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L comedor de Antena 3 es uno de los lugares más ruidosos y desagradables que he conocido en el entorno de los comedores empresariales. El comedor de Antena 3 es más bien un comedero de periodistas. Los camareros deben ser familiares de todos los agredidos en los programas del corazón por cómo tratan al personal. Recuerdo especialmente un engrudo blanco que se presentaba como supuesta crema de champiñones en una presunta carta fotocopiada arrojada sobre las mesas. Tampoco puedo olvidar aquellos spaguettis apretujados en el plato y rebozados con el maquillaje sobrante de la última gala organizada por la mujer de Hermida. Los largos fideos italianos figuraban en la carta por aquel entonces con el nombre de “spaguetti cabronada”. Era una errata, pero era la errata más cierta que he leído en mi vida.
Por suerte o por desgracia, durante el tiempo que tuve el dudoso privilegio de trabajar y comer en esa casa nunca asistí a ningún escarceo de presunta dignidad laboral como el que se ha producido esta semana, cuando Maurizio Carlotti pretendía probar las delicatessen que prepara el concesionario gastronómico de turno.
El consejero delegado de Antena 3 es el ejecutor de la salida de Ernesto Sáenz de Buruaga con los bolsillos repletos de euros. Pero también lo es de la partida forzosa de otros 390 trabajadores, la mayoría con los bolsillos bastante menos repletos. Comenzaron a sonar platos y cubiertos sobre las mesas. Hubo algún grito que otro exigiendo que no comiera allí y la situación se puso un tanto violenta, teniendo en cuenta que en el referido comedero pueden caber, calculando a la baja y en horario de máxima audiencia, unas quinientas criaturas.
El italiano aguantó el chaparrón como pudo y se terminó el postre. Hay algunos que quieren pervertir las fuentes de información, afirmando que no aguantó más del primer plato, pero puedo asegurar, después de contrastarlo con más de tres fuentes que allí deglutían, que se fue con el postre en el buche, aunque eso sí, sin café (un Almax menos para su cuerpo). También puedo confirmar que Carlotti ha debido recibir algún toque de más arriba porque ha emitido un comunicado disculpándose con el comité de empresa por el atrevimiento de compartir los engrudos con los que van a ser despedidos.
Me atrevo, en este punto, a sospechar que es muy mal momento para despidos con tanta elección encima y menos para provocar situaciones de chulería empresarial.
No obstante, he de reconocer que me ha sorprendido mucho esta protesta en el comedero ya que no suelen ser los trabajadores fijos de los grandes medios de comunicación los que protesten por los despidos de trabajadores del sector de la comunicación. Evidentemente, protestaban porque el expediente de regulación de empleo todavía no ha puesto nombres y apellidos. Una vez que eso se produzca, veremos cuantos macarrones se zampa Carlotti entre saludo y saludo de los que pasen cerca de su mesa en el comedero. Seguro que tiene la suerte de que se le queden fríos y tiene que pedir un bocadillo de jamón.
Digo esto, porque no ha sido costumbre de los trabajadores de los medios de comunicación protegernos entre nosotros cuando se han producido hechos como el que ahora le toca a Antena 3. Recuerdo los casos de El Sol, Diario 16, Huelva Información, Claro, Ya, infinidad de periódicos digitales, periódicos locales, etc, etc. Pero también conozco cómo esos mismos trabajadores que ahora protestan porque les huele el culo a pólvora nunca se han preocupado de las condiciones en las que trabajan sus compañeros de comedero contratados por las productoras (este sería un capítulo todavía más extenso y denunciable, el de las productores, los que las montan, sus relaciones con las cadenas y las condiciones laborales de los trabajadores que contratan).
Bien, dicho todo esto, sólo quiero contarles que el viernes, Ana Rosa Quintana perdía los esfínteres por retransmitir en directo la llegada a Los Jerónimos de la hija de Florentino Pérez. Tan importante era la boda de la hija del influyente presidente del Real Madrid que la plagiadora, a la hora de dar paso a los servicios informativos, pidió a Matías Prats que fuera breve dando la actualidad informativa para que la audiencia no se perdiera la entrada de la novia, quien, por cierto, caminó desde el coche hasta la puerta de la Iglesia portando un ramo como quien agarra una garrota. Matías Prats, obediente, como él sólo, despachó en unos segundos a los nueve españoles muertos en un accidente de aviación, a los cuatro de cada cien fallecidos en accidente de tráfico que presentan alcohol o drogas en sangre y al levantamiento del embargo a Libia por parte de la ONU. Donde esté la boda de Cuchi y Chus, que así de pijos se llaman los novios, que se quiten unos muertos de nada.
Por cierto, el día de las cucharas alzadas contra Carlotti en el comedero de Antena 3 nadie echó de menos a Matías Prats y a Ana Rosa Quintana.
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