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  Firmas Invitadas - Edición Nº 246
Semana del 19/11/2006
La cara y la cruz del Valle de los Caídos


Alfredo Amestoy
(Reconvertir la Basílica del Valle de los Caídos en un Museo de la Dictadura es una de las reivindicaciones más repetidas por la vicepresidenta que hace suyo el plan de Restitución de la Memoria Histórica).

“ESTAN CLAVADAS DOS CRUCES EN EL VALLE DEL OLVIDO”…
LA HISTORIA SECRETA DE “LA OTRA CRUZ” DE LA BASÍLICA.

EL Valle de los Caídos continuará como “lugar de culto de la Iglesia Católica”, pero… ya no será escenario de concentraciones franquistas o falangistas. Así es como resolverá la “Ley de extensión de los derechos a los afectados de la Guerra Civil y la Dictadura”, el delicado asunto del destino del famoso mausoleo de la sierra de Guadarrama.

La moneda ha caído de canto; no ha salido “cara” ni “cruz”. Ni el comunista Pedreño, presidente del Foro por la Memoria, que pretendía retirar los restos de Franco y de José Antonio (y convertir la Basílica en un Museo de la Represión), ni Emilio Silva, presidente de la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica, que proponía que se montara una exposición en la que se enseñase que “por allí pasaron 14.000 presos políticos que trabajaron en las obras como esclavos”, han quedado satisfechos. Tampoco, por el lado contrario, Luis Suárez Fernández, el historiador y académico, presidente de la Hermandad del Valle, que defiende que, “desde su creación hasta ahora, el Valle es un Monumento a los combatientes de ambos bandos”. Ni Jaime Suárez, falangista, quien añade que “lo que ocurre es que esa reconciliación más allá de la muerte, que pretendió Franco, una parte no la ha querido”.

En el medio, en el canto de la moneda, ni en la “cara” ni en la “cruz”, se encontraría Antonio Morcillo, presidente del Grupo de Estudios del Frente de Madrid, que ha declarado a Virginia Ródenas que “aunque no nos guste,
ese monumento que costó tanta sangre se debe conservar en toda su pureza como parte de la historia”.

LA LEY DEL SILENCIO


ANTES de la promulgar la Ley de la Memoria Histórica, quizás convenga derogar la “Ley del Silencio” que, en perjuicio de todos, vencedores y vencidos, ha regido en torno a lo que ocurría en el Valle de los Caídos.

Así se explica que, como nunca se dieron a conocer datos sobre la construcción de la obra, el informe elaborado en 2.006 por el socialista maltés Leo Brincat para el Consejo de la Unión Europea “con objeto de que se condene internacionalmente a la dictadura franquista”, insista en cifras que, después de muchas investigaciones, han sido rectificadas. Por ejemplo, el número de presos políticos que trabajaron en las obras.

Según la prensa de la época, a finales de l943, trabajaban en el valle seiscientos obreros. Y, en el libro que escribió el arquitecto director, don Diego Méndez, se señala que “durante los quince años que duraron los trabajos intervinieron dos mil hombres (y ni todos a la vez, ni todos penados)”. O sea que es un error de bulto la cifra dada por TVE hace poco, en “Memoria de España”, al decir que en las obras intervinieron veinte mil presos políticos.

Los documentos rectifican estos datos del director y elevan la cifra de obreros a 2.643, de los cuales el número de penados no eran ni un diez por ciento, 243.

De estos 243 presos políticos que se habían acogido libremente a la “redención de penas por el trabajo” – “seis días de redención por cada uno trabajado”; más de lo que, luego, estableció el Código Penal que fue de “tres días por cada dos trabajados” – y gracias a los indultos y concesiones de “libertad provisional”, en l950, nueve años antes de que terminaran las obras, asegura la Fundación Francisco Franco que ya no quedaba en el Valle ni un solo preso político; y, curiosamente, sí presos comunes que quisieron beneficiarse de condiciones tan favorables para poder redimir penas por trabajo.

