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  Firmas Invitadas - Edición Nº 98
Semana del 16/01/2004
Asesinado por error


Matías J. Ros
E N Lorca, Murcia, el 10 de septiembre de 1984, Jesús Segovia, agricultor de 57 años, fue detenido después de haber dado muerte mediante un disparo de escopeta del calibre 12, a un jubilado. Lo confundió con el hombre al que quería matar. La equivocación le costó la vida a Antonio Martínez, de 64 años. El disparo, que fue realizado por la espalda y alcanzó a Antonio, cuando, a las ocho de la tarde paseaba con dos amigos por el Camino Viejo del Puerto.
Jesús estaba convencido de que había disparado contra una persona conocida en Lorca como “Antonio el de la Pichi”. Según él, este hombre era el que le insultaba y le hacía continuamente burla. Cuando fue detenido por la policía, estaba convencido de que había matado a “Antonio el de la Pichi”, persona que no guardaba ningún parecido con la víctima.
Jesús, el homicida, era una persona totalmente desdichada. Estaba atormentado por numerosos problemas y el peor era la relación con su esposa, de la que se había separado a primeros de año. Fue entonces cuando empezó a beber de manera excesiva y empezó a creer que su esposa le era infiel, incluso en su propia casa, con algunos hombres, entre los que se encontraba el apodado “Antonio el de la Pichi”, que era vecino suyo.
Imaginariamente le había oído decir que “en su casa había estado muchas veces”. Todo era fantasía, pues “Antonio el de la Pichi” jamás había estado en su casa ni se había relacionado jamás con su mujer. Hacía años que se había cambiado de domicilio, aunque en ocasiones veía a Jesús cuando iba a cuidar sus tierras.
Jesús sufría continuos ataques de celos. El rencor había hecho de él una persona muy sensible a cualquier comentario. Era muy suspicaz y receloso, hasta el extremo de ver enemigos por todas partes. En sus delirios hasta los confundía.
La tarde del 10 de septiembre, Antonio se había reunido con dos amigos, Diego Manzanares y Felipe Blázquez y se fue con ellos a dar un paseo. Antonio a sus 64 años se encontraba en buena forma física. Era muy deportista. Jamás había padecido una enfermedad, a excepción de unas cataratas de las que fue operado. Según el relato que el homicida realizó a la policía, observó a los tres amigos que paseaban por el camino Viejo del Puerto y al cruzarse con ellos oyó una frase que le irritó. Jesús, siempre relacionaba todo con “Antonio el de la Pichi”, al que acusaba de provocarle con sus alusiones. Cuando les vio, creyó reconocer a su enemigo, que no era sino el infortunado Antonio Martínez. Las palabras que en su imaginación escuchó sirvieron para que fuera a su domicilio en busca de la escopeta que desmontó, metió en una bolsa de tela y colocó en el portaequipajes de su motocicleta. Fue al encuentro del grupo de amigos, que seguía paseando. Se apostó tras unos matorrales. A una distancia de cinco metros, disparó. Alcanzó a Antonio en la espalda, sin que los perdigones alcanzasen a Diego ni a Felipe, que caminaban junto a la víctima. El jubilado dio unos pasos cortos y cayó sobre la gravilla del camino.
Felipe echó a correr y Diego se quedó quieto junto al cuerpo de su amigo, que tenía la espalda destrozada por la perdigonada. Miró al agresor y le preguntó qué hacía. Jesús volvió a cargar el arma y se dispuso a disparar sobre Diego, que en su delirio era el que acompañaba a “Antonio el de la Pichi”. Un coche que pasaba en ese momento salvó la vida a Diego. Paró a ver lo que pasaba y el homicida huyó, dejando la escopeta en el suelo.
El infortunado Antonio fue trasladado a la residencia sanitaria Santa Rosa de Lima en donde falleció. La noticia de su muerte se divulgó rápidamente entre la población y más de un centenar de personas se reunieron en la entrada de la residencia sanitaria a la espera de noticias.
La Policía, había sido alertada. Había identificado al agresor y cercó su casa. Fue conminado a entregarse, pero no estaba en el domicilio. Se había ido a casa de un hijo y juntos marcharon a Águilas, en donde se entregó a un inspector de policía conocido suyo que lo trasladó a Lorca.
Aseguraba repetidamente que había matado a “Antonio el de la Pichi”. Al mostrarle una fotografía de la víctima, dijo no conocerla y aseguró no haberla matado. Estaba seguro que había disparado sobre “Antonio el de la Pichi”. Al tratar los policías de hacerle ver su equivocación, Jesús no parecía muy convencido. Repetía una y otra vez que había disparado contra “Antonio el de la Pichi” y no contra la persona de la fotografía.
Cuando pareció comprender contra quien había disparado, a duras penas reconoció su error. Aseguró que cuando saliera de la cárcel tendría tiempo de matar a “Antonio el de la Pichi”.
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