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A avisé en su momento de que la nulidad del matrimonio verbenero de Rocíiiiiiiito y el guardia civil Antonio David estaba chupada. Yo, que ni entiendo de Derecho Canónico ni de mandangas sobre lo que ahora vale y ahora no vale, lo anuncié en esta misma web: si a la Jurado se le ponía en la peineta que el matrimonio católico de su hija quedara en agua de borrajas, lo iba a conseguir. Y como el talonario funciona aquí y en Pernambuco, lo consiguió.
No son los únicos:
En 1994, la Jurado se desdijo de su sí quiero con Pedro Carrasco para llevarse otra vez ante el altar a Ortega Cano. Tanto golpe de pecho, tanto crucifijo y tan devota de la Virgen de Regla para luego pasarse los mandamientos y las promesas sagradas por el forro de la bata de cola.
La Pantoja no paró hasta que Paquirri consiguió su nulidad con Carmina Ordóñez, en 1983, para que la folclórica pudiera casarse por la Iglesia con el torero. Ahora la torera es ella, que le ha dado una larga cambiada a ese novio tan alto que tenía y se ha llevado al huerto, y a punta de capote, al alcalde de Marbella, ese señor que parece primo hermano de Vito Corleone y que, como la Pantoja se empeñe, será el siguiente en pedir la nulidad.
Isabel Preysler y Julito Iglesias dejaron de estar casados en 1980 para que ella volviera a casarse con Carlos Falcó, por la Iglesia, por supuesto, y para que el hombre volviera a deshacer lo que por segunda vez había unido el Dios al que se encomendaron.
Nuestra Mar Flores, esa que dice alto y claro que lo que está intentando es “separar su vida sentimental de su vida privada” (sic) también ha conseguido la nulidad para poderse casar con un tal Javier Merino. Pero a ella, la verdad, le pueden dar la nulidad tantas veces como lo pida, porque ella es nula en sí misma.
En ello está también El Cordobés, que quiere ahora que su matrimonio con Vicky Martín Berrocal no haya existido para volver a jurar ante Dios que querrá eternamente a la siguiente. Camilo José Cela también lo consiguió, y se llevó de nuevo al altar a Marina Castaño tras años y años y años de matrimonio con Rosario Conde que, cosas de la vida y del dinero, resultó nulo. Cuarenta años aguantando las borderías del Nobel, colocándole el orinal debajo de la cama, pasándole sus escritos a máquina y trabajando en pro de la carrera de su marido, para que luego vengan las altas instancias eclesiásticas a decidir que aquí no ha pasado nada.
La nietísima de Franco, Carmen Martínez-Bordiú logró, cómo no, que la Iglesia declarara nula su religiosa boda con Alfonso de Borbón; una manchita de nada en la familia de más elevada moral durante cuarenta años.
Al que le deben tener manía es a Curro Romero, que lleva años pidiendo su nulidad con Concha Márquez Piquer y siempre sale a almohadillazos del tribunal de la Rota. Son los misterios de la Iglesia: a unos sí, a otros no. Cuanto más sonada y más elevada haya sido la venta de la exclusiva de la boda a las revistas del corazón, más fácil que la Rota dé la nulidad.
Dios está harto de cachondeos. A Dios se le están inflando las narices de tanto famoseo y de tanto niño sin padres legítimamente casados. Niños nacidos con las bendiciones católicas que descubren al cabo de los años que sus padres son nulos. Pero, sobre todo, Dios está harto de no pillar una comisión de tanta exclusiva rosa que se consigue en su nombre. Una boda católica en el “¡Hola!”, dependiendo del caché de los novios, se cotiza entre veinte y treinta millones de las antiguas pesetas. Dar la exclusiva de una nulidad, anda entre los diez y quince. Y la venta de la nueva boda por la Iglesia, otros veinte o treinta. Por eso Dios está harto, porque no le hace ni pizca de gracia que quienes comercian con sus convicciones religiosas pasen por el altar como quien va a Disneyworld.
A mí, que no creo en Dios, me da igual las veces que se junten y se separen por ritos más o menos convencionales, pero quienes dicen creer en él y en todo lo que le rodea no saben lo que se están jugando con tanta nulidad comprada. El infierno está ahí, a la vuelta de la esquina, y allí acabarán, ardiendo en las llamas eternas, Rocíiiiiiiito, Julio Iglesias, Isabel Pantoja, Rocío Jurado, la nieta de Franco, Cela, Carmina Ordóñez, Cela, Isabel Preysler, El Cordobés, Curro Romero y Mar Flores.
Si yo fuera Dios estaría ya preparando una revista del corazón de distribución celestial para que todos los habitantes del cielo disfrutaran en un futuro con las miserias de tanto famoso y tanta autoridad eclesial que se han ganado el averno por pedir y conceder nulidades a destajo.
Pero eso será dentro de unos años, cuando casquen uno a uno con todos los millones de sus exclusivas. Mientras, que les quiten lo bailao.
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