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Época II - Año XIV
Edición Nº 4189
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  Firmas Invitadas - Edición Nº 92
Semana del 05/12/2003
Adiós ensaladera, adiós
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Ramón Sánchez
T AMPOCO esta vez pudo ser. Al igual que sucediera en 1965 y 1967, el equipo español de Copa Davis no logró superar el doble obstáculo que representaban la superficie de hierba y el rival. La ensaladera de plata que un tal Dwight Davis instituyó hace 104 años y que se ha convertido en uno de los símbolos, y sueños, no sólo del tenis, sino del deporte mundial, volvió a quedarse en Australia.
Fue, hay que reconocerlo, una derrota (3-1) honrosa, pero derrota al fin y al cabo. Aussies y españoles, unos por el triunfo y otros por el decoroso papel desempeñado, estaban conformes al término de la confrontación. En el caso hispano, me vino a la mente aquella frase que solía repetir Manolo Santana y cuya autoría, parece, corresponde a Alfredo Di Stéfano: “Jugaron como nunca y perdieron como siempre”.
Porque el caso es que, a poco que hubiera acompañado la fortuna, las cosas podrían haber sido muy distintas. Echando la vista atrás se comprueba que no faltaron los errores de cálculo, que no fueron pocos. En primer lugar, y esto era competencia de los capitanes-seleccionadores, la equivocación (¿o no?) a la hora de elegir a los componentes del equipo. Teniendo en cuenta que Ferrero y Moyà, tercera y séptima raquetas mundiales respectivamente, eran indiscutibles, la disyuntiva era designar a los componentes del dobles.
En ese encuentro por parejas, ¿por qué se sacrificó a Albert Costa en beneficio de Álex Corretja? Ni uno ni otro habían funcionado en eliminatorias anteriores, pero volvió a ponerse de manifiesto que el poder del barcelonés en los estamentos federativos es demasiado grande como para prescindir de él. Otro factor negativo en contra de Corretja es que llegó a Melbourne con una contractura en el cuello que se agravó durante un entrenamiento, por lo que, de no ser por esa influencia que posee el jugador, no se entiende muy bien la razón por la cual los técnicos (Jordi Arrese, Josep Perlas y Juan Bautista Avendaño) lo llevaron a tierras australianas. Teniendo en cuenta que la victoria en este tercer encuentro parecía misión imposible, y si se quería inyectar savia nueva en el equipo, lo ideal habría sido colocar junto a Feliciano López a Tommy Robredo, ya que, aunque sus relaciones actuales no son precisamente cordiales, ambos integraron una notable pareja durante su época júnior. Faltó valor.
Al margen de ello, y a guisa de anécdota, relatar que, a pesar de la gran amistad que les une, Corretja se negó tajantemente a comunicar a Costa su salida del equipo (“Se lo decís vosotros, que yo no quiero saber nada”, espetó a los capitanes) y que, aunque se dijo lo contrario, Albert no aceptó de buen grado, ni mucho menos, tal salida. Me contaron que sus gritos (“¡No quiero volver a saber nada del equipo!”) se pudieron oír en todo el recinto barcelonés en el que entrenaba.
En segundo lugar, está la actuación de Juan Carlos Ferrero, batido en cinco sets en sus dos individuales, que llegó a Melbourne con el tiempo justo, agotado mentalmente tras una larga temporada y tras haber perdido sus tres partidos en el Masters de Houston. Realmente, el valenciano ha decepcionado y no sólo por las derrotas, sino por la forma en que estas se produjeron.
Hace tres años, en el Palau Sant Jordi barcelonés, Ferrero logró el punto decisivo frente a Hewitt, pero en aquel entonces tenía poco que perder, mientras que ahora tuvo que pechar con el peso de la púrpura que se deriva de su condición de estrella. En el primer partido, ante el mismo Hewitt, desperdició una ventaja de dos sets a uno y, tras caer en el tie-break sin lograr un punto, se vino abajo estrepitosamente. El último día ocurrió justamente lo opuesto. Equilibró ante Philippoussis una desventaja de dos parciales, anotándose el tercero y el cuarto contundentemente, para luego, cuando todo hacía prever que estaba lanzado hacia el triunfo, encajar un sonrojante 6-0 en el último y decisivo.
La Copa Davis es una competición muy especial en la que el jugador no actúa a título propio, sino que lo hace en el seno de un equipo nacional, con la presión que ello conlleva. De ahí que a lo largo de la historia haya habido figuras mundiales que no podían con la responsabilidad de la Davis y, por el contrario, jugadores discretitos que daban lo mejor de sí mismos en ella. Los respectivos casos más representativos de nuestro país los tuvimos en Manolo Orantes y Juan Gisbert.
La duda que ahora se plantea es saber si Ferrero es o no un jugador de Copa Davis, si su verdadera personalidad en un torneo en el que la garra y la mentalidad resultan primordiales, es la que demostró con el éxito del año 2000 o la de hace unos días. Una incógnita que sólo el futuro aclarará.
Finalmente, dejar constancia del ridículo papel desempeñado por el secretario de Estado para el Deporte tras el incidente provocado por la interpretación del himno de Riego en lugar de la Marcha Real, actual himno español. Juan Antonio Gómez Angulo se empeñó en ver una inexistente ofensa cuando, como bien reconoció luego su jefe, Mariano Rajoy, no fue sino un simple error. ¿Protagonismo o una manera de justificar su enésimo viaje?
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