Estas informaciones sobre el Valle no se hacían públicas y, en cuarenta años de periodista, yo sólo recuerdo una ocasión en la se habló de este tema en Televisión Española. Por supuesto, con Franco desaparecido, en l979, Francisco Rabal me comentó en pantalla que, en los años cuarenta, el único trabajo que encontró su padre, que era tunelero, fue el de horadar el Risco de la Nava, en cuyo interior se construiría la Basílica. Los Rabal, de ideas comunistas, estaban contratados y ocupaban viviendas que se habían construido para los trabajadores. El actor reveló también en televisión que “en la obra reinaba una gran solidaridad y los familiares de muchos de los presos que allí trabajaban dormían en nuestra casa y les dejábamos nuestras camas”.

¿CUÁNTOS MUERTOS? ¿CUÁNTOS MILLONES?

CON su padre también, a quien condenado a muerte se le conmutó la pena y luego se acogió a la redención de pena por trabajo, estuvo en el Valle, Gregorio Peces Barba. A los cuatro meses de permanecer allí toda la familia, el padre del político recibió la libertad condicional y explicó que “no puedo decir que he estado arrancando piedras en el Valle, sería estúpido decir eso; no hubiera sido demasiado útil arrancando piedras… yo estaba trabajando en las oficinas”.

No en las oficinas sino en el dispensario estuvo otro preso que llegó de los primeros al Valle, en l940, para redimir pena por trabajo, el doctor Ángel Lausín. Redimida la pena, ya libre, decidió quedarse en el Valle hasta el final de las obras. Su testimonio como médico titular es que “en dieciocho años de obra faraónica hubo sólo catorce muertos”. Menos de los que hoy se registran en nuestras carreteras durante un fin de semana.

Se puede hablar de “obra faraónica” puesto que se trata de una de las obras más colosales no sólo del siglo sino de la historia. La Basílica es el mayor templo del mundo con una capacidad de más de veinticuatro mil personas en su nave de trescientos metros de longitud. Fuera, en la plaza, caben otras doscientas mil almas. La cruz no tiene parangón, si a sus ciento cincuenta metros, altura superior a la Torre de Madrid, añadimos su “base” que es el Risco de la Nava, de mil cuatrocientos metros de altitud. Pero el dato más increíble es que por el interior de los brazos de la cruz, un crucero de 46 metros, pueden circular simultáneamente dos automóviles.

En cuanto al costo de una obra de tales proporciones se han barajado cantidades astronómicas, reprochando al régimen de Franco un gasto impropio de un país empobrecido.

Las últimas cifras conocidas hablan de que, al cerrarse las cuentas, se habían invertido 1.033 millones de pesetas; al parecer hace tiempo amortizadas con los cuatrocientos mil visitantes anuales que contabiliza el Patrimonio Nacional en éste que es su tercer monumento más visitado, tras el Palacio Real y El Escorial.

Por otra parte, los mil millones de pesetas, que si bien entonces hubieran permitido construir tres estadios como el Santiago Bernabeu, hoy son “sólo” seis millones de euros, que es el precio que puede pagar por un jugador cualquier equipo de fútbol español de primera división.

EL “SALARIO DEL MIEDO” EN LOS TRABAJOS FORZADOS

FRENTE a las acusaciones de represión y “esclavitud”, que adjudican al franquismo en la obras del Valle los grupos de izquierda y que reclaman recuperar la Memoria Histórica, la derecha presenta documentos con el objeto de demostrar que los presos, además de descontar tiempo de pena
por trabajo, percibieron, al principio, un jornal mínimo de siete pesetas más la comida, que pronto se elevó a diez pesetas diarias, más pluses por trabajo a destajo o por peligrosidad, lo que unido a vivienda y escuela gratuitas les permitió llevar a sus familias a residir en el Valle.

Nos recuerdan que un sueldo de trescientos a cuatrocientas pesetas mensuales, en los años cuarenta, y primeros “cincuenta”, era lo que cobraba un profesor adjunto en la Universidad.

Y el médico del Valle, el ya mencionado Dr. Lausín, superaba las mil pesetas mensuales, como el maestro, don Gonzalo – ex condenado a muerte- mil también; o el practicante, el señor Orejas, que cobraba más de quinientas…

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