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ON IGNACIO PRENDES, candidato de Unión, Progreso y Democracia (el partido de Rosa Díez, para entendernos), a la presidencia del Principado de Asturias en las pasadas elecciones autonómicas, se erigió, tras el escrutinio de aquellos comicios, como el diputado-llave. Él tenía la oportunidad de dar a un bloque o al otro, el escaño necesario para poder formar gobierno y dirigir la política asturiana durante los próximos años. El señor Prendes, o su jefe de filas, Rosa Díez, o ambos, han decidido, después de un largo mes de espera, y mientras el Tribunal Constitucional desautorizaba al Tribunal Superior de Justicia de Asturias sobre los discutidos votos emigrantes, que daban un escaño al señor Cascos y no al PSOE, inclinar la balanza a favor de la coalición de izquierdas, lo que faculta al socialista, Javier Fernández, a ser el próximo presidente del Principado de Asturias, con la ayuda de Izquierda Unida.
El señor Prendes ha justificado, más que explicado, las razones de este apoyo a socialistas y comunistas. Y lejos de aclarar los motivos que le llevaron a tan contradictoria decisión, lo que ha hecho es recalcar que la responsabilidad no es suya y que si, por alguna razón, sus colegas no cumplen, en un año cada partido queda libre de tal compromiso.
Se puede ser cínico y decir que lo blanco es negro; se puede ser tonto y decir que la crisis es un invento de la derecha para desestabilizar; se puede ser mentiroso compulsivo y negar cien veces la realidad más evidente y palpable. Lo que no se puede ser es irresponsable. El señor Prendes está equivocado si cree que a los asturianos les convence eso de que, si no se cumplen los requisitos exigidos (estabilidad y responsabilidad económica), borrón y cuenta nueva, o sea, que nadie le busque para pedirle cuentas, porque, como ha dicho y repetido, él no tendrá que justificar nada.
Si el señor Prendes, o su jefa de filas, Rosa Díez, se creen que el incumplimiento del futuro gobierno socialista para con el pacto suscrito les va a dejar libres de responsabilidades, lo llevan claro. La mayor parte del voto del partido de Díez no viene del PSOE, ni de la izquierda, sino de la derecha que, en el caso de Asturias, ha asistido al bombardeo de los populares contra Álvarez-Cascos, por una razón personal, y también a cómo el partido de Rosa Díez, tan crítica en los platós, ha sido ahora condescendiente con los socialistas. Inexplicable; injustificable; absurdo. O mucho cambia la cosa o Rosa Díez pagará en las urnas el desprecio que ha tenido para con sus votantes en Asturias. Y el señor Prendes, que no quiere responsabilidades, debería dedicarse a otro pasatiempo que no sea la política porque, sus decisiones, recaen sobre miles de personas que empiezan a estar hartas de tanto irresponsable.
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