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O confíen mucho en lo que piensen, o crean, porque pueden equivocarse de medio a medio. Hasta ahora creímos que el Real Madrid era un club de fútbol centenario, lo cual por si solo es un mérito, y que la tradición que representaba suponía la parte más importante de su patrimonio y de su personalidad. Pero hete aquí que parece que no es así.
El lunes pasado llegó el señor Pérez y, nos dijo (un poco mejor que el balbuciente Valdano, pero no mucho) que la modernidad había llegado al Club, y que ello exigía un nuevo entrenador y eso justificaba la dolorosa decisión tomada de no renovar su contrato a Vicente del Bosque, porque éste, ni en su “libreto”, ni en su figura, llenaba los requisitos de "glamour" que el nuevo Real Madrid necesitaba.
La verdad que nadie entiende por qué el señor Pérez salía a justificar algo que ya había sido “perfectamente descrito” por el atildado, reluciente y bien planchado, Valdano, quien con su “habitual verbo cálido e inteligente”, explicó la cuestión de una forma, en verdad, un tanto embrollada y un nada creíble, en una intervención que el propio Cantinflas no hubiera sido capaz de mejorar.
Lo cierto es que los mentados señores Pérez y Valdano, dieron la misma imagen vacilante y falta de convicción, o sea de no creer en lo que estaban diciendo, y lo hicieron tan bien que todo el mundo agradeció el esfuerzo por explicar lo que sólo necesitaba que alguien dijera llanamente: “Del Bosque no nos interesa ya, por muchos títulos que consiga. Punto.”
Ambos, pero sobre todo el petimetre Valdano, (que sí es "glamouroso" ¿cómo no?) recuerdan, cuando hacen declaraciones públicas, al pintoresco ministro de Información de Iraq, Mohammed Alí, llamado “El Cómico”, quién afirmaba impávido ante los periodistas, sistemáticamente, todo lo contrario de lo que realmente estaba sucediendo. Recuerden que llegó a decir sonriente, aparentemente tranquilo, y con voz que sonaba a firme, que los norteamericanos no habían podido pasar la frontera; cuando en ese mismo momento se encontraban a pocos centenares de metros de donde estaban el ministro y los periodistas, que, por poco, tenían que agachar las cabezas, para dejar pasar los proyectiles. Esas conferencias de prensa de “El Cómico” fueron los únicos rasgos de humor en la absurda guerra del petróleo. Así que como los llamados señores Pérez y Valdano, que parece asistieron a la misma escuela de oratoria que el ministro “cómico”, hasta ahora se comportan igual, también aportan algo de humor a quienes les escuchan. Si afirman algo, ya es sabido que la realidad es justamente lo contrario, como sucedió con los fichajes de Figo, Zidane, Ronaldo y, últimamente, Beckham. O con los tiempos y las incidencias del contrato del "mister" portugués. Y ya, además de que no hay quién les crea, están hartando al leal y paciente personal por la contumaz falta de respeto que se gastan.
Por eso, cuando hace poco más de quince días, Valdano habló de Vicente del Bosque, dando a entender su continuidad por dos años, igual período que el que ya había anunciado para la renovación de Hierro, todos nos apercibimos de que los días del técnico, como los del central, estaban contados, aunque no comprendiéramos entonces el porqué, y sigamos sin entenderlo.
Dice el tan mentado señor Pérez, que lo que sucedía es que tanto el “libreto” de Del Bosque, como el mismo personaje, se estaban agotando. Eso podría tener algo de cierto y sería normal: Del Bosque entró en el Madrid siendo un niño, con pantalón corto, y no salió hasta el lunes 23, de este mes de junio. Pero, casualmente,- ¡pura casualidad!-, ese “libreto” que se estaba agotando, le había proporcionado al Madrid del señor Pérez, el vigésimo noveno título de Campeón de Liga, y segundo del período de cuatro años de Del Bosque como entrenador, conseguido junto a otros seis más: otro de Liga, dos de competiciones europeas, dos supercopas y una intercontinental. Así que, a la vista de este panorama, el llamado señor Pérez, decidió hacerle un favor al extenuado técnico y recetarle que se fuera a paseo, que andar es muy saludable a cierta edad.
