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ENUDA semana la de José Luis Rodríguez Zapatero. A nadie puede extrañarle que tan sólo tenga ganas ahora de escapar a Almería unos días a tomar el sol mediterráneo junto a su esposa Sonsoles para olvidarse de todo lo demás.
Primero, el revolcón en el Debate del Estado de la Nación que le ha propinado José María Aznar por no llevar los deberes bien hechos. Y es que a nadie se le ocurre subirse a la tribuna del Congreso de los Diputados, con las manos en los bolsillos y parapetado en recortes de prensa, a acusar al PP –nada menos— de “golpe de Estado” por lo de la Asamblea de Madrid.
Bueno sí, esa mala idea se le puede ocurrir a un suicida político, pero jamás al líder de la oposición en España. Así que el lunes pasado, en la Carrera de San Jerónimo, ocurrió lo previsible: El presidente del Gobierno --que se las sabe todas como parlamentario-- se permitió dudar en la cara de Zapatero que llegue como candidato del PSOE a las elecciones de 2004. Jugada, además, hábil de Aznar que --sabedor de la flojedad del secretario general socialista-- con su menosprecio le ancló al sillón de candidato del PSOE para 2004, eso por si en su partido algunos pretendían cambiar de caballo en los próximos meses.
Pero lo que no sabía aún el líder socialista es que aún convaleciente de la bofetada del dichoso debate, iba a tener que poner la otra mejilla. Porque el gol por la escuadra que le han metido sus asesores legales no tiene nombre. El varapalo sufrido por Zapatero tras conocer la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de rechazar la querella presentada por el PSOE contra los diputados “díscolos” de Madrid, dos constructores y el secretario general del PP madrileño, Ricardo Romero de Tejada, es mayúsculo, si bien cualquier observador –incluso sin entender demasiado de asuntos legales-- lo podía prever, lo que aún empeora el duelo.
Así las cosas, a José Luis Rodríguez Zapatero lo único, ya, que le faltaba era denunciar --a gritos-- la conspiración en España política-económica-judicial-mediática, o sea, todos contra el PSOE. Un hazmerreír. ¡Qué lástima!
¡Ojo! Me parece que Zapatero a los únicos que trata de convencer con toda su parafernalia victimista es a sus compañeros de partido. Vamos, ni siquiera es que esté siguiendo una táctica al ataque, sino que juega a la defensiva. En realidad, Zapatero da sensación de fiera herida a la que no le importa llevarse a quien sea por delante en su desesperación. Aunque igual no es al PP al que ataca en su ceguera decadente, sino al mismísimo PSOE.
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