cosas más. Me enseñó inventos suyos, como el láser que fija los disparos sin posibilidad de error desde un avión de combate y que tanto se usó en la ex Yugoslavia (tras esta entrevista me convencí de que no hubo daños colaterales, sino laterales directamente, como el de la Embajada china), me habló del desarrollo del autogiro de su tío, en miniatura, para actividades de observación discreta; y me contó y enseñó decenas de otros inventos muy conocidos.
También me dijo Juan de La Cierva dos cosas que vienen al caso: “No hay motivo alguno para que se cobre por el uso de Internet”. Lo estaba diciendo en ese momento un hombre que había sido traído desde Miami a España para ser el asesor científico de una de las más grandes empresas que desarrollaban en España las nuevas tecnologías.
El otro comentario fue: “H desarrollado un decodificador digital que sirve para cualquier plataforma, pero no lo quiere usar nadie”. Había inventado un decodificador universal y nadie quería oír hablar de él.
ASÏ es como descubrí la gran farsa de las nuevas tecnologías. Con el acuerdo de Telefónica y Sogecable se me ha confirmado.
La concentración de poder que produce esta unión (que parece una compra más de Polanco) es inaudita en la reciente historia de España. Las relaciones que va a producir esta ¿absorción? implican a Onda Cero, Antena 3, “El País”, “El Mundo”, Ser, Localia, Sogecable, Canal +, Admira... y todas las demás sub-empresas y subcontratas que ni conocemos ni falta que nos hace.
Esta sí que es una segunda modernización, y no la que debate desde el pasado fin de semana el PSOE de Zapatero. Ahora, a cara descubierta, comienza una nueva visión del futuro. Los políticos van a pasar a ser meros comparsas de los grandes grupos económicos que tienen el poder de manipular los hábitos de los ciudadanos a través de múltiples canales y vías de comunicación.
De hecho, ya lo son, aunque los diputados creían que eran ellos los que manipulaban. Patéticas han sido las salidas de Pedro José, Cascos, Cabanillas... No han comprendido que las quiebras económicas no se pueden permitir. O sí, y puede que también sean socios en la sombra.
Desde este humilde pero decente rincón de Internet se me ocurre una iniciativa: mientras se aclaran entre ellos cuántos dividendos les van a tocar a cada uno cuando todas las parabólicas estén orientadas hacia el mismo lugar, podrían intentar, por lo menos, acabar con ETA.
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