De paso, y ya puesto a la faena, se animó a decirle lo mismo a Fernando Hierro, el porta estandartes del Real Madrid, tan simbólico para el Club como su escudo, y que veinticuatro horas antes había echado abajo, literalmente, el Estadio Bernabeu, con los aplausos de los espectadores, al retirarse del juego anticipadamente. Parecía que Del Bosque, premonitariamente, quería brindarle la ocasión de recibir “en vida” el que fue el último homenaje de los “hinchas” a un jugador que ya es una leyenda. Como, casualmente, también en los momentos posteriores al partido, se pudo notar que había algo extraño en el ambiente: esos abrazos de los jugadores a su técnico y la interrupción abrupta de la vuelta de honor, que presagiaban lo que después sucedió en los vestuarios, incluidos gritos y ademanes y otras lindezas. Y es que, aun cuando sea un tópico, el que siembra vientos de orgullo, recoge tempestades de resentimiento.
Hay que admitir que lo de Hierro tiene una lectura más justificada que lo del entrenador, porque su edad le limitaba visiblemente y, más aún, porque había sido uno de los mejores defensas del mundo, como reconoció el propio Presidente, y por eso, sus fallos actuales eran más notorios, lo cual no será obstáculo para que reciba, a no tardar mucho, numerosas ofertas de equipos españoles y europeos. Ya lo verán.
Nadie discute el derecho del señor Pérez a tomar decisiones que afecten a los componentes del Club. Si el Club contrata, por ende, el Club no renueva o, incluso, “descontrata”, pagando el costo de la recisión. Pero las veteranías de Hierro y de Vicente del Bosque, unidas a la caballerosidad y a la prudencia de ambos, merecían un trato más atento, una mayor consideración y más respeto a su dignidad personal y profesional, al momento de decirle adiós, y máxime cuando acababan de contribuir a la obtención de un muy difícil título.
Ante todo esto, hay que preguntarse: ¿Por qué el Real Madrid ha perdido su señorío? ¿Cuál es el tan cacareado nuevo rumbo del Club? ¿No era ya el mejor equipo del mundo?
Ahora sabemos que el exánime Del Bosque, callado, eficaz, discreto, caballeroso, honesto y seguro, pero tímido, desaliñado, barrigudo y medio cojo, no podría encajar con la imagen refulgente del equipo del futuro concebido por el señor Pérez. Si el técnico, como se ha visto, tiene que ser una persona rutilante, comunicativa, desenvuelta y que, fácilmente, pueda ser convertido en estrella - una especie de clon de su mentor y patrocinador, Valdano - está claro que el nuevo Real Madrid, que ya es un equipo de estrellas, está destinado a ser el “Equipo Sol”. Lo que nos lleva a un nuevo interrogante: ¿Estamos hablando de un astro en el mundo del fútbol o en el firmamento de los negocios?
¡Ah, amigo, el negocio! Ése parece ser el secreto propósito - ya no tan secreto - del citado señor Pérez: Hay que conseguir de una vez el fútbol-negocio, en el que ya se está en España a medio camino, a través de un Club que genere millonarios ingresos extra-deportivos, sin perjuicio de que, además, juegue, y al juego se le llame arte, que el vocabulario es muy rico y estos chicos del Madrid saben ser unos artistas y unos jabatos...si están motivados... como demostraron en los vestuarios del Bernabeu tras ganar la Liga.
En esta organización del fútbol en España, con unos clubes que son sociedades anónimas donde, por cierto, los socios saben poco y pintan menos, las ganancias por actividades ajenas al deporte están alcanzando cifras mareantes. En eso el Manchester es un líder, y el Real Madrid está siguiendo su ejemplo. Analicen el fichaje de Beckham. El Madrid pagará al Manchester unos probables cuarenta y pico millones de euros por traspaso y otros 28 millones por salarios totales al jugador durante las cuatro temporadas por las que ha fichado. En el contrato, nos dijeron -¿será verdad?- que se acordó que e
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