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ULULA por el foro de Vistazo algún lector iracundo que, con toda la razón, se queja de que nunca se habla de los hombres víctimas de la violencia doméstica. Dice el lector iracundo, con toda la razón, que cuando algunas mujeres reciben una paliza es porque previamente han maltratado psicológicamente al marido. El pobre se lamenta, y tiene toda la razón, de que hay miles de casos de hombres maltratados por sus mujeres gracias a la utilización de crueles habilidades psicológicas.
Como el iracundo lector no ofrece datos contrastados y habla de miles como si hablara de millones o decenas, yo voy a echarle una mano para apoyar su tesis, más que razonable, de que cuando a una mujer le soplan una hostia es porque algo habrá hecho. Voy a ver si me busco que me den una.
Buscando documentación para avalar la más que razonable postura del iracundo lector, he topado con cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) relativas al año 2001, que reflejan que el 8,2% de los juicios por violencia doméstica fue contra mujeres. El porcentaje que falta para completar el pastel, un 91,8 %, se refiere a los hombres, dado que no están contempladas las agresiones de gatos y canarios.
Lo malo es que, el martes, mientras buscaba, me distraje con la noticia de que un hombre había matado a su esposa con una katana en Barcelona. “Vaya por Dios -pensé-, algo habría hecho. Quizás le llamó idiota”.
El miércoles continué buscando datos que cargaran aún más de razón al iracundo lector, y topé con las cifras locales de una ciudad cualquiera de España: del total de víctimas de malos tratos atendidas en 2002 en la oficina destinada al efecto, un 95% era mujer y un 5%, hombre. Pero volví a distraerme, porque alguna mujer de actividad psicológica cruel había muerto de unas cuantas puñaladas y luego había sido abierta en canal. “Es que no se puede con ellas”, me dije.
Seguí mi búsqueda, convencida de que el iracundo lector tiene más razón que un iracundo santo, y buceé en los archivos de una importante agencia de noticias para reflejar cifras actuales de hombres-víctimas. ¡Albricias! En marzo, una mujer asestó una puñalada trapera en el muslo de su marido. Afortunadamente, el hombre y su muslo están bien, y la mujer, detenida. Como soy muy dispersa, volví a distraerme leyendo que ya llevamos casi sesenta mujeres asesinadas en lo que va de año, pero pensé que son exageraciones policiales. Busqué más víctimas, y las encontré: dos hombres muertos por la Lola... ¡Ah, no! por la ola... la ola de calor.
El jueves continué con mis pesquisas para demostrar que el iracundo lector es un hombre cargado de razón, porque hay muchos hombres maltratados de quienes no se habla. Encontré explicaciones de expertos psiquiatras y eficientes autoridades que aseguraban que es “prácticamente impensable que el 92% de los hombres que han sufrido malos tratos se atreva a denunciar, porque lo ven como algo que puede afectar a su hombría”. Mecachis... me distraje de nuevo. Han matado a otra en Cataluña. Las catalanas deben de ser muy contestonas.
El viernes comencé el día dispuesta a continuar mi búsqueda relativa a hombres maltratados o asesinados, porque haberlos, haylos. Pero fue infructuosa, porque los hombres no denuncian, no vayan a pensar jueces y policías que son unos mariquitas. Tampoco acuden a casas de acogida, porque al no haber suficiente demanda, no se han creado. Sí encontré, sin embargo, algún dato referente a hombres maltratados que han pedido la separación y que, tras conseguirla, aseguran no haber sido perseguidos puñal en mano por su pareja. De nuevo me dispersé con otra noticia que se me coló durante mi buceo documental: el tipo que abrió en canal a su mujer acababa de salir de la cárcel por haber matado a su anterior esposa a hachazos en 1988. “Este hombre -pensé- se busca siempre mujeres propensas a morir”.
Como esta distracción fue la definitiva, decidí que ya no buscaba más datos para apoyar al lector iracundo, porque un muerto es un muerto, una víctima es igual a otra víctima y un mamporro en el corazón duele tanto como en el ojo seas hombre o mujer. Además, no me apetecía seguir encontrándome muertas a cada paso que daba y hombres de reconocida hombría sin pantalones para denunciar.
Como no creo que estemos compitiendo por ver quién maltrata más y mejor, supongo que deberíamos limitarnos a lamentar, condenar y luchar para que nadie muera a manos de nadie. Aunque a uno le llamen idiota, ¿verdad, señor iracundo?
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